Aezcoa
El linaje Aézcoa (registrado históricamente también bajo las formas Aezcoa, Ahezcoa, d'Aezcoa, de Aezcoa o la variante normativizada vasco-navarra Aezkoa) constituye una ilustre estirpe de origen toponímico navarro, dotada de inmemorial antigüedad, nobleza de sangre, hidalguía colectiva universal y una honda significación histórica en el norte de la península ibérica, estrechamente vinculada a la organización política, jurídica y territorial del Pirineo navarro, desde donde sus caballeros proyectaron casas solariegas y ramas hidalgas hacia las tierras del llano aragonés, la Corona de Castilla y el continente americano a lo largo de la época bajomedieval y durante la época de la Monarquía.
El origen de este linaje se sitúa en los valles pirenaicos de la frontera septentrional, procediendo directamente del Valle de Aézcoa (Aezkoa), comarca histórica situada en el noreste de la Comunidad Foral de Navarra (en la Merindad de Sangüesa, en cuyo término se asienta la célebre Selva de Irati y las poblaciones históricas de Garayoa, Abaurrea, Aria, Aribe, Hiriberri/Villanueva de Aézcoa, Garaioa y Orbara); desde estos casales y términos forales de montaña, donde sus naturales gozaron de nobleza corporativa por concesión real, caballeros de su sangre se expandieron tempranamente hacia la Cuenca de Pamplona y la Ribera navarra, y atraídos por las empresas militares y las mercedes de los monarcas de la Corona de Aragón, pasaron a servir en las campañas de las tierras del llano, asentando ilustres ramas infanzonas en las provincias de Zaragoza y Huesca.
Etimológicamente procede de la lengua vasca (euskera), articulado sobre el orónimo y fitónimo arcaico aetz / aietz (emparentado filológicamente con la raíz prerromana y vascónica del roble, haritz / aritz > aetz, o bien con desfiladeros y pasos de roca cortada en altura) combinado con el sufijo locativo, colectivo y de comarca -koa / -coa («el del lugar de» o «perteneciente al paraje de los robles/peñas»), significando literalmente «el solar o el oriundo del paraje de los robles o peñascales»; al salir del valle matriz para afincarse en otras demarcaciones, los hidalgos adoptaron el topónimo mayor como apellido regular y hereditario de linaje y armas conocido para certificar su procedencia y exención foral.
Históricamente se distribuyó por el Valle de Aézcoa (pueblos y caseríos de la mancomunidad del valle), la Merindad de Sangüesa, Pamplona, la Ribera de Navarra (Tudela), la provincia de Guipúzcoa, el Reino de Aragón (Cinco Villas, comarca de Zaragoza y somontano de Huesca), la corte de Madrid y Andalucía (Sevilla y Cádiz), protagonizando a partir de los siglos XVII y XVIII un destacado pase hacia los virreinatos de Nueva España, el Perú y el Río de la Plata; en la actualidad es un apellido de notable interés histórico y selecta implantación demográfica en España (clasificado como linaje noble pirenaico tradicional), concentrándose la mayor parte de sus portadores en Navarra, el País Vasco, Aragón y Madrid.
Durante la época bajomedieval y moderna, los caballeros de la casa de Aézcoa mantuvieron un protagonismo fundamental en la milicia fronteriza y el autogobierno foral: rigieron casales solariegos de sillería bajo el régimen de vecindad de valle, integraron la Junta del Valle de Aézcoa como capitulares y jurados, sirvieron con monturas, picas y ballestas en las levas de caballería e infantería encargadas de custodiar los estratégicos pasos fronterizos de Roncesvalles y el bosque de Irati frente a las incursiones galas, y en Aragón formaron parte de las milicias de infanzones de la monarquía, desempeñando oficios de jurados, regidores y justicias en villas del llano.
El linaje cuenta con abundantes testimonios documentales en las secciones de Comptos, Procesos y Mercedes Reales del Archivo General de Navarra (Pamplona), donde constan los privilegios reales otorgados al valle; en los procesos y firmas de infanzonía de la Real Audiencia de Zaragoza conservados en el Archivo de la Corona de Aragón; en los protocolos notariales históricos de Aoiz, Sangüesa, Jaca y Zaragoza; en la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid; en las informaciones de limpieza de sangre del Archivo General de Indias; y en los libros sacramentales de las parroquias aezcoanas y zaragozanas desde el siglo XVI.
Entre sus personajes destacaron alcaldes y justicias mayores del Valle de Aézcoa que juraron los fueros del reino ante los reyes navarros en los siglos XIV y XV; infanzones de este linaje que defendieron y ganaron firmas de derecho y sentencias de salva de infanzonía ante la Real Audiencia de Aragón a lo largo de los siglos XVI y XVII; capitanes de las milicias forales y de los tercios de la Monarquía Hispánica en las defensas de la frontera pirenaica; canónigos y priores en las colegiatas de Roncesvalles y Pamplona; y letrados y administradores reales avecindados en Indias durante los siglos XVII y XVIII.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la máxima consideración jurídica al amparo del fuero de nobleza e hidalguía colectiva universal otorgado y confirmado por los reyes de Navarra a los originarios y vecinos del Valle de Aézcoa (a similitud de los valles de Salazar y Baztán): por el solo hecho de su legítimo origen aezcoano, sus miembros nacían hidalgos de sangre notorios, libres de pechas ordinarias, tributos pecheros y cuarteles reales; en el Reino de Aragón defendieron con éxito su condición de infanzones ante la Real Audiencia de Zaragoza, obteniendo sentencias confirmatorias que les aseguraron la exención perpetua de impuestos, el fuero privativo militar y el libre uso de sus blasones.
Sus casas solares radicaron principalmente en los casales solariegos de piedra labrada del Valle de Aézcoa (en Garayoa, Aribe, Abaurrea y Villanueva de Aézcoa, en Navarra); en las casas solariegas abiertas en Pamplona y Sangüesa; en las casas y casales de infanzones fundados en la comarca de Zaragoza y en villas del somontano de Huesca; y en las ramas avecindadas con posterioridad en Donostia-San Sebastián, en Cádiz y en la corte de Madrid.
Su difusión territorial se produjo de manera orgánica a partir del núcleo pirenaico oriental hacia los valles meridionales y las ciudades de Navarra, proyectándose a través de las rutas naturales del curso fluvial hacia el llano aragonés para tomar parte en la repoblación y servicio de armas bajomedieval, desde donde pasaron en los siglos modernos a los centros administrativos de la Corona y a los virreinatos americanos, preservando a lo largo de las centurias una clara doble vertiente histórica vasco-navarra y aragonesa.
Armas

En campo de plata, un árbol de sinople y un jabalí de sable, pasante, al pie del tronco. Bordura de gules anglesada.

Otros suprimen la bordura del anterior escudo.

Los del valle de Aezcoa, según Jerónimo de Villa, traen: En campo de plata, dos encinas de sinople, y arrimado a ellas un jabalí al natural. Bordura dentellada de gules.


