Aedo, Ahedo, Haedo
El apellido Aedo (registrado históricamente también bajo las grafías Haedo, Ahedo o la forma normativizada vasca Ahedo) es un linaje noble de origen toponímico vasco-castellano. Goza de una notable antigüedad, hidalguía de sangre y un arraigo histórico muy profundo en las zonas limítrofes entre Vizcaya, Cantabria y el norte de Burgos, desde donde se expandió tempranamente por toda la península ibérica y el continente americano.
El apellido tomó su nombre directamente del término castellano medieval "ahedo" (o hayedo), y significa "lugar poblado de hayas" o "bosque de hayas". El topónimo original y cuna del apellido se localiza en el densamente boscoso Valle de Carranza (comarca de Las Encartaciones, en la provincia de Vizcaya, País Vasco), en el límite con Cantabria, donde se erigió la primitiva casa torre solariega del linaje. Los caballeros que ostentaron el dominio de este solar adoptaron el nombre del terreno como apellido hereditario e inmutable a partir de los siglos XII y XIII.
Las crónicas nobiliarias (como las de Lope García de Salazar en sus Bienandanzas e Fortunas) sitúan una de las casas más antiguas y poderosas en Carranza (Vizcaya) y en el vecino valle de Ampuero (Cantabria). Desde este núcleo norteño, el linaje se ramificó activamente participando en las luchas de bandos medievales y en las campañas de la Reconquista.
Al tratarse de un apellido de hidalguía de sangre, decenas de miembros de las casas Aedo, Ahedo y Haedo litigaron y probaron su nobleza ante las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, así como para el ingreso en las órdenes militares (Santiago, Calatrava y Alcántara). Estos procesos les aseguraban el derecho a portar armas y la exención total de las cargas fiscales reales (pecheros).
El apellido adquirió una inmensa relevancia a partir del siglo XVI con el paso de oficiales, militares y colonizadores al continente americano, fundando ramas de gran influencia política y cultural en países como Chile, México y Argentina.
Armas

Las primitivas del linaje traen: En campo de oro, una encina de sinople, puesta sobre ondas de agua de azur y plata, y dos jabalíes de sable, afrontados y empinados al tronco.

Luego, los Aedo de lugar de Aedo sustituyeron los jabalíes, por dos lobos de sable pasantes al pie del tronco de la encina.

Otros: En campo de plata, una encina de sinople y un lebrel blanco, parado al pie de la encina y atado con cadena de azur, mirando a lo alto del tronco. Sumada la copa del árbol de una sierpe o dragón de azur, con la cola retorcida y las alas abiertas.

Otros: Partido: 1º, en campo de oro, un árbol arrancado de sinople y dos lobos de sable andantes al pie del tronco, y 2º, en campo de plata, un árbol arrancado de sinople y un lebrel parado al pie del tronco y atado a él con una cadena, y sobre la cabeza del lebrel una flor de lis. En la copa del árbol un dragón o sierpe.

Diego de Soto y Aguilar señala para la casa del valle de Carranza: En campo de oro, dos calderas de sable, barradas de plata.

Otros traen: En oro, una cruz llana, de gules, cargada de cinco panelas, de oro.

Otros: En campo de plata, un bastón, de gules.

Los radicados en California (Estados Unidos) y Canadá, según Vicente de Cadenas: En campo de oro, sembrado de corazones, de gules.

Otros, según Juan Carlos de Guerra: En campo de azur, un grifo rampante de oro.

Otros Haedo: En campo de plata, dos panelas, de gules, puestas en palo y acompañadas en su diestra, de una torre, de su color.

Los de Valmaseda, y sus ramas en Bilbao y San Sebastián, según Vicente de Cadenas, traen: En campo de sinople, tres fajas, ondeadas, de azur y plata.

Los del valle de Carranza, según Francisco Piferrer, traen: En campo de oro, un árbol terrasado y copado, con un lebrel atado al tronco, azorado por una serpiente, puesta en la copa del árbol, en ademan amenazador.

Los de Valmaseda, según Jorge de Montemayor, traen: En campo de oro, un árbol de sinople, y dos perros andantes, manchados, y encima del árbol, una sierpe de su color.


