Alfique
El linaje Alfique (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y censos de hidalguía bajo las fórmulas tradicionales d'Alfique, de Alfique, o en sus variantes romances y grafías afines Alfeque, Alfiques y Alfiqui) constituye una preclara estirpe de singularísima rareza onomástica, hondo calado histórico y probada hidalguía concejil en la Corona de Castilla, nacida al compás de las trascendentales campañas de reconquista, pacificación de fronteras y repoblación bajomedieval en Andalucía, con solares matrices de arraigada solera en las tierras occidentales de Huelva y en las campiñas limítrofes del reino de Sevilla, desde donde sus miembros proyectaron casales agrícolas francos, oficios de caballería de cuantía y ramas hidalgas hacia otras demarcaciones andaluzas y los virreinatos del Nuevo Mundo a lo largo de la Edad Moderna.
El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, locativo y de posesión territorial alodial, surgiendo a partir del nombre de una heredad rústica, coto, torre vigía o antigua alquería fortificada andalusí incorporada a los términos de realengo tras el avance castellano de los siglos XIII al XV; nació bajo la fórmula de distinción feudal de Alfique, otorgada originalmente a caballeros repobladores, hombres de armas o hidalgos de cuño concejil que recibieron en los repartos reales heredades de pan llevar, viñas o el señorío menor de un paraje caracterizado por este orónimo o microtopónimo, adoptando la voz como cognomento patronímico hereditario para certificar de forma indubitada la propiedad legítima de la tierra, la exención de cargas serviles y el arraigo del linaje; las casas solares más antiguas documentadas con esta grafía exacta radicaron históricamente en la provincia de Huelva (con asiento en villas del Condado de Niebla, la cuenca minera y la Tierra Llana) y en áreas limítrofes de la provincia de Sevilla (comarcas del Aljarafe y las riberas del Guadiamar), donde sus descendientes formaron parte del estamento de la pequeña nobleza rural, regidores de realengo y jurados municipales.
Etimológicamente procede de la asimilación al romance medieval del artículo determinado hispano-árabe al- «el» o «la») yuxtapuesto a una raíz léxica andalusí derivada del término fīq o al-fīq (relacionado con «paso estrecho», «collado», «corte de agua» o «peñasco vigía») o bien emparentada fonéticamente con voces que aluden a construcciones rurales, molinos hidráulicos o pequeñas torres de resguardo agrícola (al-fiqq o al-fuqayq, «el desfiladero» o «el pequeño portillo fortificado»); en la documentación notarial, eclesiástica y capitular andaluza de los siglos XV al XVIII, la fórmula de Alfique experimentó una progresiva contracción hasta consolidarse como apellido paroxítono regular inalterable, manteniendo una notable fijeza gráfica que evitó su disolución en otras variantes toponímicas más extendidas.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Huelva (con dilatada presencia en las demarcaciones históricas de Niebla, Moguer, Valverde del Camino y la serranía onubense), la provincia de Sevilla (el Aljarafe, Sanlúcar la Mayor y Sevilla capital), la provincia de Cádiz (Jerez de la Frontera y el entorno de la bahía), la villa y corte de Madrid, y, a raíz del dinamismo portuario de la Baja Andalucía y la Carrera de Indias entre los siglos XVI y XVIII, en diversos enclaves de ultramar, singularmente en el Virreinato de Nueva España y el Virreinato del Perú; en las villas onubenses y sevillanas, los Alfique figuraron empadronados en los padrones de hijosdalgo y en los libros de acuerdos capitulares, ostentando la titularidad de haciendas olivareras, vínculos familiares y derechos de pasto libre; en la actualidad es un apellido de extraordinaria singularidad y reducida frecuencia demográfica, considerado una auténtica joya de la antroponimia toponímica hispánica.
A lo largo de la Edad Moderna, los miembros de la casa de Alfique mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el ejercicio de la administración municipal de realengo, la milicia comunal y la preservación de sus prerrogativas estamentales:
Para salvaguardar su condición hidalga frente a las imposiciones de los recaudadores de tributos pecheros, miembros de este linaje litigaron y justificaron su calidad de hijosdalgo de cuño notorio e incompatibilidad de pechos ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada, obteniendo testimonios de vecindad hidalga y cartas de amparo que blindaron su fuero frente al pago de pechos ordinarios, pedidos, cuarteles reales y repartimientos del estado llano.
En el plano municipal, desempeñaron oficios concejiles de jurados, alcaldes de la santa hermandad por el estado noble, depositarios de bienes y procuradores síndicos en los cabildos onubenses y sevillanos, interviniendo en la ordenación de las dehesas y las rentas comunales.
En el ámbito militar, miembros del linaje prestaron servicio en las compañías de caballería de cuantía y en los regimientos de milicias provinciales organizados para la defensa de la costa atlántica andaluza y la desembocadura de los ríos Tinto, Odiel y Guadalquivir frente a las incursiones de corsarios berberiscos y armadas enemigas.
Justificaron ante las vicarías eclesiásticas de la archidiócesis hispalense su legitimidad de nacimiento y limpieza de cuatro costados para acceder a capellanías, mayordomías de cofradías de caballeros y beneficios menores de patronato familiar.
El linaje cuenta con una sólida constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Granada (secciones de Hidalguía y Pleitos Civiles); en el Archivo Histórico Provincial de Huelva y el Archivo Histórico Provincial de Sevilla (dentro de los protocolos notariales de los siglos XVI al XVIII); en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de Pasajeros y licencias de embarque; en los fondos municipales de Niebla y Moguer; y en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de las parroquias históricas del obispado de Huelva y de la sede hispalense.
Entre sus personajes más destacados figuraron los primeros repobladores y hacendados del término onubense en el siglo XV; jurados y alcaldes de hermandad que gobernaron concejos del Condado durante los siglos XVI y XVII; oficiales de milicias que custodiaron las atalayas litorales de la costa atlántica; hacendados que fundaron memorias pías y capellanías dotadas con rentas de sus heredades alodiales; y colonos que pasaron a las Indias Occidentales para integrarse en la administración y comercio virreinal.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de hidalguía de sangre notoria y solar de cuño concejil en la Corona de Castilla, amparada en las ordenanzas de hijosdalgo y en las costumbres forales de Andalucía. Sus miembros disfrutaron de exención del pago de tributos serviles y pecheros, derecho al uso de armas y espada noble, y acceso reservado a los oficios concejiles preeminentes; los testimonios emanados de las Chancillerías y acuerdos consistoriales ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de casa y solar conocido.
Sus casas solares, casales y heredades principales radicaron originariamente en las casonas de sillería y ladrillo de las villas del Condado de Niebla y la Tierra Llana de Huelva; en las haciendas alodiales de las comarcas limítrofes del Aljarafe sevillano; en las residencias avecindadas en la ciudad de Sevilla; en las casas de la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar.
Su difusión territorial se produjo siguiendo las rutas naturales que enlazan el bajo Guadalquivir con los puertos del litoral onubense y gaditano, canalizándose paralelamente hacia la Carrera de Indias, enlazando matrimonialmente con familias de la hidalguía rural andaluza, del patriciado concejil y de los labradores hacendados antes de su plena integración en las estructuras modernas de la Monarquía.
Armas

En campo de gules, dos lobos, de oro, pasantes y puestos en palo.

Otros: En campo de gules, una noria, de oro.


