Algarín, Algarines
El linaje Algarín (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y padrones de hidalguía bajo las variantes tradicionales Algarin, d'Algarín, de Algarín, o en las fórmulas medievales arcaicas Algarines y de Algarín) constituye una preclara, ilustre y noble estirpe de inmemorial antigüedad, rancia solera heráldica y probada hidalguía de sangre en la Corona de Castilla, con cunas matrices de indiscutible naturaleza toponímica y arraigo señorial emplazadas en el histórico Reino de Sevilla, irradiando desde la campiña sevillana casales armeros, ricas haciendas olivareras, patronatos píos y ramas de patriciado concejil hacia otras demarcaciones de Andalucía, la corte de Madrid y los virreinatos del Nuevo Mundo a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.
El origen de este linaje es primordialmente toponímico, geográfico y de asentamiento señorial alodial, derivado del nombre de un paraje rústico, coto, torre vigía o antigua alquería andalusí incorporada a los términos de realengo tras la reconquista del valle del Guadalquivir en el siglo XIII por Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio; los caballeros repobladores, hombres de armas e hidalgos de mesnada que recibieron en merced regia donadíos de pan sembrar, olivares y casas francas en dichos términos adoptaron la denominación como apellido patronímico hereditario de linaje y solar conocido (de Algarín / Algarín); las casas solares y de armas más antiguas y documentadas de esta estirpe radicaron históricamente en la provincia de Sevilla, con un protagonismo señorial indiscutible en villas de rancia solera de la campiña y la comarca de la Sierra Sur como Marchena, Arahal, Morón de la Frontera y la propia capital hispalense, donde sus miembros formaron parte del patriciado de caballeros hidalgos, regidores de concejo y hacendados de mayorazgo.
Etimológicamente procede de la asimilación al romance medieval del vocablo hispano-árabe al-ġār («la cueva», «la gruta», «la hondonada rocosa» o «el abrigo natural de peñas»), combinado con el sufijo romance o andalusí de carácter colectivo o diminutivo -īn (análogo a formaciones toponímicas del mediodía peninsular como Algarinejo o Algarrobina), aludiendo al «paraje de las cuevas», a la «heredad junto a las grutas» o al «arroyo encajonado entre peñas»; en la práctica notarial y escribanil de los siglos XV al XVIII, la voz experimentó fluctuaciones entre la forma singular aguda Algarín y la plural colectiva Algarines, consolidándose la grafía oxítona Algarín como apellido regular inalterable de linaje, solar y armas conocido.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Sevilla (Marchena, Arahal, Morón de la Frontera, Carmona, Osuna, Utrera, Paradas y Sevilla capital), la provincia de Cádiz (Jerez de la Frontera, Arcos de la Frontera y comarca de la Sierra de Cádiz), la provincia de Córdoba, la villa y corte de Madrid, y, con posterioridad a las intensas corrientes comerciales de la Carrera de Indias entre los siglos XVI y XVIII, en diversos virreinatos americanos (con destacadas ramas avecindadas en el Virreinato de Nueva España, el Perú y la Capitanía General de Puerto Rico); en las villas sevillanas, las familias Algarín integraron las oligarquías regidoras y las cofradías de hijosdalgo, ostentando la posesión de fincas rústicas de cereal y olivar, vínculos de capellanía y molinos harineros; en la actualidad es un apellido de notable interés onomástico y moderada frecuencia demográfica en España, conservando una acusada concentración en Andalucía (singularmente en la provincia de Sevilla), la Comunidad de Madrid y Cataluña.
A lo largo de la Edad Moderna, los miembros de la casa de Algarín mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental y la justicia concejil:
Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, miembros de las diferentes ramas del linaje promovieron y ganaron rigurosos procesos de probanza de hidalguía, nobleza de sangre y limpieza de cuatro costados ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Granada, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que certificaron su condición de hijosdalgos notorios de solar conocido, blindando con fuerza de ley su exención absoluta del pago de pechos ordinarios, pedidos, alcabalas, cuarteles reales, monedas foreras y repartimientos pecheros del estado llano.
En el ámbito concejil de Marchena, Arahal y Morón de la Frontera, desempeñaron secularmente oficios reservados en exclusiva al estamento noble, tales como alcaldes ordinarios por el estado noble, regidores perpetuos de realengo, alféreces mayores, alcaldes de la santa hermandad y procuradores síndicos.
En el plano militar, caballeros del linaje integraron las compañías de caballería de cuantía y las milicias provinciales organizadas para la defensa del reino frente a las sublevaciones moriscas y la vigilancia del litoral gaditano y sevillano frente a los corsarios berberiscos.
Acreditaron rigurosamente su legitimidad de cuna y ascendencia de cristianos viejos limpia de toda mácula de oficios mecánicos ante las autoridades eclesiásticas para ingresar como familiares y alguaciles mayores del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Sevilla y Córdoba, así como para fundar capellanías familiares y memorias de misas dotadas con rentas alodiales.
El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Granada (dentro de las series de Hidalguía, Ejecutorias y Pleitos Civiles); en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla (con amplias series de protocolos notariales de Marchena, Arahal, Morón y Sevilla desde el siglo XV); en el Archivo Municipal de Sevilla y los archivos capitulares de la campiña sevillana; en la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional (Madrid); en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de Pasajeros y Contratación; y en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de las parroquias históricas hispalenses (singularmente San Juan Bautista de Marchena y Santa María Magdalena de Arahal) desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron caballeros e hidalgos de la campiña sevillana que tomaron parte en la guarda de las plazas fronterizas en los siglos XIV y XV; alcaldes del estado noble y regidores que gobernaron los concejos de Marchena y Arahal durante los siglos XVI y XVII; capitanes de milicias concejiles que prestaron señalados servicios en las levas de la Monarquía Hispánica; dignidades eclesiásticas y canónigos que instituyeron obras pías dotadas con rentas alodiales de sus heredades de olivar; familiares del Tribunal del Santo Oficio que ejercieron con vara de justicia en el arzobispado hispalense; y colonos que pasaron a las Indias Occidentales para integrarse en la administración y haciendas virreinales.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre notoria, hijosdalgos de casa y solar conocido y caballeros de fuero militar en la Corona de Castilla, amparada en las Leyes de Castilla y las ordenanzas forales de los hijosdalgo. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a tributos comunes y cargas pecheras, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso reservado a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias dictadas por la Real Chancillería de Granada ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.
Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en las casonas hidalgas y haciendas de olivar de la villa de Marchena; en los casales de mayorazgo de Arahal y Morón de la Frontera; en las casas principales avecindadas en la ciudad de Sevilla; en las casonas levantadas en Carmona, Osuna y Utrera; en las residencias de la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar (México y Puerto Rico).
Su difusión territorial se produjo de manera orgánica a través de las rutas naturales que comunican la campiña del Guadalquivir con los puertos del litoral atlántico andaluz, canalizándose paralelamente hacia la Carrera de Indias, enlazando matrimonialmente con esclarecidas familias de la hidalguía terrateniente sevillana, de los regidores concejiles y del patriciado letrado antes de su plena integración en las instituciones modernas de la Corona.
Armas

Los de la casa solar de Vergara, en Guipúzcoa, traen: En gules, una cruz llana de plata a todo trance, cargada de un lobo pasante de sable, y cantonada de cuatro panelas de oro.

Los de Castilla ostentan estas otras armas: En campo de plata, dos leones rampantes de su color natural. Bordura de gules, con ocho sotueres de oro.


