Alcántara
El linaje Alcántara (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y armoriales bajo las grafías tradicionales d'Alcántara, de Alcántara, Alcantara, o en sus formas medievales Alcantra y Alcantarae) constituye una de las más célebres, preclaras e ilustres estirpes de matriz toponímica foral y origen militar en la Corona de Castilla, indisolublemente vinculada a la comarca histórica de la Transierra extremeña, a la frontera luso-castellana del río Tajo y a la gloriosa Orden Militar de Alcántara, proyectando desde su cuna cacereña casales armeros, encomiendas, señoríos territoriales y ramas de probada hidalguía hacia las principales ciudades de Extremadura, Andalucía, la Corona de Aragón y los virreinatos del Nuevo Mundo a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.
El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, poliorcético y militar, procediendo directamente de la estratégica villa y fortaleza de Alcántara, situada en la provincia de Cáceres (Extremadura), célebre por su monumental puente romano sobre el cauce encajonado del río Tajo; tras la reconquista definitiva de la plaza en 1213 por el rey Alfonso IX de León, la defensa de este enclave fronterizo fue confiada a los caballeros de la Orden de Calatrava, quienes en 1218 la cedieron a los freires de la Orden de San Julián del Pereiro, congregación que trasladó su sede maestral a la fortaleza y mudó su denominación a la célebre Orden Militar de Alcántara; los primeros caballeros e hidalgos de fuero militar que adoptaron el locativo como apellido patronímico hereditario (de Alcántara / Alcántara) fueron hombres de armas, comendadores y oficiales vinculados directamente a la defensa, encomienda y administración del maestrazgo alcantarino («el que procede de la villa o fortaleza del Puente»); con notable rapidez, ramas del linaje se extendieron por tierras extremeñas de Trujillo, Plasencia y Badajoz, descendiendo paralelamente hacia las ricas demarcaciones andaluzas de Sevilla, Córdoba y Jaén durante los repartimientos bajomedievales de la Reconquista; durante los siglos XV y XVI, ramas hidalgas extremeñas pasaron asimismo a los territorios de la Corona de Aragón, avecindándose en el Reino de Valencia y en el Principado de Cataluña, donde se integraron con naturalidad en los estamentos patricios y concejiles locales; paralelamente, el linaje alcanzó una extraordinaria implantación en el continente americano a través de capitanes de conquista, oidores y gobernadores que establecieron casas solariegas en el Virreinato del Perú, Nueva España y el Nuevo Reino de Granada.
Etimológicamente procede de la asimilación al romance medieval del árabe hispánico al-qanṭara (القنطرة, «el puente» o «el acueducto de fábrica»), voz que los andalusíes aplicaron a la villa en referencia al imponente puente romano erigido bajo el mandato del emperador Trajano sobre el Tajo; en la práctica escribanil y cancilleresca castellana de los siglos XIII al XVIII, el vocablo se consolidó con su acentuación esdrújula característica Alcántara, documentándose de manera ininterrumpida en las cartas de merced, bulas maestrales y ejecutorias reales como cognomento patronímico hereditario de solar, linaje y armas conocido.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Cáceres (Alcántara, Trujillo, Brozas, Garrovillas de Alconétar, Plasencia y Cáceres capital), la provincia de Badajoz (Badajoz capital, Mérida, Zafra y Jerez de los Caballeros), Andalucía (Sevilla, Córdoba, Écija, Carmona, Andújar y Jaén), la villa y corte de Madrid, el Reino de Valencia (Valencia capital y comarcas de l'Horta), el Principado de Cataluña (Barcelona), y las gobernaciones ultramarinas de México, Lima, Cuzco, Quito y Santa Fe de Bogotá; en el ámbito sevillano y trujillano, los Alcántara destacaron como hacendados de mayorazgo y regidores capitulares, estrechamente emparentados con la nobleza militar de las órdenes; en la actualidad es un apellido de dilatado prestigio histórico y notable frecuencia demográfica en España e Hispanoamérica, conservando una extensa implantación en Andalucía, Extremadura, la Comunidad de Madrid y Cataluña.
A lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, los caballeros de la casa de Alcántara mantuvieron una preclara, continuada y calificada ejecutoria en el estamento nobiliario foral, la milicia imperial y el gobierno civil y judicial:
Para salvaguardar sus prerrogativas estamentales frente a los repartimientos pecheros y sostener su exención fiscal absoluta, miembros de este linaje litigaron y ganaron solemnes pleitos de hidalguía de sangre e incompatibilidad de pechos ante las Salas de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que blindaron su fuero militar y nobiliario.
Acreditaron de manera continuada su legitimidad de cuna y nobleza de cuatro costados para ingresar como caballeros profesos en las prestigiosas órdenes militares castellanas: la Orden de Alcántara, la Orden de Santiago y la Orden de Calatrava, ostentando el hábito y cruz capitular y desempeñando comendadurías y alcaidías de castillos; asimismo, ingresaron en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y de Granada, corporaciones reservadas a la nobleza militar titulada e hidalga.
Desempeñaron secularmente oficios de regidores perpetuos por el estado noble, alcaldes de la santa hermandad, alféreces mayores, procuradores en Cortes y corregidores reales en las ciudades de Trujillo, Sevilla, Córdoba y Badajoz, interviniendo en la alta gobernación municipal.
En los reinos indianos, miembros del linaje actuaron como capitanes de conquista, corregidores de corregimientos mayores, alcaldes ordinarios de cabildo y familiares del Santo Oficio de la Inquisición, fundando ricas haciendas alodiales y mayorazgos de vínculo indiano.
El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y en el Archivo de la Real Chancillería de Granada (secciones de Hidalguía, Ejecutorias y Pleitos Civiles); en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), dentro de las secciones de Órdenes Militares (con abundantes expedientes de pruebas de caballeros de Alcántara, Santiago y Calatrava) e Inquisición; en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de Pasajeros a Indias, Patronato Real y Audiencias de Lima y México; en los fondos notariales de los Archivos Históricos Provinciales de Cáceres, Badajoz y Sevilla; y en los libros sacramentales de las parroquias extremeñas y andaluzas desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron freires y comendadores de la Orden de Alcántara que combatieron en las guerras de reconquista en los siglos XIII y XIV; Francisco de Alcántara y Martínez de Alcántara, capitanes y hombres de armas que participaron en las expediciones de descubrimiento y pacificación del Perú y Nueva Granada en el siglo XVI; regidores y veinticuatros de Sevilla y Córdoba que gobernaron las magistraturas concejiles durante los siglos XVI y XVII; dignidades eclesiásticas y canónigos capitulares de las catedrales de Coria, Plasencia y Sevilla que instituyeron capellanías y fundaciones pías; y oficiales de caballería que sirvieron con distinción en los Tercios de Flandes y en las campañas de Nápoles y Lombardía.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre notoria, nobleza militar de hábito, hombres de armas poner y caballeros de merced en la Corona de Castilla, así como de patriciado foral en la Corona de Aragón. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente al pago de pechos ordinarios, alcabalas, cuarteles reales, monedas foreras y repartimientos serviles del común, disfrutando de fuero militar privativo y del acceso reservado a los oficios de honor; las Reales Ejecutorias dictadas por las Reales Chancillerías ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.
Sus casas solares, casales y posesiones principales radicaron originariamente en la fortaleza y encomiendas maestrales de la villa de Alcántara (Cáceres); en las casonas hidalgas y palacios de sillería de Trujillo, Plasencia y Cáceres; en las casas principales de la ciudad de Badajoz y Mérida; en los casales solariegos avecindados en Sevilla, Córdoba y Écija; en las residencias de caballeros en el Reino de Valencia y la ciudad de Barcelona; en las casonas levantadas en la villa y corte de Madrid; y en los solares indianos fundados en Lima, Cuzco, México y Santa Fe de Bogotá.
Su difusión territorial se articuló a través de las rutas naturales de la cañada y transhumancia que comunican la Transierra con la Baja Extremadura y el valle del Guadalquivir, irradiando paralelamente hacia los reinos levantinos y hacia los puertos atlánticos de la Carrera de Indias, sellando alianzas matrimoniales con distinguidas estirpes de la nobleza militar castellana, del patriciado concejil y de la caballería de hábito antes de su plena consolidación en las instituciones de la Monarquía.
Armas
La villa de Alcántara trae: En campo de plata, un magnífico puente de piedra con una torrecilla en el centro y sobre ondas de río.
El caballero fundador del apellido, que tomó dichas armas por autorización del Rey Don Fernando II de León, las modificó al hacerlas suyas, poniendo sobre el puente ocho torrecillas.
Según el Cronista Jorge de Montemayor, los de Toledo, usaron: En campo de oro, una cruz floreteada, de la Orden de Alcántara de sinople. Bordura de gules, con ocho torrecillas de plata.
Jorge de Montemayor asegura también que otra rama ostenta un escudo de oro, con un roble de sinople.
Según el Cronista Francisco Gómez Arévalo de Villafufre, la casa solar de Obregón (Cantabria), desde donde pasaron a Ubeda (Jaén), usan: Escudo partido: 1º, en campo de oro, una cruz vana de Calatrava de gules, y 2º, en campo de oro, cinco bandas de gules. Bordura de azur, con siete flores de lis de oro.
Miguel de Salazar dice que hay una rama de Alcántara que trae estas otras armas: En campo de plata, un león rampante de su color.
Otros, según Agustín de Loaysa: En campo de gules, un roble.


