Albornoz
El linaje Albornoz (o de Albornoz) constituye una de las casas troncales de mayor peso político, eclesiástico, militar y señorial en la historia de la Corona de Castilla, habiendo ejercido una influencia decisiva tanto en los destinos de la península ibérica como en los Estados Pontificios y en la administración de los virreinatos americanos a lo largo de la época medieval y la época de la Monarquía.
Aunque pudo surgir inicialmente como sobrenombre honorífico o militar entre los caballeros de la frontera, el apellido se consolidó de manera definitiva como locativo señorial al quedar asociado a heredades, cotos, torres y fortalezas fortificadas en la comarca de la Serranía de Cuenca y la Alcarria.
Los tratadistas y cronistas medievales sitúan el origen solariego de la estirpe en los caballeros de la mesnada real que acompañaron al rey Alfonso VIII de Castilla en el cerco y toma de la ciudad de Cuenca en 1177, recibiendo heredamientos y fundando el señorío solar de Albornoz.
Desde el siglo XIII, la casa quedó estrechamente fusionada con el linaje de los Carrillo a través del matrimonio de don Álvaro Gómez Carrillo con doña Teresa de Albornoz, señora del feudo, naciendo la poderosa rama Carrillo de Albornoz, que aunó extensas propiedades jurisdiccionales en Cuenca, Toledo y Guadalajara.
Don Gil Álvarez Carrillo de Albornoz (1310–1367), arzobispo de Toledo, cardenal legado papal y militar insigne, fue la personalidad política y jurídica más relevante del siglo XIV en el occidente europeo.
Como legado y vicario general del papa Inocencio VI en Italia, dirigió las campañas de reconquista territorial, restauró la autoridad papal previa al retorno de Roma desde Aviñón y redactó las Constitutiones Sanctae Matris Ecclesiae (Leyes Egidianas), cuerpo jurídico vigente en los Estados Pontificios hasta el siglo XIX.
En 1364 fundó el célebre Real Colegio de España en Bolonia (Collegium Hispanorum de Clemente VIII), institución universitaria nobiliaria activa hasta nuestros días para la formación de juristas y letrados de alta cuna.
La casa señoreó dilatados dominios que comprendían los estados de Albornoz, Beteta, Tragacete, Torralba, Moya, Alarcón y Utiel.
Grandezas y Títulos de Castilla:
Ducado de Montemar: Concedido en 1735 con Grandeza de España de primera clase a don José Carrillo de Albornoz, virrey de Sicilia y destacado general en las campañas de Italia.
Marquesado de Moya y Condado de Albornoz: Títulos y señoríos vinculados a la custodia de las fronteras castellanas y al servicio palatino.
Marquesado de San Román y Condado de Campo Alange: Ramas colaterales de profunda influencia diplomática y militar durante los siglos XVII y XVIII.
Los Albornoz enlazaron con las principales casas de la aristocracia castellana, como los Mendoza, Luna, Manrique de Lara, Silva y Sandoval.
A partir del siglo XVI, caballeros de las diferentes ramas del linaje pasaron al Nuevo Mundo.
Destacó de forma singular la rama limeña de los Carrillo de Albornoz, condes de Montemar y de San Roque, quienes ocuparon corregimientos, mandos en el Ejército Real y presidencias de la Real Audiencia de Lima.
Se establecieron solares en la Ciudad de México, Puebla y Oaxaca, con miembros en los cabildos concejiles, escribanías regias y tribunales eclesiásticos.
Oficiales y clérigos del linaje participaron en las guerras de Arauco y en la gobernación provincial de Popayán y Santafé.
Los caballeros de las líneas segundonas litigaron y refrendaron su hidalguía notoria de sangre ante la Real Chancillería de Valladolid y la Real Chancillería de Granada, obteniendo sus correspondientes ejecutorias de nobleza y confirmaciones de fueros.
Consta una prolífica relación de miembros del linaje que vistieron los hábitos de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara, San Juan de Jerusalén (Orden de Malta), así como la Real y Distinguida Orden de Carlos III, tras rigurosos expedientes de limpieza de sangre y nobleza de los cuatro costados.
Armas
En campo de oro, una banda, de sinople.
Don Pedro Lezcano dice que antes de traer ese escudo trajeron este oro: Escudo tronchado, en la primera partición, en campo de gules, un castillo de oro, y en la segunda partición, en campo de plata, un león rampante, de gules.


