Aitamarren, Aita-Amarren, Aithamarren
El linaje Aitamarren (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y en la norma académica contemporánea de Euskaltzaindia bajo las grafías Aitamarren, Aytamarren, Aitamaren, d'Aitamarren o en sus formas asimiladas y contraídas Aita, Aitaren y Aitamarrena) constituye una noble estirpe de indiscutible origen antroponímico y familiar foral, rancio abolengo y probada hidalguía de sangre de inmemorial antigüedad en el norte de la península ibérica, cuyas raíces más profundas y primitivo solar matriz se localizan de manera exclusiva en el ámbito histórico del Señorío de Vizcaya (Bizkaia), desde donde sus caballeros proyectaron casales armeros y ramas de infanzonía hacia las comarcas limítrofes de Guipúzcoa, Álava, el norte de Castilla y los reinos de la Monarquía Hispánica a lo largo de la Baja Edad Media y durante la época moderna.
El origen de este linaje se sitúa en los valles interiores y anteiglesias de la «tierra llana» vizcaína, radicando su palacio o caserón armero primitivo en demarcaciones de la comarca del Duranguesado (con líneas documentadas en las cuencas fluviales del Ibaizábal y valles circundantes como Abadiño, Berriz, Elorrio y Durango); en estos términos de recio régimen foral, los señores del casal de Aitamarren fueron dueños de heredades alodiales francas, seles ganaderos y caseríos de piedra sillar con arcos de medio punto y derecho a fijar escudo armero sobre el dintel de su entrada, figurando en los padrones concejiles, libros de fogaciones y apeos como vecinos de condición libre e hijosdalgo de limpia estirpe, totalmente exentos de pechas pecheras o cargas serviles feudales.
Etimológicamente procede de la lengua vasca (euskera), tratándose de una formación antroponímica, genealógica y de parentesco de profunda raigambre arcaica: se estructura a partir de la voz patrimonial aita («padre», y en sentido honorífico o patriarcal, «el progenitor del linaje» o «el señor de la casa»), vinculada al término ama («madre», aludiendo a la señora del casal o a la unión troncal de ambos progenitores fundadores), complementada por la marca genitiva posesiva -ren (Aita-ama-ren > Aitamarren), significando de forma literal «el de los padres», «perteneciente a los progenitores», «el solar de la madre y del padre» o «el linaje del mayorazgo paterno y materno»; en la práctica notarial y escribanil de los siglos XVI al XVIII, la fonética vernácula y la complejidad de su pronunciación para escribanos castellanos propició frecuentes procesos de contracción gráfica y asimilación administrativa, reduciéndose en ocasiones a formas sincopadas o diluyéndose por vía de entronque femenino, mientras que los registros de hidalguía preservaron la grafía original como cognomento patronímico hereditario de solar, linaje y armas conocido.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Bizkaia (comarcas del Duranguesado, Arratia, Gernika-Lumo y la villa de Bilbao), el territorio histórico de Guipúzcoa (valles del Deba y comarca de Tolosa), la provincia de Álava (tierras de Ayala y Vitoria), la villa y corte de Madrid, y, a través de las corrientes de la administración virreinal y militar de los siglos XVII y XVIII, en diversos núcleos de América (como Nueva España y el Río de la Plata); en la actualidad es un apellido de extraordinaria singularidad y presencia estadística prácticamente relicta en España, conservando su recuerdo histórico principalmente en los fondos archivísticos forales y ejecutorias de hidalguía, siendo en los censos modernos una denominación nobiliaria de extrema rareza.
Durante la época bajomedieval y moderna, los miembros de la casa de Aitamarren mantuvieron una activa y continuada intervención en la gobernación foral, la milicia concejil y el servicio a la Corona. Conforme a las ordenanzas y leyes del Fuero Viejo y del Fuero Nuevo del Señorío de Vizcaya, los nativos legítimos nacidos en la tierra llana y dueños de un solar armero reconocido gozaban de la condición legal de Hidalguía Universal, lo que los acreditaba como nobles de sangre originarios (hijosdalgos) libres de toda servidumbre pechera, garantizándoles el fuero privativo militar, el tratamiento honorífico de Don y el acceso exclusivo a los oficios de gobierno en las anteiglesias, alcaldías ordinarias y en la oficialidad de las levas territoriales. Para certificar la legitimidad de sus blasones familiares en las fachadas de sus casonas, ingresar en corporaciones nobles o avecindarse en los grandes núcleos de Castilla, los caballeros de la estirpe justificaron rigurosamente su hidalguía de sangre, su filiación legítima y la pureza de sus cuatro costados ante los tenientes de corregidor y las Juntas Generales de Guernica durante los siglos XVI y XVII, obteniendo sentencias contradictorias que blindaron sus privilegios.
El linaje cuenta con testimonios documentales en el Archivo Foral de Vizcaya (Bilbao), dentro de las secciones de Genealogía e Hidalguías y en los Libros de Acuerdos de las Juntas Generales de Guernica; en los protocolos notariales históricos de los distritos de Durango y Bilbao; en los fondos de hidalguía del Archivo General de Guipúzcoa (Tolosa); en la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid; en la Sección de Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional (Madrid); y en los libros sacramentales de las parroquias del Duranguesado desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron señores del casal de Aitamarren que ejercieron como fieles regidores y procuradores en las anteiglesias del Duranguesado durante los siglos XV y XVI; capitanes que mandaron compañías forales vizcaínas en la defensa de la costa y en las guerras fronterizas; letrados que sirvieron como escribanos reales velando por los fueros de los hijosdalgo; y miembros de la estirpe que promovieron y ganaron solemnes autos de nobleza de sangre bajo el Árbol de Guernica para asegurar el pacífico goce de sus libertades.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía universal inmemorial, nobleza de sangre notoria y de armas poner, amparada en los fueros y privilegios del Señorío de Vizcaya. Sus miembros ostentaron total exención frente al pago de pechos ordinarios, alcabalas pecheras, cuarteles reales, moneda forera y repartimientos del estado llano, disfrutando de fuero judicial privativo; las declaraciones formales de vecindad y nobleza foral ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus armerías gentílicas.
Sus casas solares y caserones armeros principales radicaron originariamente en el casal y palacio de Aitamarren en la provincia de Vizcaya (comarca del Duranguesado y valles interiores de la tierra llana); en las casas principales avecindadas en la villa de Bilbao y en Durango; en los caseríos solariegos de las provincias limítrofes de Guipúzcoa y Álava; en las casas avecindadas en la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar.
Su difusión territorial se articuló de manera orgánica y sumamente contenida desde las anteiglesias duranguesas hacia las villas mercantiles de la ría del Nervión y las rutas camineras que enlazan con la meseta castellana, sellando alianzas matrimoniales con otras familias de la hidalguía foral vizcaína antes de su paulatina absorción documental en las centurias modernas.
Armas

El Cronista y Rey de Armas Juan José Vilar y Psayla, revoge este linaje de la villa de Zegama, este escudo: En campo de oro, una torre de gules, surmontada de un águila de sable, volante, descendiendo sobre la torre, con un ramo de olivo de sinople en el pico

Los Aithamarren, de Vizcaya, según J.-B. Rietstap, traen la torre donjonada, y señala que el águila desciende en situación de barra.

Algún autor dice que el campo es de azur y la torre de plata, pero no coinciden con él los restantes autores que hemos consultado.


