Alarcón
El linaje Alarcón (registrado en las fuentes históricas, cancillerescas y armoriales bajo las grafías tradicionales d'Alarcón, de Alarcón, Alarcone o Alarconez) constituye una de las más ilustres, preclaras y poderosas casas de la alta nobleza, hidalguía de sangre y señorío de vasallos en la Corona de Castilla, cuyo solar matriz y cuna heroica se forjó en las célebres batallas de la Reconquista medieval en el ámbito de Castilla-La Mancha, expandiendo con posterioridad su esclarecido renombre, títulos de grandeza, gobernaciones virreinales y ramas de mayorazgo hacia el Reino de Murcia, Andalucía (con singular lustre en Granada, Jaén y Sevilla), la corte de Madrid y los reinos de América a lo largo de la Edad Media y la época de la Monarquía.
El origen de este linaje es rigurosamente toponímico y militar, procedente de la histórica, inexpugnable y monumental villa fortificada de Alarcón, situada en la provincia de Cuenca, emplazada de manera prodigiosa sobre un altivo promontorio rocoso ceñido por la fosa natural y meandro casi circular del río Júcar; la génesis de esta casa arranca formalmente en el año 1184 (o 1183 según diversos cómputos cronísticos), cuando las huestes del rey Alfonso VIII de Castilla sitiaban la plaza musulmana; tras nueve meses de riguroso asedio sin quebrantar sus defensas, el capitán Fernán Martínez de Ceballos, valeroso caballero vizcaíno del preclaro solar de Ceballos en las Asturias de Santillana, concibió la audaz empresa de escalar los muros almenados en la oscuridad nocturna valiéndose de dos dagas o puñales de acero que fue clavando alternativamente entre las junturas de los sillares; habiendo coronado el adarve, dio muerte a los centinelas enemigos y abrió las puertas a las tropas cristianas, asegurando la capitulación de la plaza; en premio a tan egregia hazaña bélica, Alfonso VIII le otorgó el señorío alodial de la fortaleza, el privilegio perpetuo de adoptar el nombre de Alarcón como apellido patronímico hereditario en sustitución del de Ceballos, y una nueva merced de armerías que perpetuase en sus divisas la toma de la fortaleza.
Etimológicamente procede del árabe hispánico al-’Arqūn (derivado a su vez de ’arq, «espolón rocoso», «cresta de peña escarpada», «quiebra de terreno abrupto» o «fortaleza sobre el risco»), aludiendo de manera directa al enclave orográfico y defensivo casi inexpugnable donde se asienta su castillo medieval rodeado por las hoces del Júcar; en la documentación notarial y diplomática de cancillería a partir de finales del siglo XII, la voz se fijó con la desinencia romance oxítona Alarcón, consolidándose como apellido patronímico hereditario inalterable de solar, linaje, señorío y armas conocido.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Cuenca (Alarcón, Belmonte, San Clemente y Cuenca capital), la provincia de Toledo, el Reino de Murcia (Murcia capital, Lorca y Caravaca de la Cruz), el Reino de Jaén (Úbeda, Baeza y Jaén capital), el Reino de Granada tras su reconquista (Granada capital, Baza, Guadix y Loja), la ciudad de Sevilla y la Baja Andalucía, la villa y corte de Madrid, y, a partir del siglo XVI, en los virreinatos del Nuevo Mundo (Nueva España, Perú, Nueva Granada y Chile), donde miembros de esta casa alcanzaron las más altas jerarquías políticas, militares y eclesiásticas; en la actualidad es un apellido de dilatado prestigio histórico y notable frecuencia demográfica en España y en toda Hispanoamérica, conservando una fuerte implantación en Castilla-La Mancha, Andalucía, Murcia y Madrid.
Durante la Baja Edad Media y la época moderna, los miembros de la casa de Alarcón mantuvieron una hegemonía de primer orden en el estamento militar, los consejos de la Corona y la diplomacia imperial. Sus descendientes formaron una de las estirpes más encumbradas de la monarquía, ostentando dignidades como el Marquesado de Alarcón, el Señorío de la Casa de Alarcón, el Marquesado de Palacios y el Condado de Siruela; en el servicio de las armas sobresalió de forma excelsa el célebre general Hernando de Alarcón (1466-1540), insigne militar de los Reyes Católicos y del emperador Carlos V que se distinguió en las guerras de Italia, fue alcaide y custodio de Francisco I de Francia tras la batalla de Pavía (1525) y custodio del papa Clemente VII en el castillo de Sant'Angelo, siendo recompensado con el marquesado de la Valle Siciliana en Nápoles; en las letras universales brilló de manera imperecedera el dramaturgo del Siglo de Oro Juan Ruiz de Alarcón; asimismo, caballeros de esta estirpe ingresaron masivamente en las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan de Jerusalén, y litigaron con éxito ante las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada para asegurar las inmunidades forales de sus ramas segundonas frente a los repartidores pecheros.
El linaje cuenta con una monumental y continuada constancia documental en el Archivo Histórico de la Nobleza (Toledo), dentro de los fondos de la Casa de Alarcón, Frías y Osuna; en el Archivo General de Simancas (series de Títulos, Mercedes y Guerra Antigua); en la Sección de Órdenes Militares y Estado del Archivo Histórico Nacional (Madrid); en la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada y de la Real Chancillería de Valladolid; en el Archivo General de Indias (Sevilla); en los protocolos notariales de Cuenca, Murcia, Granada y Sevilla; y en los libros de acuerdos capitulares y registros sacramentales de los siglos XIII al XVIII.
Entre sus personajes más destacados figuraron, junto al fundador Fernán Martínez de Ceballos, señores de Alarcón que combatieron en las Navas de Tolosa y en la toma de Sevilla; Hernando de Alarcón, marqués de la Valle Siciliana y capitán general del emperador; Pedro Salvador de Alarcón, comendador de la Orden de Santiago; Martín de Alarcón, gobernador y capitán general de las provincias de ultramar; Alonso de Alarcón, obispo e inquisidor real; y numerosos regidores perpetuos, caballeros veinticuatros de Granada y Sevilla, y oidores de las reales chancillerías.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de señorío de vasallos, nobleza de sangre inmemorial, ricahombría de Castilla, títulos de Castilla y de armas poner. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a impuestos comunes, pechos, alcabalas pecheras, cuarteles reales, moneda forera y pedidos del estado llano, disfrutando de fuero privativo militar y de corte; las Reales Cartas Ejecutorias y mercedes regias ratificaron secularmente su calidad de señores e hidalgos de solar conocido y el inalienable uso de sus blasones familiares.
Sus casas solares, fortalezas y casales armeros principales radicaron originariamente en el castillo y palacios señoriales de la villa de Alarcón (Cuenca); en las casas solariegas y de mayorazgo de Belmonte, San Clemente y Cuenca capital; en las casonas palaciegas de Murcia y Lorca; en los casales de caballeros de Granada y Baza; en las casas principales avecindadas en Úbeda, Jaén y Sevilla; en los palacios de la corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar.
Su difusión territorial se articuló a través de los ejes centrales de la Reconquista: desde las riberas del Júcar y las serranías conquenses hacia el Reino de Murcia y el valle del Guadalquivir, irradiando tras 1492 hacia las plazas reconquistadas del Reino de Granada y las rutas de la Carrera de Indias, sellando alianzas matrimoniales con las más poderosas casas de la aristocracia castellana (como los Mendoza, Pacheco, Carrillo y Ceballos) antes de su consolidación en las cortes virreinales.
Armas

Las que usó Fernán Martínez de Ceballos tras la toma de Alarcón: Añadió a las propias de Ceballos (en campo de plata, tres fajas de sable; bordura jaquelada de oro y gules en dos ordenes), la orla con las aspas, por haber sido la toma el día de San Andrés.

Varios autores dicen que la bordura es de azur, y que así la traen algunos del linaje: En campo de plata, tres fajas de sable; bordura jaquelada de oro y gules en dos ordenes, la orla de azur, con las aspas, de oro.

Algunos Alarcón, de Castilla, según Miguel de Salazar, traen: En campo de plata, tres fajas de sable; bordura jaquelada de oro y gules en dos ordenes, la orla de gules, con las aspas, de plata.

El mismo Fernán Martínez de Ceballos añadió la cruz flordelisada de oro, en 1212 tras su participación en la famosa batalla de las Navas.

Los descendientes de Fernán Martínez Ceballos con apellido Alarcón, usaron: En campo de gules, una cruz flordelisada de oro, bordura de gules, con ocho aspas de oro.

Los de Asturias, radicados en Andalucía, Portugal e Indias, según Vicente de Cadenas, usan: En campo de gules, un brazo armado, de plata, con un bastón en la mano, del mismo metal.

Otros traen: En campo de sinople, nueve panelas de oro; bordura de oro.

Otros traen: En campo de plata, tres fajas de sable.

Los de Murcia, según Vicente de Cadenas, traen: En campo de gules, una cruz de Calatrava, de oro, hueca; bordura de azur, con ocho aspas, de oro.

Los Alarcón, de Toledo, según Antonio de Barahona, traen: En campo de oro, una cruz de Calatrava, de gules, hueca; bordura de gules, con ocho aspas, de oro.

Otros traen: En campo de gules, una cruz hueca y floreteada de oro; bordura cosida de gules, con ocho aspas, de plata.

Los Alarcón, Marqueses de la Bala Siciliana, traen: En campo de gules, una cruz hueca y floreteada de oro, sin bordura.

Los Alarcón, Marqueses de la Bala Siciliana, también usan: Escudo partido: 1º, en campo de gules, una cruz hueca y floreteada, de oro, y 2º, en campo de azur, tres flores de lis, de oro.

Otros, según Pedro Lezcano, traen: En campo de gules, un castillo, de oro, con la torre del homenaje sumada de un brazo alado, del mismo metal, con una espada de plata en la mano.

El caballero Florián del Rey y Alarcón, según Miguel de Salazar, usaba: Escudo de sinople, con un castillo de oro sobre peñas de su color.

Mossén Jaime Febrer, y copiándolo de éste, Piferrer y Vilar y Psayla, y bajo epígrafe "Alarcón", manifiestan que las armas que Fernán Martínez Ceballos, fundador del apellido Alarcón, traía antes de tomar éste por apellido y como propias del linaje Ceballos: En campo de plata, tres fajas de sable, y en el jefe, una cruz de gules, fileteada de oro, con llamas de fuego en los ángulos, y en los extremos de los brazos, y bordura componada de oro y gules.

Otros, de origen castellano, según Vicente de Cadenas, usan: En campo de plata, un brazo armado, de oro, sosteniendo una cabeza de moro, de su color.

Otros, según Agustín de Loaysa, traen: En campo de plata, tres fajas de sable, y brochante sobre el todo, una cruz de Calatrava, de gules.


