Alepus
El linaje Alepus (con sus variantes históricas, dialectales y notariales d'Alepus, d'En Alepus, Alepos, Alapuz o latinizada de Alepuz) constituye una noble, esforzada e ilustre estirpe de probada condición de hijosdalgo de sangre, infanzonía aragonesa de solar montañés, caballeros de conquista en las huestes de la Reconquista, tenencias señoriales, magistratura foral y patronato de beneficencia en el Reino de Aragón, el Reino de Valencia, el Principado de Cataluña y el conjunto de la Corona de Aragón, cuyo solar primitivo radicó en las altas montañas de Aragón, desde donde pasó a tierras valencianas en el siglo XIII de la mano del insigne soldado y adalid Pedro de Alepus, cuya proverbial fama de valeroso movió a los moros de Nules a intentar atraerlo a sus filas sin éxito, prefiriendo combatir con inquebrantable lealtad al servicio de la Cruz en las expugnaciones de Almenara, El Puig, Valencia y Xàtiva, alcanzando señalado renombre por su desprendimiento cristiano y amparo a los pobres y desvalidos, y consolidando casales en la comarca de la Plana y la capital valentina a lo largo de la época feudal y durante la época de la Monarquía.
Filológicamente procede de un microtopónimo de raigambre pirenaica y aragonesa, vinculado a las voces orográficas prelatinas o prerromanas que aluden a riscos escarpados, puertos de montaña o pasos elevados (ale- / *alp-), o bien derivado por metátesis y evolución dialectal romance de la raíz toponímica montañesa Allepuz / Alepuz (enclave de áspera serranía del Sistema Ibérico aragonés).
En las crónicas de armas, procesos de infanzonía y registros notariales de los reinos forales alternó la grafía canónica Alepus con la variante con terminación sibilante interdental Alepuz, la forma con vocal o Alepos, la variante sincopada Alapuz y las fórmulas nobiliarias de pertenencia (d'Alepus o d'En Alepus), reconociéndose en todas las escribanías de hidalguía la indivisible unidad del tronco linajudo.
Quedó consignado en los libros de repartimiento foral, en los censos de infanzones de Aragón y en los registros de la Real Cancillería desde el siglo XIII como linaje de personas de condición generosa e hijosdalgo notorios de sangre (de Alepuz).
La estirpe mantuvo su más antiguo solar documentado en las ásperas montañas del Reino de Aragón, en comarcas de frontera donde sus caballeros gozaron inmemorialmente del fuero de infanzonía militar de carta y sangre, exención de tributos pecheros y derecho de portar armas de guerra.
Pedro de Alepus, caballero de singular arresto y pericia bélica, siguió la suerte del soldado aventurero y capitán de fortuna en la vanguardia de la Reconquista.
Su proverbial fama de valeroso y su acreditada reputación táctica alcanzaron tal eco en las líneas enemigas que los caudillos moros de la villa de Nules quisieron atraerlo formalmente a su partido, ofreciéndole prebendas para contar con su espada; sin embargo, lejos de quebrantar su fe o prestar oídos a las ofertas sarracenas, reafirmó su inquebrantable lealtad al servicio de la hueste cristiana.
Tomó parte principal en la expugnación de la estratégica fortaleza de Almenara, plaza llave del litoral levantino.
Se distinguió con bizarría en los sangrientos combates en torno a la colina y castillo de El Puig de Santa Maria, decisivo enclave previo al asedio de la capital.
Combatió en el asedio y capitulación de la ciudad de Valencia (1238) y continuó en la vanguardia militar hasta la expugnación de la inexpugnable plaza de Xàtiva.
El heroísmo y la fidelidad de don Pedro de Alepus fueron ampliamente premiados por la Corona con ricas heredades, alquerías y tierras francas en el reparto foral.
Paralelamente a sus hazañas marciales, las crónicas destacan su piedad cristiana y magnanimidad, habiendo empleado gran parte de sus riquezas y botines de guerra en amparar a los pobres, vestir a los desvalidos y erigir memorias pías y limosnas para los huérfanos de la guerra.
Caballeros de la estirpe mantuvieron posesiones alodiales, casas solariegas y vínculos de parentesco en las veguerías de Lleida (en las comarcas limítrofes con Aragón), el campo de Tarragona y la diócesis de Girona, acudiendo a las llamadas de somatén y levas de hombres de armas.
Ramas de esta casa fijaron residencia en la capital condal a partir de los siglos XV y XVI, ingresando formalmente en el encumbrado estamento de Ciudadanos Honrados de Barcelona.
Desempeñaron oficios concejiles en el Consell de Cent, cargos en la administración patrimonial de la Generalitat de Catalunya y plazas de letrados en la Real Audiencia de Cataluña.
En los censos y fogatges generales de Cataluña constan registrados hogares bajo la grafía Alepus y d'Alepus como propietarios alodiales y personas de condición generosa e hijosdalgo de sangre.
A raíz de las heredades ganadas por Pedro de Alepus en el entorno de Almenara y la frontera castellonense, la estirpe arraigó con firmeza en la capital foral de Valencia y en villas de la comarca de la Plana de Castellón (Castellón de la Plana, Nules y Vila-real) y el Camp de Morvedre.
Ocuparon de forma continuada oficios concejiles de jurados (jurats), receptores de rentas del Real Patrimonio y escribanos de cámara, concertando alianzas matrimoniales con ilustres familias de la hidalguía de l'Horta y el estamento militar foral.
Miembros de la familia mantuvieron vínculos patrimoniales con villas aragonesas del valle del Ebro y de la serranía turolense, gozando de exención de pechas pecheras por fuero de infanzonía de sangre.
Miembros de las ramas de este apellido justificaron reiteradamente su nobleza de sangre, legitimidad de cuna y limpieza de linaje para acceder al desempeño de cargos concejiles, regidurías y oficios preeminentes reservados estrictamente al estado noble.
Tuvieron llamamiento, voz y voto inmemorial en el brazo de caballeros e infanzones en las Cortes de Aragón, en el estamento militar en las Cortes del Reino de Valencia y en el brazo militar en las Cortes del Principado de Cataluña.
Justificaron su infanzonía y nobleza de sangre ante la Real Audiencia de Zaragoza, la Real Audiencia de Valencia, la Real Audiencia de Cataluña y la Chancillería.
Probaron pureza genealógica ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Zaragoza, Valencia y Barcelona para el ejercicio de empleos de familiares y comisarios.
Vistieron hábitos de órdenes de caballería de la Monarquía (Montesa, San Juan de Jerusalén y Carlos III).
Armas

Las de Pedro de Alepus que sirvió al Rey don Jaime I en la conquista de Valencia y que nombra en sus Trovas Jaume Febrer y los de Valencia traen: En campo de oro, un medio vuelo bajado de sinople.


