Alfocea
El apellido Alfocea es un linaje noble de origen netamente toponímico y aragonés. Cuenta con una gran singularidad debido a su baja frecuencia actual y posee una trayectoria histórica fascinante que ejemplifica el avance de los caballeros de la Corona de Aragón durante la Reconquista hacia el sur peninsular.
El apellido se asignó originalmente de forma hereditaria a las familias que procedían de un paraje, heredad o antiguo caserío medieval fortificado conocido bajo este nombre en las tierras altas del Reino de Aragón. En la Edad Media aragonesa, bautizar a un linaje con el nombre del enclave o la dehesa de origen era el mecanismo prioritario para certificar la legitimidad de la propiedad y el arraigo familiar.
Los registros más arcaicos vinculan los solares infanzones de este linaje a la comarca de Calatayud y la cuenca del río Jalón. En estas tierras de geografía abrupta, los Alfocea formaron parte de la baja nobleza rural aragonesa (los infanzones), lo que les otorgaba privilegios de gran calado: exención absoluta de tributos comunes, derecho a portar armas y la prerrogativa de ser juzgados únicamente por el Justicia de Aragón.
Al igual que ocurrió con muchos otros linajes de la hidalguía aragonesa, los Alfocea participaron activamente en las huestes reales que acompañaron la expansión de la Corona de Aragón y de la Corona de Castilla hacia el sur y el levante.
Siguiendo las rutas de repoblación de los siglos XIV y XV, ramas de la casa aragonesa de Alfocea se establecieron con notable éxito en el Reino de Murcia (con especial fuerza en comarcas fronterizas) y en el sur del Reino de Valencia (provincia de Alicante), donde echaron raíces definitivas y sus miembros probaron su nobleza ante las justicias locales para acceder a los cargos de regidores y alcaldes concejiles.
Armas
Escudo partido: 1º, de azur con olas marinas de azur y plata, y 2º, de gules, con una torre de plata, bordura de oro con ocho aspas de gules; medio cortado de oro con una encina de sinople de tres ramas.
Otros: En azur, tres coronas antiguas, de oro, de cinco puntas, bien ordenadas. Bordura de plata, con cuatro lobos andantes, de sable, uno en cada uno de sus centros.
Los originarios de Granada, según Vicente de Cadenas: En campo de plata, dos granadas, de oro y gules, puestas en palo.


