Ahumada

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El linaje Ahumada (registrado históricamente también bajo las variantes gráficas, notariales y paleográficas Fumada, d'Ahumada, de Ahumada, Ahumadas o la forma romance altomedieval Fomada) constituye una de las más célebres, preclaras e influyentes estirpes de origen toponímico y habitacional de la península ibérica, dotada de inmemorial antigüedad, rancio abolengo y calificada hidalguía de sangre en la Corona de Castilla, cuyas raíces históricas se hunden en el corazón septentrional castellano, concretamente en la provincia de Burgos, desde donde sus caballeros proyectaron casas solariegas, fortalezas de frontera y ramas de alta nobleza hacia Ávila, la meseta central, el Reino de Jaén, las tierras del Reino de Sevilla, el Reino de Córdoba, y posteriormente hacia los virreinatos de Nueva España, el Perú y el Río de la Plata a lo largo de la época medieval y moderna.

El origen de este linaje se sitúa en el primitivo solar y término de Ahumada (antiguamente Fumada), enclave geográfico radicado en las parameras del noroeste de la provincia de Burgos (en la comarca de Páramos y las estribaciones de la Peña Amaya); en este solar solariego castellano, sus miembros se documentan desde el siglo XII como caballeros de frontera de vínculo franco y alodial, participando de forma decisiva con sus mesnadas y arneses en batallas clave de la Reconquista, singularmente en las Navas de Tolosa (1212) y en las campañas fernandinas de incorporación del valle del Guadalquivir, donde fueron heredados con extensos repartimientos en Sevilla, Córdoba y Carmona; paralelamente, ramas primogénitas y secundarias establecieron casas de gran notoriedad en las villas de Ávila, Olmedo, Medina del Campo y Toledo.

Etimológicamente procede del léxico romance castellano altomedieval derivado del participio pasivo del verbo ahumar / fumar (del latín fumata, «humareda», «señal de humo» o «torre de ahumada»), étimo descriptivo habitacional que alude de forma directa a una atalaya, torre de vigía o puesto fortificado de altura destinado a la transmisión de avisos bélicos mediante señales de fuego de noche y humaredas de día en las líneas fronterizas de contención militar; en los primeros documentos de escribanía, la voz fluctuó entre la arcaica forma con efe (Fumada) y la posterior aspiración castellana (Ahumada), fosilizando tempranamente entre los siglos XII y XIII como patronímico y cognomento hereditario fijo de ricahembra y solar conocido.

Históricamente se distribuyó por Castilla la Vieja (Burgos, Ávila, Valladolid, Segovia), Castilla la Nueva (Toledo, Madrid, Guadalajara, Ciudad Real), el Reino de Andalucía (Sevilla, Córdoba, Jaén, Ronda, Málaga, Granada, Cádiz), y en los reinos de Ultramar (México, Guadalajara de Indias, Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires y La Habana); en la actualidad es un apellido de notable interés histórico, prestigio institucional y moderada difusión estadística en España e Hispanoamérica, conservándose con especial arraigo en Madrid, Sevilla, Málaga, Ávila y Barcelona.

Una de las ramas más insignes, universales y trascendentes del linaje radicó en las tierras de Ávila y Olmedo: de este esclarecido solar abulense procedía doña Beatriz de Ahumada, madre de la mística, reformadora y Doctora de la Iglesia universal Santa Teresa de Jesús (bautizada como Teresa de Cepeda y Ahumada); la santa profesó siempre una devota y señalada predilección por su ilustre linaje materno de los Ahumada, empleándolo de manera constante en sus cartas, escritos autógrafos, fundaciones conventuales y relaciones espirituales, imprimiendo a la estirpe un timbre imperecedero de gloria religiosa e histórica.

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, decenas de caballeros de las ramas de Ahumada mantuvieron una brillante ejecutoria en el servicio a la Corona: gobernaron patrimonios vinculados y mayorazgos, integraron los regimientos concejiles de ciudades de voto en Cortes como veinticuatros de Sevilla y Córdoba, mandaron tercios de infantería en Flandes e Italia, y alcanzaron el rango de virreyes y capitanes generales; la Corona recompensó estos dilatados méritos otorgando encumbradas dignidades de la nobleza titulada, destacando la merced del Marquesado de las Amarillas (concedido en 1747 por el rey Fernando VI a don Francisco Pablo de Ahumada y Villalón) y la elevación a la grandeza de España con el Ducado de Ahumada (creado en 1836 por la reina gobernadora María Cristina de Borbón en nombre de Isabel II a favor de don Pedro Agustín Girón y de las Casas, Ahumada y Aragorri, I duque de Ahumada y marqués de las Amarillas), cuyo hijo, don Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada, fue el célebre militar y aristócrata fundador de la Guardia Civil en 1844.

El linaje cuenta con una ingente constancia documental en la Sección de Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional (Madrid), donde constan expedientes de pruebas de nobleza y limpieza de sangre para los hábitos de Santiago, Calatrava, Alcántara, Montesa y la Real y Distinguida Orden de Carlos III; en los fondos de la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada; en los protocolos notariales de Burgos, Ávila, Olmedo, Sevilla, Ronda y Madrid; en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de gobernaciones, virreinatos y probanzas de méritos de Nueva España y el Perú; y en los libros sacramentales de las parroquias castellanas y andaluzas desde el siglo XVI.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de nobleza de sangre inmemorial, hidalguía notoria de cuatro costados y categoría de caballeros de armas poner, amparada en los fueros y leyes fundamentales de la Corona de Castilla: sus miembros gozaron de absoluta inmunidad fiscal frente a tributos pecheros ordinarios, cuarteles reales, alcabalas y pechas comunes, poseyendo derecho reservado a los oficios de honor del estado noble; para acceder a las órdenes de caballería, cabildos de maestranzas y colegios mayores, los Ahumada justificaron de forma rigurosa y contradictoria la limpieza de sangre de sus ramas ante los más altos tribunales del reino.

Sus casas solares y palacios principales radicaron originariamente en la torre y solar de Ahumada en las tierras de Burgos; en las casas solariegas y palacios de Ávila y de la villa de Olmedo; en las casas principales de la ciudad de Toledo y la corte de Madrid; en los palacios y mayorazgos de Sevilla, Ronda y Córdoba; y en las residencias virreinales y haciendas de México y Lima.

Su difusión territorial se produjo en dos grandes etapas: la primera, militar y repobladora, que condujo a sus caballeros desde las parameras burgalesas hacia la submeseta y las ricas campiñas andaluzas durante la reconquista medieval; y la segunda, cortesana, gubernamental y ultramarina, que proyectó a sus miembros hacia los altos puestos del ejército imperial, los virreinatos americanos y la cumbre de la aristocracia de la Monarquía Hispánica.


Armas

Escudo de armas

Las armas primitivas eran: En campo de azur, tres luceros, de oro, bien ordenados.

Escudo de armas

Otros añaden al anterior escudo una bordura de oro, con ocho aspas de gules.

Escudo de armas

También usaron en la antigüedad estas otras, en memoria de la torre que quemaron los moros a Fernando de Ahumada: En campo de plata, una torre de piedra, por cuyas puertas y ventanas salen llamas, colocada sobre ondas de azur y plata y acompañada de tres panelas de gules, una en jefe y dos en los flancos. Bordura de gules, con cuatro estrellas de oro.

Escudo de armas

Los de Aragón, según J.-B. Rietstap, traen: Escudo cortado: 1º, en campo de plata, un ciervo corriendo de su color, y 2º, en campo de gules, dos barras de plata.

Escudo de armas

Hay una rama, según Francisco Lozano, que trae: Escudo cortado: 1º, en campo de plata, tres calderas de sable, puestas en palo, acostadas de dos árboles de sinople, y 2º, en campo de oro, tres barras de gules.

Escudo de armas

Otra rama, según atestigua Piferrer, basado en documentos auténticos y fidedignos que obraban en el archivo del señor Marqués de Liédena, en Catadau, ostenta: Escudo cortado: 1º, en campo de plata, un ciervo de su color, pasante, sobre una terraza de sinople, y 2º, en campo de gules, dos palos o barras de plata.

Escudo de armas

Otros, según el Cronista Juan José Vilar y Psayla, traen: En campo de plata, un ciervo, sobre una terraza al natural; cortado de gules, con tres bandas de plata.

Sobre la celada llevan una cinta de plata con esta letra: "Pietate vincit, fovet clementia".