Agusto

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El linaje Agusto (registrado históricamente también bajo las variantes notariales, gráficas y dialectales Augusto, Agustó, d'Agusto, de Agusto o la forma catalano-aragonesa Agustí) constituye una ilustre estirpe de indiscutible origen antroponímico, dotada de una trayectoria histórica singular, probada hidalguía de sangre y arraigo solariego en la península ibérica, consolidada como una variante fonética y notarial autónoma del nombre y apellido Augusto o Agustín, con focos históricos primigenios detectados en el norte peninsular (área vasco-navarra) y en demarcaciones de la Corona de Castilla y la antigua Corona de Aragón a lo largo de la época bajomedieval y durante la época de la Monarquía.

El origen de este linaje se sitúa en los valles cantábricos y prepirenaicos del área vasco-navarra (con primitivos casales documentados en valles del norte de Navarra y términos forales de Guipúzcoa y Álava) y en villas concejiles de la meseta norte castellana (en tierras de Burgos, Palencia y Valladolid); en estos enclaves, caballeros de su sangre se organizaron en torno a casales francos de condición alodial, probando su hidalguía y limpieza de sangre ante las justicias y asambleas forales locales para gozar de la inmunidad tributaria correspondiente a los hijosdalgo, proyectándose con posterioridad hacia el centro peninsular (Madrid, Toledo y Ciudad Real), villas del Reino de Aragón (Zaragoza) y las tierras andaluzas de Sevilla y Córdoba.

Etimológicamente procede del latín clásico Augustus (derivado del verbo augere, «aumentar», «engrandecer», «hacer prosperar», con el sentido cultual y solemne de «consagrado», «venerable», «majestuoso» o «favorecido por los augurios divinos»), título honorífico supremo concedido por el Senado romano a Cayo Julio César Octaviano y asimilado posteriormente como nombre de bautismo cristiano en devoción a San Agustín de Hipona; en la práctica de las escribanías bajomedievales, la evolución romance experimentó la síncopa de la vocal media o la asimilación dialectal gráfica (Augustus > Augusto > Agusto), fosilizando tempranamente entre los siglos XIII y XIV como patronímico y cognomento hereditario fijo para distinguir a los descendientes de un patriarca o caballero de dicha denominación.

Históricamente se distribuyó por la Comunidad Foral de Navarra (Cuenca de Pamplona y merindades intermedias), las provincias de Guipúzcoa y Álava, Castilla la Vieja (Burgos y Valladolid), Castilla la Nueva (Madrid y Toledo), el Reino de Aragón (Zaragoza y Cinco Villas) y Andalucía (Sevilla y Cádiz), pasando asimismo a partir del siglo XVIII miembros de la administración real y la milicia hacia los virreinatos americanos de Nueva España, el Perú y el Río de la Plata; en la actualidad es un apellido de notable interés onomástico y baja frecuencia estadística en España, concentrándose la mayor parte de sus portadores en Madrid, la cornisa cantábrica, Castilla y León, y Andalucía.

Durante la época bajomedieval y moderna, los caballeros de la casa de Agusto mantuvieron una continuada y activa intervención en el régimen concejil, la milicia y la judicatura foral: gobernaron casales solariegos francos de vínculo libre, asistieron como hombres buenos a las asambleas locales y juntas del estado noble, desempeñaron oficios de regidores, alcaldes del estado noble, fieles síndicos y procuradores en sus respectivas villas, y sirvieron con monturas y armas en las levas provinciales organizadas para la guarda de las fronteras y costas de la monarquía; en los tribunales reales, miembros de esta estirpe actuaron como letrados, escribanos de número y oficiales de la Real Hacienda.

El linaje cuenta con testimonios documentales en los fondos de la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada, donde constan pleitos de hidalguía litigados y cartas ejecutorias ganadas por familias Agusto para salvaguardar sus preeminencias frente a los intentos de pechamiento concejil; en los procesos de hidalguía y llamamiento a Cortes del Archivo General de Navarra (Pamplona); en los protocolos notariales históricos de los distritos de Pamplona, Burgos, Valladolid, Toledo y Madrid; y en los libros sacramentales de las parroquias castellanas y navarras desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron señores de casales francos en Navarra y Castilla que ejercieron alcaldías de hijosdalgo durante los siglos XV y XVI; infanzones que defendieron y ganaron sentencias de nobleza en pleitos ante las audiencias reales a lo largo de los siglos XVI y XVII; oficiales de infantería que tomaron parte en los tercios de la Monarquía Hispánica en Europa; y letrados que sirvieron en cancillerías y concejos castellanos velando por la administración de justicia foral y real.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre, nobleza notoria y de armas poner, amparada en los fueros vasconavarros y en las leyes fundamentales de la Corona de Castilla: para asegurar el libre uso de sus blasones, el fuero privativo militar y la exención perpetua de pechas ordinarias, tributos pecheros, cuarteles reales y alcabalas, los miembros de las distintas ramas acudieron a justificar la nobleza de sus cuatro costados ante los tribunales locales de origen y ante las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, obteniendo sentencias ejecutorias solemnes que ratificaron su legítima filiación hidalga.

Sus casas solares radicaron principalmente en los casales solariegos de Navarra y del entorno vasco-navarro; en las casas solariegas de Burgos y Valladolid en Castilla la Vieja; en las casas principales de la ciudad de Toledo y la corte de Madrid; en los casales avecindados en Zaragoza; y en las ramas establecidas con posterioridad en Sevilla.

Su difusión territorial se produjo de manera escalonada desde las estribaciones montañosas del norte hacia los llanos cerealistas del Duero y del Tajo al compás de las empresas de repoblación y servicio a la Corona, consolidando pequeños núcleos de hidalguía rural y urbana dedicados a la gobernación municipal y a la administración patrimonial, antes de proyectarse en los siglos modernos hacia los centros cortesanos y las plazas de Ultramar.


Armas

Escudo de armas

En campo de oro, un roble de sinople, acompañado de cinco panelas de gules, dos en cada flanco y una en la punta, y un jabalí, de sable, pasante, al pie del tronco.