Algarra
El linaje Algarra (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y armoriales bajo las fórmulas tradicionales d'Algarra, de Algarra, o en sus variantes romances y grafías afines Algara, Algarras y de la Algarra) constituye una preclara, ilustre y noble estirpe de matriz netamente toponímica foral, rancio abolengo y probada hidalguía de sangre en la Corona de Castilla, íntimamente vinculada por su posición fronteriza a la Corona de Aragón, con cuna solariega e histórica en la Serranía de Cuenca, desde donde sus caballeros proyectaron casales armeros, ricas posesiones alodiales y ramas de caballería e infanzonía hacia el Reino de Valencia, el Reino de Aragón (provincia de Teruel), las tierras andaluzas de Granada, Córdoba y Jaén, y la corte de Madrid a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.
El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, territorial y militar, procediendo directamente de la histórica villa y municipio de Algarra, emplazada en la comarca de la Serranía Baja de Cuenca, en una posición orográfica dominante sobre las hoces y estribaciones montañosas que descienden hacia el río Ojos de Moya; tras la reconquista de Cuenca en 1177 por el rey Alfonso VIII de Castilla, la villa y el Castillo de Algarra se erigieron en un enclave fortificado de primer orden estratégico, constituyendo una plaza fuerte clave para la guarda de las fronteras castellanas frente a los dominios musulmanes del mediodía y el limes territorial de la Corona de Aragón; los caballeros de mesnada, alcaides e hijosdalgo que asumieron la custodia armada de su fortaleza y recibieron heredamientos alodiales en su término adoptaron el nombre de la villa como apellido patronímico hereditario de solar y condición conocido (de Algarra / Algarra); desde esta matriz conquense, diversas ramas del linaje se expandieron con rapidez: hacia el este peninsular, cruzaron la divisoria foral para fundar solares de infanzonía en la provincia de Teruel (Aragón) y afianzarse en el Reino de Valencia (con dilatada presencia en las comarcas del Camp de Morvedre, l'Horta y el Camp de Túria); hacia el sur, caballeros de esta casa se sumaron a las mesnadas cristianas en las campañas de avance y repoblación de Andalucía, fundando influyentes casas solariegas y de cuantía en las provincias de Granada, Córdoba y Jaén, integrándose en el patriciado concejil de realengo y en la gobernación municipal.
Etimológicamente procede de la asimilación al romance castellano medieval de una base léxica hispano-árabe: deriva de al-gār («la cueva», «la caverna», «el abrigo o fosa en la roca»), modificada con un sufijo romance o andalusí diminutivo o colectivo -a / -ra (al-ġāra o al-gār-a, «el paraje de las cuevas» o «el peñasco horadado»), aludiendo de manera descriptiva al terreno calizo, abrupto y provisto de covachas sobre el que se levantó la fortificación medieval; paralelamente, la onomástica militar de frontera relaciona el étimo con la voz árabe al-gāra («la incursión militar rápida», «la algara» o «cabalgada de sorpresa contra el enemigo»), designación táctica que caracterizó las acciones armadas de los defensores de esta plaza serrana; en la documentación notarial, eclesiástica y foral de los siglos XIII al XVIII, el vocablo se mantuvo con extraordinaria fijeza fonética y gráfica bajo la forma paroxítona Algarra, consolidándose como un cognomento patronímico hereditario inalterable de linaje, solar y armas conocido.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Cuenca (Algarra, Moya, Cañete, Priego y Cuenca capital), el Reino de Aragón (provincia de Teruel, con asiento en Albarracín, Mora de Rubielos y Teruel capital), el Reino de Valencia (Valencia capital, Sagunt, Llíria y comarcas de la Ribera), Andalucía (Granada capital, Baza, Guadix, Córdoba, Montoro, Jaén, Úbeda y Baeza), la provincia de Albacete, la villa y corte de Madrid, y, con posterioridad al siglo XVI, en diversos virreinatos americanos (con destacadas ramas en Nueva España y el Perú); en las villas andaluzas y serranas, los Algarra integraron las oligarquías regidoras y las corporaciones de hijosdalgo, ostentando la posesión de fincas de labor, vínculos de mayorazgo y patronatos píos; en la actualidad es un apellido de notable interés onomástico y moderada frecuencia demográfica en España, conservando sus mayores núcleos de concentración en la Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla-La Mancha, Cataluña y la Comunidad de Madrid.
A lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, los miembros de la casa de Algarra mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental y la justicia concejil:
Para salvaguardar su condición hidalga frente a las imposiciones tributarias pecheras y mantener la exención absoluta frente a pechos, pedidos, cuarteles reales, alcabalas y monedas foreras, miembros de las distintas ramas castellanas y andaluzas promovieron y ganaron solemnes pleitos ante las Salas de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada y de la Real Chancillería de Valladolid, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que blindaron su fuero noble.
En el Reino de Aragón, caballeros de esta estirpe justificaron su calidad de infanzones de sangre ante la Real Audiencia de Zaragoza, demostrando su legítima cuna y nobleza inmemorial para acceder a oficios de regimiento y al porte de armas.
En el Reino de Valencia, miembros del linaje integraron las compañías forales de milicias urbanas y de caballería concejil, desempeñando cargos de jurados (jurats), consellers y justicias en diversas villas forales.
Desempeñaron de forma secular los oficios concejiles de regidores perpetuos por el estado noble, alcaldes ordinarios de hijosdalgo, alféreces mayores y alcaldes de la santa hermandad en los concejos de Cuenca, Moya, Granada y Córdoba.
Probaron rigurosamente su nobleza y cristiandad vieja para ejercer oficios de familiares y alguaciles mayores del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Cuenca, Granada, Córdoba y Valencia.
El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Granada y en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (dentro de las series de Hidalguía, Ejecutorias y Pleitos Civiles); en el Archivo Histórico Provincial de Cuenca y el Archivo Diocesano de Cuenca (con protocolos notariales y censos de hidalguía de la Serranía desde el siglo XV); en los fondos de Procesos de Infanzonía del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza; en el Archivo del Reino de Valencia; en los fondos notariales de los Archivos Históricos Provinciales de Granada, Córdoba y Jaén; en la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional (Madrid); y en los libros sacramentales de las parroquias históricas conquenses, andaluzas y valencianas desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron caballeros y alcaides del Castillo de Algarra que sostuvieron la frontera conquense en los siglos XII y XIII; regidores y jurados que gobernaron los concejos de la Serranía de Cuenca y villas andaluzas durante los siglos XVI y XVII; capitanes de infantería y caballería que sirvieron a la Monarquía Hispánica en la Guerra de Granada y en las levas de los Tercios; canónigos capitulares y prelados de las catedrales de Cuenca, Granada y Valencia que instituyeron capellanías y fundaciones pías con rentas alodiales; y letrados que ejercieron como procuradores de causas y oidores en las reales audiencias.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre notoria en Castilla, infanzones de armas poner en el Reino de Aragón y miembros de la nobleza foral en el Reino de Valencia, amparada en las Leyes de Castilla y los fueros tradicionales de la Corona de Aragón. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a pechos comunes y cargas serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso reservado a los oficios concejiles de honor; las Reales Sentencias dictadas por las Reales Chancillerías y Audiencias ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.
Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en la histórica villa y castillo de Algarra y el marquesado de Moya (Cuenca); en los casales de infanzones de la provincia de Teruel (Albarracín y Teruel capital); en las casas principales avecindadas en el Reino de Valencia (Valencia capital y Sagunt); en las casonas de mayorazgo de Granada, Baza, Córdoba y Jaén; en las residencias nobles levantadas en la ciudad de Cuenca; en las casas de la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar (México y Lima).
Su difusión territorial se articuló a través de los pasos naturales de la Serranía de Cuenca que comunican con las tierras altas turolenses y la cuenca del Turia hacia el litoral levantino, canalizándose seguidamente por las rutas del Júcar y las calzadas de La Mancha hacia los pasos de Despeñaperros y el valle del Guadalquivir, enlazando matrimonialmente con esclarecidas familias de la hidalguía serrana castellana, de la infanzonía aragonesa y de los regidores concejiles andaluces antes de su plena integración en las instituciones modernas de la Corona.
Armas

En campo de azur, tres veneras, de oro, puestas en triángulo.

Otros, también de Navarra, traen: Escudo partido: 1º, en campo de azur, tres veneras, de oro, puestas en triángulo, y 2º, en campo de gules, un castillo, de plata.

Los de Guipúzcoa y sus ramas en Castilla, Andalucía, Cataluña, Valencia, traen: En campo de oro, un lobo, de sable, detrás de una reja, de sable, y en la parte inferior del escudo tres panelas, de sinople, puestas en faja.


