Abella
El linaje Abella (con sus variantes históricas, dialectales y notariales Abello, Abelló, Abellas, d'Abella, d'En Abella o latinizada de Apicula) constituye una de las más ilustres, preclaras e inmemoriales estirpes de probada condición de hijosdalgo de sangre, alta nobleza feudal de barones de vasallos, servicios de caballería militar en las empresas de la Reconquista mediterránea, prelacías de la Iglesia y gobierno de armas en el Principado de Cataluña, el Reino de Aragón, el Reino de Valencia, el Reino de Mallorca y el Principado de Asturias, cuyos orígenes se remontan por tradición legendaria y crónicas antiguas a Italia y a primitivas torres solariegas en el concejo asturiano de Valdés (Luarca y Brieves), consolidando un formidable poder territorial, eclesiástico e institucional en la Corona de Aragón a lo largo de la época feudal y durante la época de la Monarquía.
Filológicamente procede de la voz romance catalana y asturleonesa abella (del latín apicula, diminutivo de apis, «abeja»), adoptada en la heráldica y la onomástica medieval como símbolo de laboriosidad, organización, previsión, lealtad a la corona y defensa aguerrida de la colmena común.
A pesar de sus variantes romances y dialectales (Abella, Abellas, Abello y Abelló), las crónicas y tratadistas confirman que responden a un mismo tronco linajudo, oscilando la desinencia según la región lingüística (la forma catalana oriental y balear Abelló, la catalana y valenciana Abella, y las formas asturianas y galaicas Abello y Abella).
Quedó consignado en los cartularios condales (Santa María de Gerri, Sant Cugat y Santa María de Ripoll), Llibres del Repartiment y registros de la Real Cancillería desde los siglos XI y XII como linaje de barones, personas de condición generosa e hijosdalgo notorios de sangre (de Apicula / d'En Abella).
Las antiguas crónicas y nobiliarios (recogidos en la tradición cronística atribuida al marco de Valdés) sitúan la primitiva llegada del linaje procedente de Italia a las costas cantábricas, fundando dos primitivas torres fuertes en el concejo asturiano de Valdés.
El primer solar radicó en la villa marinera de Luarca, conservando la denominación patrimonial de Abella.
El segundo solar fuerte se levantó en el lugar de Trevías/Orano, conocido con posterioridad como la Torre de Brieves, de donde derivó la forma Abello.
De estos dos casales asturianos salieron caballeros de nombradía que se extendieron por León, Castilla y el norte peninsular, ilustrando el apellido por el esfuerzo de las armas y las letras.
En las campañas del rey don Jaime I el Conquistador, sobresalió como famosísimo soldado don Ramón Abella, quien combatió con extraordinario denuedo en el asedio y toma de la ciudad de Palma de Mallorca en 1229, recibiendo heredamientos en la isla.
Su hijo, don Bernardo Abella, natural de Girona, fue insigne caballero en las batallas contra las fuerzas andalusíes, distinguiéndose de manera particular en la toma de la ciudad de Valencia, así como en las rendiciones de las plazas marítimas y fortalezas de Dénia, Xàbia y Calp.
En tierras valencianas descolló con singular gloria militar don Pedro Abella. Hallándose en una ocasión en solitario en las inmediaciones de Valencia, fue emboscado por tres guerreros musulmanes; lejos de rendirse, se defendió con tal denuedo y serenidad que abatió a uno y puso en desbandada y fuga a los otros dos.
Mostró además excepcional pericia y arrojo militar en la difícil conducción de víveres y socorros a la fortaleza de Morella a través de los ásperos y escarpados riscos de los montes del Forcat.
Don Jaime Abella, hijo de don Pedro Abella, continuó la gloria militar de la estirpe, haciéndose sumamente notable por el valor y arrojo que demostró durante el prolongado y reñido sitio de la ciudad foral de Xàtiva.
Hacia el año 1300 y décadas posteriores, el linaje alcanzó su cénit de poder espiritual, diplomático y militar a través de tres hermanos de preclara memoria:
Don Berenguer de Abella (El Cardenal de Rodas): Insigne canonista y diplomático de la Santa Sede, fue creado cardenal en 1309 con el título de cardenal de Rodas.
Habiendo sido enviado a España con la dignidad de legado apostólico, se halló en la ciudad de Barcelona en el citado año presidiendo actos solemnes de Estado.
Fray Ferrer Abella (Obispo de Barcelona): Hermano del anterior, insigne prelado y obispo electo de Barcelona, ofició junto a su hermano el cardenal la histórica y solemne traslación del cuerpo incorrupto de Santa Eulalia a la cripta de la catedral de Barcelona el 10 de abril, ceremonia celebrada con la asistencia del rey Pedro IV de Aragón el Ceremonioso y de la principal alta nobleza y ricoshombres del reino.
Don Bernardo de Abella (General de las Armas): Hermano de los dos insignes prelados, abrazó la carrera militar al más alto nivel de la Corona, siendo nombrado general de las armas del rey don Pedro IV de Aragón, comandando las huestes de caballería real en las campañas de Cerdeña y en las guerras con la Corona de Castilla.
En tierras catalanas la casa ostentó la histórica baronía de Abella (con sede en el castillo y término de Abella de la Conca, en el Pallars Jussà), ejerciendo jurisdicción señorial, civil y criminal como barones de vasallos.
Miembros de la estirpe se avecindaron en la capital del Principado, ingresando formalmente en el encumbrado estamento de Ciudadanos Honrados de Barcelona.
Desempeñaron oficios de consejeros en el Consell de Cent, cargos en la administración patrimonial de la Generalitat de Catalunya y plazas de letrados en la Real Audiencia de Cataluña.
En los censos y fogatges generales de Cataluña de 1497 y 1553, constan registrados hogares bajo las grafías Abella y Abelló en las veguerías de Pallars, Girona, Tarragona y Barcelona como propietarios alodiales y personas de condición generosa e hijosdalgo.
Además de sus señoríos históricos en Morella, Xàtiva y la Marina, caballeros de este apellido establecieron casal solariego en la capital foral y en villas de la comarca de la Plana de Castellón (Castellón de la Plana, Nules y Vila-real) y el Camp de Morvedre.
Ocuparon oficios concejiles de jurados (jurats), receptores de rentas del Real Patrimonio y escribanos de cámara, concertando alianzas matrimoniales con ilustres familias de la hidalguía de l'Horta y el estamento militar foral.
Miembros de la estirpe tuvieron llamamiento, voz y voto inmemorial en el brazo militar en las Cortes del Principado de Cataluña, en el brazo de ricoshombres y caballeros en las Cortes de Aragón y en el estamento militar en las Cortes del Reino de Valencia.
Justificaron su nobleza de sangre y sentencias amparatorias de hidalguía ante la Real Audiencia de Cataluña, la Real Audiencia de Aragón, la Real Audiencia de Valencia y la Chancillería de Valladolid y de Granada.
Probaron legitimidad de cuna y nobleza limpia ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Barcelona, Zaragoza y Valencia para el ejercicio de empleos de familiares y comisarios.
Vistieron hábitos de órdenes de caballería de la Monarquía (Montesa, San Juan de Jerusalén, Santiago, Calatrava y Carlos III).
Armas

La casa solar de Cataluña, que estuvo en Barcelona, adoptó por armas las siguientes: En campo de oro, cuatro palos centelleantes de sable, con las llamas de gules.

Pedro Abella, traía: En campo de azur, tres bandas de oro ondeadas, cargadas de cotizas de sable, también ondeadas.

Su hijo Jaime Abella modifico las de su padre, poniendo: En campo de gules, tres fajas de plata, ondeadas.

Juan Abella traía por armas, según dice mosén Jaume Febrer: Escudo de gules, con tres abejas de oro.
Con estas armas quería significar el trabajo con que reunía los soldados que iban dispersos.

Los Abella del solar de Palma de Mallorca, que fundó el famoso soldado Ramón Abella traen: En campo de oro, tres palos de sable, ondeados.

Los Abella de Girona usan el siguiente escudo, que traía Bernardo de Abella, hijo del anterior: En campo de azur, tres palos de oro, ondeados.

Los de Barcelona, según F.X. de Garma y Durán: De oro cuatro palos vibrados de sable.

Otros, según Cadenas: En oro, tres abejas, de sable.

Los Abella de Cerdeña, según José Gramunt: De azur, un chevrón de oro acompañado de tres estrellas, de oro.

Otros de Cerdeña, según José Gramunt: De gules, tres fajas de plata.

Los Abella originarios de Villasumil (León), según Vicente de Cadenas: En plata, cinco calderas, de sable puestas en aspa y cargadas cada una de ellas de un bezante, de oro.

Otros, según Cadenas: En sinople, y junto flanco siniestro un árbol y junto al flanco diestro, una colmena de oro con abejas del mismo metal, volando alrededor del árbol y una podadera, también de oro, puesta sobre la colmena.

Otros, según Cadenas: En sinople, una colmena situada a la derecha del escudo, con varias abejas volando en torno de ella y un oso asaltando la colmena, y a la izquierda del escudo un hombre armado en acción de herir al oso, y detrás de él un castaño al natural.


