Alaja, Alhaja

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El linaje Alaja (registrado en las fuentes históricas, crónicas de caballería, protocolos notariales y armoriales bajo las variantes tradicionales Alhaja, d'Alaja, de la Alhaja, Alahas o su forma romance arcaica Alaya) constituye una esclarecida y noble estirpe de singular rareza onomástica, rancio abolengo y probada hidalguía de sangre en la península ibérica, cuyas raíces históricas y memoria genealógica arrancan de los episodios decisivos de la Reconquista medieval en el Reino de Castilla, irradiando de forma temprana hacia las tierras de la Mancha, la serranía de Cuenca, el Reino de Aragón y los virreinatos de Indias a lo largo de la Baja Edad Media y durante la época de la Monarquía.

El origen de este linaje se halla indiscutiblemente entroncado con la gesta épica del célebre pastor y ganadero montañés Martín Alhaja (origen troncal del que dimana asimismo la esclarecida casa de Cabeza de Vaca), personaje providencial en la memorable batalla de las Navas de Tolosa librada el 16 de julio de 1212; hallándose las huestes cristianas confederadas al mando del rey Alfonso VIII de Castilla ante los pasos infranqueables de Sierra Morena y el feroz asedio de las fuerzas almohades, Martín Alhaja descubrió y señaló a los monarcas cristianos una senda secreta a través del desfiladero de Despeñaperros, marcando el inicio del paso seguro mediante el cráneo descarnado de una res vacuna devorada por los lobos; gracias a este estratégico auxilio, las vanguardias cristianas sorprendieron y flanquearon el real enemigo, sellando la victoria más trascendental del medievo hispánico; en recompensa a tan señalado servicio de armas y lealtad, la Corona ennobleció a Martín Alhaja y a su descendencia con el estamento de hijosdalgo de solar conocido, concediéndoles privilegios de caballería y extensos repartimientos territoriales de los que dimanaron ramas que conservaron el apellido patronímico Alhaja o Alaja, mientras que otras adoptaron la denominación toponímica y emblemática de Cabeza de Vaca.

Etimológicamente procede del romance castellano medieval asimilado del árabe hispánico al-ḥāǧah («el objeto valioso», «la joya», «la prenda de gran estima» o «el bien preciado»), voz que en el contexto onomástico y caballeresco del siglo XIII fue asignada como sobrenombre honorífico de distinción personal o apodo nobiliario alusivo a la prenda, joya o señal memorable dejada en la sierra, o bien al extraordinario valor que dicho caballero representó para la salvación de la hueste real; en la práctica escribanil y notarial de los siglos XIV al XVIII, la aspiración de la h intercalada se elidió con frecuencia en los textos cancillerescos dando origen a la forma simplificada Alaja, coexistiendo con la grafía etimológica Alhaja, ambas reconocidas como designación legítima de linaje, solar y armas conocido.

Históricamente se distribuyó por la Corona de Castilla, documentándose las casas y caserones armeros más antiguos de esta estirpe en tierras del arzobispado de Toledo y en demarcaciones señoriales de la provincia de Cuenca (con ramas en Huete, Alarcón, Iniesta y la propia ciudad de Cuenca), extendiéndose hacia las comarcas manchegas de Ciudad Real, la Baja Andalucía (Jaén, Córdoba y Sevilla tras los repartimientos de Fernando III el Santo), la villa y corte de Madrid, y el Reino de Aragón (Zaragoza, Tarazona y comarcas del Somontano); en la actualidad es un apellido de extraordinaria singularidad y muy reducida frecuencia estadística en España, clasificado como un linaje noble relicto cuyos escasos portadores se localizan de manera primordial en Castilla-La Mancha, la Comunidad de Madrid, Andalucía y Aragón.

Durante la Baja Edad Media y la época moderna, los caballeros de la casa de Alaja mantuvieron una continuada y activa ejecutoria en el servicio de las armas, la gobernación concejil y el estamento nobiliario foral. Caballeros de este linaje sirvieron a los reyes castellanos en las campañas de avance militar hacia el valle del Guadalquivir, las tomas de Úbeda, Baeza y Córdoba, recibiendo ricas heredades alodiales y donadíos en compensación por sus servicios bélicos. Al pasar ramas de la familia a territorio aragonés, emparentaron con linajes de la alta infanzonía de las tierras zaragozanas y oscenses; para preservar sus fueros y la preciada inmunidad frente a los impuestos pecheros del estado llano, miembros de este linaje promovieron solemnes procesos de salva de infanzonía y justificación de nobleza de sangre ante la Real Audiencia de Zaragoza y tuvieron asiento en el brazo noble en las Cortes de Aragón durante los siglos XVI y XVII, probando de forma rigurosa su legitimidad y limpieza de cuatro costados para acceder a cargos concejiles de república, alcaidías y oficios de caballería.

El linaje cuenta con una sólida constancia documental en la Sección de Hidalguías y Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid; en los fondos de la Real Chancillería de Granada (para las ramas castellanas y andaluzas); en las series de Procesos de Infanzonía del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza y del Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona); en la Sección de Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional (Madrid); en los protocolos notariales históricos de Cuenca, Toledo y Zaragoza; en la Sección de Mercedes y Títulos del Archivo General de Simancas; y en los libros sacramentales de parroquias toledanas, conquenses y aragonesas desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron, junto al tronco mítico e histórico de Martín Alhaja, caballeros de mesnada que tomaron parte en la conquista del reino nazarí de Granada y en la custodia de las fortalezas de frontera con Castilla; regidores y alcaldes por el estado noble en concejos de Toledo y Cuenca; oidores y procuradores de causas que velaron por los fueros de los hijosdalgo en las audiencias reales; canónigos capitulares que fundaron capellanías y aniversarios de misas dotados con rentas de sus heredades alodiales; y capitanes que sirvieron en los Tercios de Flandes y en las compañías forales aragonesas.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre inmemorial, nobleza de merced regia ganada en las Navas de Tolosa, y de infanzonía de armas poner en el Reino de Aragón. Sus miembros ostentaron total exención del pago de pechos ordinarios, alcabalas pecheras, cuarteles reales, moneda forera, tallas comunales y repartimientos pecheros, disfrutando de fuero militar privativo; las declaraciones formales emanadas de las Reales Chancillerías y de la Real Audiencia de Zaragoza ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus armerías gentílicas.

Sus casas solares, casales armeros y posesiones principales radicaron originariamente en los caserones solariegos de Toledo y la comarca de la Sagra; en las casas nobles de la provincia de Cuenca (Huete y Alarcón); en las casonas de infanzones levantadas en la ciudad de Zaragoza y en villas del Somontano aragonés; en los donadíos y heredades de Jaén y Córdoba; y en las ramas establecidas con posterioridad en la corte de Madrid.

Su difusión territorial se produjo de manera orgánica a lo largo del eje central de la Reconquista castellana, desde la cuenca del Tajo y las serranías ibéricas hacia el sur andaluz, irradiando simultáneamente hacia el corredor del Ebro en Aragón, enlazando matrimonialmente con el patriciado de caballeros y la infanzonía de sangre antes de su consolidación en las instituciones modernas de la Corona.


Armas

Escudo de armas

En campo de oro, siete jaqueles rojos, o lo que es lo mismo, escudo jaquelado de oro y gules, de quince piezas: ocho de oro y siete de gules; bordura de azur, con seis cabezas de vaca, de plata.

Escudo de armas

Otros Alaja, traen: En campo de azur, una banda, de oro, engolada en dragantes de sinople y acompañada, en lo alto, de una estrella de oro y, en lo bajo, de una flor de lis, del mismo metal.