Alférez

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El linaje Alférez (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y armoriales bajo las variantes tradicionales Alferez, d'Alférez, de Alférez, o en sus fórmulas arcaicas el Alférez, Alfeirez y Alferes) constituye una esclarecida, ilustre y noble estirpe de indiscutible naturaleza militar, rancia solera heráldica y probada hidalguía de sangre en la Corona de Castilla, nacido a partir de una de las más elevadas dignidades castrenses y cortesanas de la Edad Media, con solares matrices de inmemorial antigüedad en el Reino de León y en las montañas de Burgos, proyectando desde el norte peninsular casales armeros, encomiendas y ramas de hidalguía terrateniente hacia Andalucía (con singular relieve en Jaén, Granada y Córdoba), el Reino de Murcia y los virreinatos del Nuevo Mundo a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.

El origen de este linaje es rigurosamente funcional, castrense y de oficio honorífico de armas:

Procede de la alta dignidad medieval de alférez (oficial militar preeminente encargado de portar y defender la señera, estandarte real o pendón concejil en el campo de batalla, además de ostentar el mando táctico de las huestes en ausencia o subordinación directa del monarca o del señor feudal).

Los primeros caballeros que adoptaron este apelativo como apellido patronímico hereditario de solar y condición conocido (el Alférez / Alférez) fueron insignes hidalgos y capitanes que ejercieron esta dignidad con carácter hereditario o de tenencia continuada en los ejércitos reales del Reino de León y en las merindades y tierras altas de Burgos.

Desde estos solares norteños, esforzados capitanes de la estirpe pasaron a la vanguardia de las campañas de la Reconquista hacia el mediodía peninsular; a partir del siglo XV, el linaje echó raíces profundas y señoriales en el sur peninsular, integrándose en el patriciado urbano y en la hidalguía terrateniente de las demarcaciones de Jaén (Úbeda, Baeza y Andújar), Granada, Córdoba y el Reino de Murcia, territorio este último donde la casa Alférez gozó de una presencia ecuestre, miliciana y de regimiento de extraordinario relieve.

Etimológicamente procede de la asimilación al romance medieval del vocablo hispano-árabe al-fāris (الفارس, «el jinete», «el caballero armado», «el paladín que combate a caballo»), término que en el contexto institucional de los reinos cristianos peninsulares pasó a designar formalmente al abanderado real y portaestandarte mayor (signifer en el latín diplomático de las cancillerías regias leonesas y castellanas); en la documentación notarial, eclesiástica y chancilleresca de los siglos XIII al XVIII, la voz figuró con la grafía medieval Alferez y la moderna acentuada Alférez, precedida con frecuencia en los textos tempranos del artículo o la preposición (el Alférez o de Alférez), consolidándose como cognomento patronímico hereditario inalterable de solar, linaje y armas conocido.

Históricamente se distribuyó por el Reino de León (León capital, Astorga y comarcas del Bierzo), la provincia de Burgos (Burgos capital, comarcas de las Merindades y la Bureba), Andalucía (con dilatado asiento en Jaén, Úbeda, Baeza, Granada, Córdoba y Sevilla), el Reino de Murcia (Murcia capital, Lorca, Caravaca y Cartagena), Castilla-La Mancha (Albacete, Alcaraz y Ciudad Real), la villa y corte de Madrid, y, a partir de las corrientes de descubrimiento y gobernación indiana, en los virreinatos de Nueva España, Perú y el Nuevo Reino de Granada; en las ciudades andaluzas y murcianas, los Alférez formaron parte activa del estamento de caballeros e hijosdalgo de realengo, ostentando la titularidad de mayorazgos, ricas heredades rústicas, vínculos de capellanía y asientos en los cabildos concejiles; en la actualidad es un apellido de notable interés onomástico y moderada frecuencia demográfica en España e Hispanoamérica, conservando sus mayores núcleos de implantación en Andalucía, la Región de Murcia, la Comunidad de Madrid y Castilla y León.

A lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, los miembros de la casa de Alférez mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental y el gobierno municipal:

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, numerosos caballeros de este apellido promovieron y ganaron rigurosos pleitos de hidalguía, nobleza y limpieza de sangre ante las Salas de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada y de la Real Chancillería de Valladolid, certificando con testimonios fehacientes, padrones de moneda forera y memorias de sus casales matrices que eran hijosdalgos notorios de sangre de casa y solar conocido, blindando con Reales Provisiones Ejecutorias su exención absoluta del pago de pechos ordinarios, pedidos, cuarteles reales y repartimientos pecheros del estado llano.

En el Reino de Murcia y en las urbes del reino de Jaén y Granada, ejercieron secularmente oficios reservados al estamento de caballeros, tales como regidores perpetuos por el estado noble, alcaldes ordinarios de hijosdalgo, alcaldes de la santa hermandad, alféreces mayores de pendón concejil y procuradores en Cortes.

En el plano militar, mandaron compañías de caballería de lanzas y milicias concejiles para la guarda de las costas frente a los corsarios berberiscos y la custodia de las fronteras del Reino de Granada, participando asimismo oficiales del linaje en los Tercios de Flandes y de Nápoles.

Acreditaron formalmente su legitimidad de cuna y cristiandad vieja para ingresar en cofradías nobiliarias de caballeros hidalgos y para ejercer oficios de familiares y alguaciles mayores del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Murcia, Granada, Córdoba y Valladolid.

El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Granada y en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (dentro de las series de Hidalguía, Ejecutorias y Pleitos Civiles); en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), dentro de las secciones de Órdenes Militares, Inquisición y Consejos Suprimidos; en el Archivo General de la Región de Murcia; en los fondos notariales de los Archivos Históricos Provinciales de Jaén, Granada, Córdoba, León y Burgos; en el Archivo General de Indias (Sevilla); y en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de las parroquias históricas castellanas y andaluzas desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron esforzados capitanes y alféreces mayores que custodiaron las enseñas reales en las campañas de Alfonso IX de León y Fernando III el Santo; regidores y veinticuatros que gobernaron los concejos de Jaén, Baeza y Murcia durante los siglos XVI y XVII; capitanes de caballería que sirvieron a la Corona en la Guerra de Granada y en la repoblación de las alpujarras; dignidades eclesiásticas y canónigos de las catedrales de Jaén, Granada y Murcia que instituyeron capellanías y fundaciones pías con rentas alodiales; y oficiales de la Real Armada y de los regimientos de milicias que pasaron a la administración virreinal indiana.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre notoria, hijosdalgos de casa y solar conocido, caballeros de fuero militar y hombres de armas poner en la Corona de Castilla, amparada en las Leyes de Toro, las Partidas y las ordenanzas forales de hijosdalgo. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a cargas pecheras, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al porte de espada y armas nobles, y del acceso reservado a los oficios concejiles de honor; las Reales Cartas Ejecutorias dictadas por las Reales Chancillerías ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.

Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en los solares hidalgos del Reino de León y en las tierras altas y merindades de la provincia de Burgos; en las casonas de mayorazgo de Jaén, Úbeda, Baeza y Andújar; en los casales nobles levantados en Granada y Córdoba; en las casas principales del Reino de Murcia (Murcia capital, Lorca y Caravaca); en las haciendas solariegas de Sevilla y tierras de Alcaraz (Albacete); en las residencias avecindadas en la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar (México y Nueva Granada).

Su difusión territorial se articuló a través de los corredores militares de la Reconquista que descienden desde las montañas cantábricas y el valle del Duero hacia las mesetas del Tajo y del Guadiana, canalizándose seguidamente por los pasos de Despeñaperros hacia el valle del Guadalquivir y por los cursos del Segura y del Guadalentín hacia el litoral murciano, enlazando matrimonialmente con esclarecidas familias de la nobleza militar castellana, de los regidores concejiles y del patriciado terrateniente antes de su plena integración en las instituciones modernas de la Corona.


Armas

Escudo de armas

En campo de gules, tres bandas de oro. Bordura de sable, con ocho aspas de oro.

Escudo de armas

Juan José Vilar y Psayla señala las siguientes: En campo de gules, tres barras de oro. Bordura de sable, con ocho aspas de oro.

Escudo de armas

Los de las Montañas de León usan: En campo de oro, tres fajas de gules. Bordura de sable, con ocho aspas de oro.