Ahijado
El linaje Ahijado (registrado históricamente también bajo las variantes gráficas y notariales Ahijados, Ayjado, d'Ahijado, de Ahijado o la forma arcaica medieval Afijado) constituye una noble estirpe de indiscutible origen antroponímico y relacional de probada antigüedad, hidalguía de sangre y arraigo solariego en la Corona de Castilla, dotada de una sólida trayectoria histórica en las comarcas del centro-norte peninsular, con su cuna y solares más antiguos documentados en Castilla la Vieja (con especial relieve en la provincia de Ávila y zonas limítrofes de Segovia y Toledo), desde donde sus caballeros proyectaron casas solariegas y ramas de hidalguía hacia las llanuras de La Mancha, Andalucía y los virreinatos de Ultramar a lo largo de la época bajomedieval y durante la época de la Monarquía.
El origen de este linaje se sitúa en los procesos repobladores, concejiles y de articulación estamental acaecidos tras la consolidación de la frontera del Duero y del Sistema Central, ubicándose sus casas matrices y solares primigenios en términos de la provincia de Ávila (en la capital abulense y en enclaves de la comarca del valle de Amblés, Piedrahíta y El Barco de Ávila) y en las demarcaciones limítrofes con las tierras de Segovia y el norte del arzobispado de Toledo; en estos territorios de recia caballería villana e hidalguía de sangre, caballeros de esta estirpe se asentaron como señores de heredades alodiales y casales francos, figurando en los padrones concejiles y libros de acuerdos como nobles hijosdalgo exentos de tributación pechera y participando de forma activa en los repartimientos y defensas militares de la frontera castellana.
Etimológicamente procede del léxico romance castellano medieval afijado / ahijado (voz derivada del latín tardío *affiliatus, participio pasivo del verbo affiliare, «adoptar como hijo» o «prohijar», a partir de ad y filius, «hijo»), término que en el derecho canónico, civil y nobiliario medieval designaba a aquel que era recibido como hijo espiritual bajo el vínculo sacramental del bautismo (ahijado de pila) o mediante una relación solemne de patronazgo, tutela y prohijamiento feudal de una casa principal; en su génesis onomástica, el término surgió como sobrenombre relacional o apodo de distinción para señalar al protegido, pupilo o ahijado dilecto de un magnate, señor de pendón y caldera o prelado eclesiástico de alto rango («el ahijado»), el cual fosilizó tempranamente entre los siglos XIII y XIV como patronímico y cognomento hereditario fijo de solar y armas conocido al perpetuarse en sus descendientes legítimos.
Históricamente se distribuyó por Castilla la Vieja (Ávila, Segovia, Valladolid y Burgos), Castilla la Nueva (Toledo, Madrid, Guadalajara y Ciudad Real), Andalucía (Sevilla, Córdoba y Jaén), el Reino de Murcia y la corte de Madrid, protagonizando con posterioridad al siglo XVI el pase de oficiales, letrados y miembros del ejército hacia los virreinatos de Nueva España y el Perú; en la actualidad es un apellido de notable interés onomástico y frecuencia demográfica moderada y selecta en España, concentrándose la mayor parte de sus portadores en las provincias de Madrid, Ávila, Toledo, Barcelona y Sevilla.
Durante la época bajomedieval y moderna, los caballeros de la casa de Ahijado mantuvieron una activa y continuada intervención en el régimen concejil, la judicatura y el servicio de armas: gobernaron patrimonios rústicos y casales de vínculo franco, desempeñaron oficios de regidores perpetuos, alcaldes ordinarios por el estado noble y alcaldes de la Santa Hermandad en villas abulenses y toledanas, asistieron a las asambleas locales de hijosdalgo, y sirvieron con monturas y arneses militares en las levas de caballería de cuantía organizadas para la custodia y defensa del reino; en el ámbito letrado y eclesiástico, miembros de la familia ejercieron como escribanos del rey, procuradores y oficiales de la Real Hacienda.
El linaje cuenta con testimonios documentales en los fondos de la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, donde constan expedientes y pleitos litigados por familias Ahijado que culminaron en la obtención de solemnes cartas ejecutorias de hidalguía; en los libros de acuerdos y padrones de caballeros hijosdalgo de los archivos municipales de Ávila, Segovia y Toledo; en los fondos de la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada para sus ramas meridionales; en los protocolos notariales históricos de los distritos de Ávila y Toledo; y en los libros sacramentales de las parroquias castellanas desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron regidores y procuradores concejiles en Ávila y tierras toledanas durante los siglos XV y XVI; infanzones que sostuvieron con éxito probanzas de nobleza de cuatro costados ante la Real Chancillería de Valladolid a lo largo de los siglos XVI y XVII; oficiales de infantería y caballería que sirvieron a la Corona en las campañas de Flandes y en la defensa de las costas andaluzas; y letrados que ejercieron magistraturas en cancillerías y concejos castellanos velando por la administración de justicia real.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre, nobleza notoria y de armas poner según las leyes y costumbres fundamentales de la Corona de Castilla: para mantener inexpugnables sus privilegios estamentales y defender a sus familias frente a las pretensiones de los concejos de incluirlos en los repartimientos de pechos y tributos comunes (pechas pecheras, cuarteles reales, alcabalas y levas de pecheros), los miembros del linaje comparecieron formalmente ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, obteniendo sentencias ejecutorias contradictorias que reconocieron su inmemorial condición hidalga, habilitándoles para el goce exclusivo de los oficios de república del estado noble y el libre uso de sus blasones familiares.
Sus casas solares radicaron principalmente en los casales solariegos de sillería de la ciudad de Ávila y de las villas de su obispado; en las casas solariegas fundadas en las tierras limítrofes de Segovia; en los casales señoriales del norte de la provincia de Toledo; en las casas principales avecindadas en la corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en Sevilla y Córdoba.
Su difusión territorial se produjo de manera escalonada desde las tierras altas abulenses y segovianas hacia la meseta sur y los valles del Tajo y del Guadalquivir, acompañando las etapas repobladoras y los llamamientos de servicio a la Corona, afianzando a lo largo de las centurias alianzas matrimoniales con otros linajes de la hidalguía media castellana antes de su posterior proyección hacia los centros administrativos y las posesiones ultramarinas.
Armas

Los radicados en Madrid traen: En campo de azur, una C, y en ella, tres III, en oro.


