Alpicat
El linaje Alpicat (con sus variantes históricas, dialectales y notariales d'Alpicat, d'En Alpicat, Alpicata o latinizada de Alpicato) constituye una nobilísima, singular y preclara estirpe de probada condición de hijosdalgo de sangre, caballeros de conquista, dignidades capitulares de la Iglesia y regidores de señorío en el Principado de Cataluña, el Reino de Valencia, el Señorío de Vizcaya, el Reino de Aragón y el conjunto de la Corona de Aragón, cuyo primitivo casal solariego y cuna indiscutible radica en la histórica villa de Alpicat (en la comarca del Segrià, provincia de Lleida), donde sus miembros rigieron la gobernación local y el cabildo catedralicio —consignándose en las Cortes catalanas de 1410 al canónigo Francisco de Alpicat—, descollando en las empresas militares de la Reconquista con Pedro de Alpicat, esforzado caballero avecindado en Bilbao que acudió con sus huestes al sitio de la ciudad de Valencia junto al rey don Jaime I el Conquistador, siendo favorecido con los bienes y alquerías de Mahomet Muley en Borbotó y fundando su solar matriz foral en la villa de Moncada, desde donde proyectó ilustres ramas por tierras valencianas, la comarca de la Plana y Barcelona a lo largo de la época feudal y durante la época de la Monarquía.
Filológicamente procede del topónimo andalusí al-biqāṭ (o al-buqay'a, influido por étimos romances mozárabes derivados del latín *picatum o del árabe al-biqā', «el lugar de pastos llanos, las tierras abiertas entre colinas o el pinar fortificado»), con el que se designó al núcleo poblacional y castillo erigido en la llanura noroccidental del Segrià frente a la vega del Segre.
La estirpe tomó su denominación de la villa y término de Alpicat (partido judicial de Lleida), cuyos señores y alcaides feudales adoptaron el topónimo como apellido hereditario de solar y armería desde los primeros tiempos de la repoblación cristiana del conde Ramón Berenguer IV y los condes de Urgell.
Mantuvieron en esta comarca casa solariega almenada, patronato sobre capillas eclesiásticas y posesiones alodiales, acudiendo con mesnadas a las convocatorias de la hueste condal y real.
En los cartularios medievales, actas de Cortes y protocolos de escribanía alternó la grafía canónica Alpicat con las fórmulas de pertenencia señorial (d'Alpicat o d'En Alpicat) y variantes latinizadas (de Alpicato), reconociéndose en todos los tribunales de hidalguía la indivisible unidad del tronco solariego.
Quedó consignado en los censos capitulares de la Seu Vella de Lleida, en los libros del repartimiento foral y en los registros de la Real Cancillería desde los siglos XIII y XIV como linaje de personas de condición generosa e hijosdalgo notorios de sangre (de Alpicato).
En tierras de Lleida, los caballeros de la casa de Alpicat ejercieron durante siglos una influencia de primer orden en la administración civil, militar y eclesiástica.
Mantuvieron enterramientos de armas privativos en templos de la comarca del Segrià y en los claustros de la Catedral de Lleida.
En las solemnes Cortes del Principado de Cataluña celebradas en el año 1410, convocadas en el crucial contexto sucesorio del interregno de la Corona, consta formalmente la distinguida participación del venerable y noble Francisco de Alpicat, quien ejercía la preeminente dignidad de canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Lleida.
Tuvo asiento y voto en el brazo eclesiástico de la asamblea parlamentaria, interviniendo con acreditada pericia teológica y jurídica en los debates relativos a los fueros, las constituciones del Principado y el socorro a la Corona.
En las célebres Trovas del cronista e historiador Mosén Jaume Febrer se hace mención expresa del esforzado caballero Pedro de Alpicat, perteneciente a una rama de esta estirpe que había pasado temporalmente al Señorío de Vizcaya, avecindándose en la villa de Bilbao.
Al llamado marcial del rey don Jaime I el Conquistador para la ofensiva definitiva contra el reino musulmán de Valencia, Pedro de Alpicat marchó desde el norte peninsular con sus mesnadas, escuderos y monturas para incorporarse a las fuerzas de asedio.
Don Pedro de Alpicat se distinguió con singular denuedo y bizarría táctica en el histórico sitio y expugnación de la ciudad de Valencia (1238).
En justo premio a su valentía militar y señalados méritos bélicos, el rey Conquistador lo recompensó en el reparto foral otorgándole la hacienda, alquería y bienes que poseía el principal moro Mahomet Muley cerca del lugar de Borbotó (en el término y huerta de Valencia), dotándolo de ricas tierras de regadío francas de pechas.
Concluida la campaña, Pedro de Alpicat se estableció formalmente con toda su parentela y gente de armas en la histórica villa de Moncada (perteneciente al mismo partido foral).
En Moncada erigió su nuevo palacio y casa solariega de hijosdalgo, constituyendo el casal matriz del cual salieron las ilustres ramas forales que extendieron y perpetuaron el apellido por el Reino de Valencia.
Además de su solar primitivo de Alpicat en el Segrià, miembros del linaje mantuvieron posesiones alodiales, casas solariegas y vínculos de parentesco en las veguerías de Girona y el campo de Tarragona, acudiendo a las llamadas de somatén y a las levas de hombres de armas.
Ramas de esta casa fijaron residencia en la capital condal a partir de los siglos XV y XVI, ingresando formalmente en el encumbrado estamento de Ciudadanos Honrados de Barcelona.
Desempeñaron oficios concejiles en el Consell de Cent, cargos en la administración patrimonial de la Generalitat de Catalunya y plazas de letrados en la Real Audiencia de Cataluña.
En los censos y fogatges generales de Cataluña (particularmente en los censos de 1497 y 1553), constan registrados hogares bajo la grafía Alpicat y d'Alpicat en las veguerías de Lleida y Barcelona como propietarios alodiales y personas de condición generosa e hijosdalgo de sangre.
Desde su solar matriz en la villa de Moncada y las haciendas de Borbotó, la familia Alpicat consolidó una posición patricia en la ciudad de Valencia, ejerciendo oficios de la magistratura concejil y la procuración del Real Patrimonio.
Caballeros de este apellido mantuvieron presencia continuada en villas de la comarca de la Plana de Castellón (Castellón de la Plana, Nules y Vila-real) y el Camp de Morvedre.
Ocuparon de forma continuada oficios concejiles de jurados (jurats), administradores de rentas forales y escribanos de cámara, concertando alianzas matrimoniales con ilustres familias de la hidalguía de l'Horta y el estamento militar foral.
Dada la proximidad fronteriza del solar de Alpicat con la Franja aragonesa, ramas de la familia mantuvieron vínculos patrimoniales con villas del Reino de Aragón (en las riberas del Cinca y la Litera), gozando de exención de pechas pecheras por fuero de infanzonía de sangre y casal conocido.
Miembros de las ramas de este apellido justificaron reiteradamente su nobleza de sangre, legitimidad de cuna y limpieza de linaje para acceder al desempeño de cargos concejiles, regidurías y oficios preeminentes reservados estrictamente al estado noble.
Tuvieron llamamiento, voz y voto inmemorial en el brazo eclesiástico y brazo militar en las Cortes del Principado de Cataluña (como consta en 1410), en el estamento militar en las Cortes del Reino de Valencia y en el brazo de caballeros e infanzones en las Cortes de Aragón.
Justificaron su hidalguía notoria ante la Real Audiencia de Cataluña, la Real Audiencia de Valencia y la Chancillería.
Probaron pureza genealógica ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Barcelona, Valencia y Zaragoza para el ejercicio de empleos de familiares y comisarios.
Vistieron hábitos de órdenes de caballería de la Monarquía (Montesa, San Juan de Jerusalén y Carlos III).
Armas

Las de Pedro Alpicat que estuvo en la conquista de Valencia con el Rey don Jaime I y que es citado en una de sus trovas por Jaume Febrer y los de Valencia traen: Escudo partido, 1º, de oro un medio vuelo bajado de gules, y 2º, de azur, una roca de oro.


