Algara
El linaje Algara (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y padrones de hidalguía bajo las fórmulas tradicionales d'Algara, de Algara, o en sus variantes gráficas afines Algarra y de la Algara) constituye una preclara, noble y esclarecida estirpe de matriz toponímica e inmemorial hidalguía de sangre en el norte de la península ibérica, originaria de la franja territorial y montañosa de transición entre el Señorío de Vizcaya, la marina de Cantabria y las merindades del norte de Burgos, proyectando desde sus casales solariegos cántabro-burgaleses ramas de notoria hidalguía hacia la corte de Madrid y, de forma prominente a partir del siglo XVIII, hacia el Virreinato de la Nueva España (México), donde fundó una de las más ilustres y encumbradas dinastías de patriciado terrateniente, juristas, diplomáticos e intelectuales de la época virreinal e independiente.
El origen de este linaje es netamente toponímico, geográfico y de asentamiento foral de solar conocido:
Las crónicas nobiliarias y los protocolos escribaniles sitúan sus casas y torres solares matrices más antiguas en el área limítrofe entre Cantabria y las Encartaciones del Señorío de Vizcaya, en un entorno orográfico caracterizado por praderías, collados y pequeñas heredades alodiales francas.
Desde este enclave norteño, ramas del linaje pasaron a las merindades septentrionales de la provincia de Burgos, fundando casas solariegas y de armas poner de gran arraigo en el histórico Valle de Mena y en el término señorial de Medina de Pomar, donde sus miembros gozaron del estatuto inmemorial de hijosdalgos notorios de sangre.
En el siglo XVIII, caballeros de esta estirpe pasaron a la Nueva España, donde alcanzaron un influyente predicamento socioeconómico y político; se asentaron con notable poderío territorial y hacendístico en el estado de San Luis Potosí y en la Ciudad de México, enlazando matrimonialmente con las más distinguidas familias de la nobleza titulada y el patriciado novohispano (sobresaliendo líneas de enorme relieve como los Algara y Cervantes y los Algara y Gómez de la Cortina, emparentados directamente con los condes de la Cortina).
Etimológicamente procede de una doble vertiente lingüística según el contexto regional: en su sustrato vasco-cántabro septentrional, el término deriva de la raíz euskérica alga / elge («campo», «prado de labor», «pastizal») o albo- / albor- («lado», «ladera»), combinada con el artículo o sufijo locativo -a (algara), con el significado de «el praderío», «la pastura comunal» o «el paraje de la ladera»; de forma paralela en el castellano medieval, la voz algara se asimiló del hispano-árabe al-gāra («la incursión militar rápida», «la cabalgada de vanguardia para explorar o hostigar al enemigo»), término militar de frontera adoptado frecuentemente como apodo de esforzados adalides y jinetes de caballería que realizaban dichas acciones tácticas; en los registros notariales y ejecutorias de los siglos XVI al XIX, la voz se fijó de manera inalterable bajo la forma paroxítona Algara, consignada como cognomento patronímico hereditario de linaje, solar y armas conocido.
Históricamente se distribuyó por la zona limítrofe cántabro-vizcaína (valles orientales de Cantabria y Encartaciones de Vizcaya), la provincia de Burgos (con epicentro secular en el Valle de Mena, Medina de Pomar, Villarcayo y comarcas de las Merindades), la provincia de Santander, la villa y corte de Madrid, y el continente americano, singularmente en el Virreinato de la Nueva España (Ciudad de México, San Luis Potosí, Guanajuato y Puebla); en el México virreinal e independiente, los Algara destacaron como hacendados mineros y agrícolas, regidores capitulares, diplomáticos de carrera, jurisconsultos de la Real Audiencia y ministros de estado; en la actualidad es un apellido de dilatada solera histórica, nobleza y singular frecuencia demográfica, conservando una presencia continuada en España (Cantabria, País Vasco, Burgos y Madrid) y en México.
A lo largo de la Edad Moderna y la Edad Contemporánea, los miembros de la casa de Algara mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la alta administración virreinal, la carrera eclesiástica y el foro de justicia:
Para salvaguardar su fuero de nobleza de sangre inmemorial y mantener la exención absoluta del pago de pechos ordinarios, pedidos, cuarteles reales y monedas foreras, caballeros de las ramas burgalesas y cántabras litigaron y ganaron solemnes pleitos ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que certificaron su calidad de hijosdalgos notorios de solar conocido.
En la Nueva España, miembros del linaje desempeñaron oficios de regidores perpetuos por el estamento noble, alcaldes ordinarios de cabildo, jueces de letras y oidores, interviniendo en la gobernación municipal de San Luis Potosí y de la capital novohispana.
Ingresaron en órdenes nobiliarias de honor, como la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, y en corporaciones ecuestres, acreditando rigurosos expedientes de legitimidad de cuna y limpieza de cuatro costados.
Entre los siglos XIX y XX, la rama mexicana de los Algara dio encumbradas figuras a la diplomacia y las leyes: Francisco Algara y Gómez de la Cortina, ministro y magistrado; Ángel Algara y Cervantes, distinguido diplomático que representó a la nación en embajadas europeas; e insignes letrados vinculados a la Real y Pontificia Universidad de México y al Supremo Tribunal de Justicia.
El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (secciones de Hidalguía, Ejecutorias y Pleitos Civiles); en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), dentro de las secciones de Órdenes Militares, Inquisición y Consejos Suprimidos; en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de Audiencia de México, Pasajeros a Indias y Contratación; en el Archivo Histórico Provincial de Burgos y protocolos de Medina de Pomar y Valle de Mena; en el Archivo General de la Nación (México), dentro de los ramos de Hidalguía, Vínculos, Tierras y Reales Cédulas; en el Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí; y en los libros sacramentales de las parroquias históricas cántabras, burgalesas y mexicanas desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron los hidalgos de solar de las Encartaciones y el Valle de Mena en los siglos XV y XVI; don Francisco de Paula Algara, acaudalado hacendado y hombre de leyes en el San Luis Potosí virreinal del siglo XVIII; don Manuel Algara, jurista y diplomático de relieve internacional; las dignidades de las líneas enlazadas con los marquesados y condados novohispanos (como los condes de la Cortina y los marqueses de Salinas del Río Pisuerga); y prelados y canónigos capitulares de la Catedral Metropolitana de México y de la Colegiata de Guadalupe que instituyeron ricas capellanías familiares y patronatos alodiales.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre notoria, hijosdalgos de casa y solar conocido en Castilla y las montañas cantábricas, y miembros de la aristocracia terrateniente y patricia en la Nueva España, amparada en las Leyes de Castilla y en los fueros generales de hijosdalgo. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a cargas comunes y serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso reservado a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias dictadas por la Chancillería de Valladolid y las provisiones virreinales ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.
Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en las casonas de sillería de la franja fronteriza entre Cantabria y Vizcaya; en las casas fuertes y palacetes hidalgos del Valle de Mena y de Medina de Pomar (Burgos); en las residencias nobles levantadas en la villa y corte de Madrid; en las opulentas casonas señoriales y haciendas mineras y de campo del estado de San Luis Potosí; y en las mansiones palaciegas del centro histórico de la Ciudad de México.
Su difusión territorial se produjo de manera orgánica descendiendo desde las montañas septentrionales cantábricas y burgalesas hacia los nudos administrativos castellanos, canalizándose paralelamente hacia los puertos atlánticos de la Carrera de Indias hacia Veracruz y el Altiplano mexicano, sellando alianzas matrimoniales con distinguidas casas de la nobleza titulada indiana, de los caballeros de hábito y del patriciado letrado antes de su plena integración en las instituciones modernas y contemporáneas.
Armas

En campo de oro, cinco estrellas de azur puestas en círculo.


