Alquezar

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El linaje Alquézar (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y armoriales bajo las variantes tradicionales Alquezar, d'Alquézar, de Alquézar, o en sus formas forales y romances secundarias Alquéser, Alqués y Alquezer) constituye una preclara, esclarecida y noble estirpe de matriz netamente toponímica, castrense y de rancio abolengo en el Reino de Aragón dentro de la Corona de Aragón, con cuna solariega e histórica indiscutible en la monumental villa y fortaleza de Alquézar (provincia de Huesca), desde donde sus caballeros de infanzonía proyectaron casales armeros, ricas heredades alodiales y ramas de patriciado concejil hacia Zaragoza, Teruel, el Bajo Aragón, el Reino de Valencia (comarca de Castellón) y el Principado de Cataluña a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.

El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, territorial y militar, procediendo directamente de la histórica y monumental villa de Alquézar, encaramada sobre los imponentes cañones del río Vero en la comarca del Somontano de Barbastro (Huesca); enclave defensivo de extraordinario valor estratégico en la Marca Superior de al-Ándalus, su fortaleza fue conquistada hacia 1067 por el rey Sancho Ramírez de Aragón, quien la convirtió en bastión cristiano de vanguardia frente a la plaza musulmana de Barbastro, dotándola de una colegiata y de una tenencia militar a cuyo frente se situaron caballeros de gran valor; los hijosdalgo e infanzones de mesnada que asumieron la custodia armada de su castillo roquero y recibieron heredades francas en su término adoptaron la denominación toponímica como apellido patronímico hereditario de solar y condición conocido (de Alquézar / Alquézar); desde este foco matriz oscense, las ramas del linaje se extendieron con celeridad por toda la geografía aragonesa, fundando casales solariegos secundarios de notoria infanzonía en Zaragoza capital, en la comarca de Calatayud, en Teruel y en las villas del Bajo Aragón (Alcañiz, Hijar y Caspe); durante el siglo XIII, al compás de las grandes empresas reconquistadoras de Jaime I el Conquistador, esforzados caballeros de esta estirpe se incorporaron a las huestes confederadas que avanzaron hacia el sur y el levante, estableciéndose con destacada presencia en las comarcas septentrionales del Reino de Valencia (con dilatado asiento en la comarca de Castellón, Morella y la Plana) y en tierras del Principado de Cataluña (donde el apellido se documenta con frecuencia bajo las variantes romances Alquéser o Alqués), ocupando en todas estas demarcaciones oficios de justicia, regimiento y gobierno municipal.

Etimológicamente procede de la asimilación al romance medieval del vocablo hispano-árabe al-qaṣr ( «el alcázar», «el castillo», «la fortaleza», «el palacio fortificado»), término a su vez derivado del latín castrum; en el caso de la villa matriz altoaragonesa, el enclave era conocido en las crónicas andalusíes como Al-Qaṣr Jalaf («el castillo de Jalaf», en referencia al caudillo Jalaf ibn Rasid que lo mandó erigir en el siglo IX); en la práctica notarial y escribanil de los siglos XIII al XVIII, el vocablo experimentó una progresiva contracción y acomodación al romance foral aragonés, fijándose bajo la forma paroxítona Alquézar (con o sin tilde según el uso de la época), alternando en Cataluña y Valencia con adaptaciones fonéticas como Alquéser y Alqués, todas ellas representativas de un mismo tronco, filiación y derecho de armas.

Históricamente se distribuyó por la provincia de Huesca (con solar primordial en la villa de Alquézar, Barbastro, Monzón, Graus y Huesca capital), la provincia de Zaragoza (Zaragoza capital, Calatayud, Ejea de los Caballeros y comarca de las Cinco Villas), la provincia de Teruel (Teruel capital, Albarracín y villas del Bajo Aragón como Alcañiz), la provincia de Castellón (Castellón de la Plana, Morella, Sant Mateu y Vila-real), el Principado de Cataluña (Lleida, Tarragona y Barcelona), la villa y corte de Madrid, y, con posterioridad a las corrientes de colonización y comercio con América, en diversos virreinatos de ultramar (Nueva España y Virreinato del Perú); en las villas aragonesas, los Alquézar gozaron del estatuto inmemorial de infanzones de sangre y de armas poner, ostentando la posesión de casales alodiales, vínculos de capellanía y capillas familiares en templos y colegiatas; en la actualidad es un apellido de notable prestancia histórica, nobleza y moderada frecuencia demográfica, concentrando sus mayores núcleos de implantación en Aragón, la Comunidad Valenciana, Cataluña y la Comunidad de Madrid.

A lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, los miembros de la casa de Alquézar mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental foral y la gobernación de los concejos:

En el Reino de Aragón, los miembros de la familia ostentaron históricamente el rango de infanzones (nobles de sangre de la pequeña y mediana nobleza aragonesa), lo que les otorgaba el fuero de inmunidad personal y territorial, exención absoluta del pago de pechos ordinarios, cuarteles reales, tallas comunales y tributos pecheros, así como el derecho inmemorial al libre uso de armas nobles y la facultad de ser juzgados exclusivamente ante la Real Audiencia de Zaragoza y el tribunal del Justicia de Aragón.

Caballeros de este linaje concurrieron con voz y voto en las Cortes del Reino de Aragón en el brazo de caballeros e infanzones, justificando solemnes procesos de salva de infanzonía y limpieza de cuatro costados ante la Real Audiencia aragonesa para acceder a magistraturas y oficios preeminentes de justicia.

En el Reino de Valencia y en tierras catalanas, miembros de la estirpe desempeñaron secularmente cargos de jurados (jurats), justicias ordinarios, almotacenes, consellers y administradores de las rentas y obras pías locales, integrando las corporaciones de hijosdalgo y patriciado de realengo.

En el plano militar, mandaron compañías de milicias forales y de caballería concejil, acudiendo a las levas reales para la contención de bandosidades y la guarda de las fronteras levantinas y pirenaicas.

Probaron rigurosamente su legitimidad de cuna y ascendencia de cristianos viejos ante las autoridades eclesiásticas de las diócesis de Barbastro, Huesca, Zaragoza y Tortosa para proveer canonjías capitulares y para ejercer oficios de familiares y alguaciles del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.

El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en los fondos de Procesos de Infanzonía del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza y de la Real Audiencia de Aragón; en el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona), dentro de las series de Real Cancillería, Procesos de Cortes y Maestre Racional; en el Archivo Histórico Provincial de Huesca (protocolos notariales del Somontano de Barbastro desde el siglo XIV); en el Archivo Capitular de la Colegiata de Santa María la Mayor de Alquézar; en el Archivo del Reino de Valencia (secciones de Gobernación y Procesos de Hidalguía); en la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional (Madrid); en el Archivo General de Indias (Sevilla); y en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de las parroquias históricas oscenses, zaragozanas y castellonenses desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron caballeros e infanzones de la tenencia del castillo de Alquézar que combatieron en las campañas de Barbastro y Huesca en los siglos XI y XII; jurados y justicias que gobernaron los concejos del Somontano, Zaragoza y Alcañiz durante los siglos XV, XVI y XVII; capitanes de infantería que prestaron señalados servicios en las guerras de Italia y Cataluña; dignidades eclesiásticas, priores y canónigos de la colegiata de Alquézar y de las catedrales de Huesca y Barbastro que fundaron capellanías familiares dotadas con rentas alodiales de sus fincas de viñedo y olivar; y letrados que ejercieron como oidores y procuradores de causas ante las reales audiencias y consejos de la Corona de Aragón.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de infanzones de sangre y de armas poner en el Reino de Aragón, miembros del estamento militar en el Reino de Valencia y ciudadanos de noble condición en Cataluña, amparada en los Fueros generales de Aragón y las costumbres tradicionales de la Corona. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a cargas comunes y serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al porte de espada y armas nobles, y del acceso reservado a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias dictadas por la Real Audiencia de Zaragoza ratificaron secularmente su calidad de infanzones de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.

Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en la histórica villa, castillo y colegiata de Alquézar (Huesca); en los casales de infanzones de la ciudad de Barbastro y comarca del Somontano; en los palacetes de sillería de la ciudad de Zaragoza; en las casonas de mayorazgo de Teruel capital y villas del Bajo Aragón (Alcañiz y Caspe); en las residencias nobles levantadas en la comarca de Castellón (Castellón de la Plana y Morella); en los casales avecindados en Lleida y Barcelona; en las residencias nobles de la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar.

Su difusión territorial se articuló a través de los corredores naturales del río Vero y del Cinca hacia la depresión del Ebro, vertebrándose seguidamente por las calzadas que comunican Zaragoza y el Bajo Aragón con los pasos del Maestrazgo hacia el litoral de Castellón y las comarcas meridionales de Cataluña, sellando alianzas matrimoniales con distinguidas estirpes de la infanzonía aragonesa, del patriciado concejil valenciano y de los caballeros de hábito antes de su plena integración en las instituciones modernas de la Monarquía.


Armas

Escudo de armas

En campo de plata, dos esfinges, de su color natural.