André

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El linaje André (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y nobiliarios bajo su variante gráfica directa Andrés, en sus formas arcaicas medievales Andrez, d'André, de Andrés, y en sus correlatos romances Andreu en Cataluña y Valencia, y André en Portugal y Galicia) constituye una histórica, preclara y noble estirpe de matriz patronímica cristiana y universal abolengo en la península ibérica y Europa, cuya implantación inicial en los reinos hispánicos se consolidó al compás de las corrientes repobladoras pirenaicas, el Camino de Santiago y los intercambios francos y occitanos, proyectando desde el norte peninsular casales armeros, ricas mandaciones forales y ramas de hidalguía hacia Castilla, Navarra, la Corona de Aragón, Portugal, el sur andaluz y los virreinatos y repúblicas del Nuevo Mundo a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna.

El origen de este linaje es rigurosamente patronímico y de asentamiento foral de fe y frontera, significando literalmente «hijo o descendiente de André»:

Su inmensa difusión altomedieval en la cristiandad europea obedece a la devoción canónica a San Andrés Apóstol (hermano de San Pedro, primer discípulo de Jesús y mártir en cruz decusada o sotuer), lo que motivó que a partir de los siglos XII y XIII múltiples familias de hidalgos y caballeros adoptaran el nombre del progenitor como apellido familiar hereditario e inalterable de solar y armas conocido (André / Andrés).

Durante la Edad Media, numerosos caballeros, hombres de armas, clérigos y repobladores francos y occitanos cruzaron los pasos pirenaicos a través del Camino de Santiago y las vías comerciales transfronterizas para afincarse en el Reino de Navarra, el Reino de Aragón y el Principado de Cataluña (donde convivió con la forma vernácula catalana Andreu), aportando y perpetuando la grafía occitana y francesa André.

En el Reino de Portugal y en las comarcas limítrofes del sur del Reino de Galicia (cuencas del Miño y Rías Baixas), André constituyó la forma vernácula autóctona del patronímico, documentándose linajes nobles, señores de quintas y caballeros de mesnada con esta estirpe desde el siglo XIV.

Paralelamente, en la Corona de Castilla, la variante Andrés floreció con casas solares de notoria hidalguía en las montañas de Burgos, Santander, La Rioja, Soria y el Reino de León, extendiéndose con fuerza hacia la Meseta y las tierras reconquistadas de Extremadura y Andalucía (Jaén, Córdoba y Sevilla).

A partir del siglo XIX y principios del siglo XX, intensos flujos migratorios de familias André procedentes de Francia, Bélgica y el norte de Italia (valle de Aosta) complementaron la presencia hispana en ultramar, consolidando ramas de gran prestancia profesional, hacendística y política en Argentina, México, Brasil, Cuba y Uruguay.

Etimológicamente procede del antropónimo griego clásico (Andréas), derivado del sustantivo (anḗr, andrós, «varón», «hombre viril», «hombre cabal») y del concepto (andreía, «valentía», «coraje», «fortaleza de ánimo», «virilidad marcial»), significando literalmente «el valeroso», «el varonil» o «el hombre de indomable coraje»; adaptado al latín eclesiástico como Andreas, el vocablo evolucionó en el romance hispánico y galorromance hacia la forma oxítona André (en francés, occitano, portugués y gallego arcaico) y hacia la variante con sufijo patronímico castellano Andrés; en la práctica escribanil y notarial de los siglos XIV al XVIII, las formas André y Andrés convivieron de manera regular, conservando plena equivalencia de filiación según la procedencia foral o el área lingüística de cada escribanía.

Históricamente se distribuyó por el Principado de Cataluña (Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona), el Reino de Aragón (Zaragoza, Huesca y Teruel), el Reino de Navarra (Pamplona, Estella y Tudela), el Reino de Galicia (Ourense y Pontevedra), el norte y centro del Reino de Portugal (Viana do Castelo, Braga, Oporto y Lisboa), la Corona de Castilla (Burgos, Palencia, Soria, La Rioja, Segovia, Madrid, Toledo, Ciudad Real, Jaén, Córdoba y Sevilla), el Reino de Valencia y el Reino de Murcia, proyectándose desde el siglo XVI hacia la totalidad de los virreinatos del Nuevo Mundo (Virreinato de Nueva España, Virreinato del Perú, el Río de la Plata, Nueva Granada y la Capitanía General de Cuba); en los distintos reinos peninsulares, los André y Andrés integraron el estamento noble local, ostentando la titularidad de mayorazgos menores, señoríos de behetría, patronatos eclesiásticos y capillas familiares; en la actualidad es un apellido de notable interés onomástico y amplia difusión internacional, con fuerte presencia en España, Portugal, Francia, Bélgica e Iberoamérica.

A lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, los miembros de la casa de André y Andrés mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental y la justicia concejil:

Para salvaguardar su condición de hidalgos de sangre inmemorial y mantener la exención absoluta frente a pechos ordinarios, alcabalas, cuarteles reales, monedas foreras y tributos del común pechero, numerosos caballeros de las ramas castellanas y andaluzas acudieron ante las Salas de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que blindaron su fuero noble de solar conocido.

En la Corona de Aragón y el Reino de Navarra, caballeros e infanzones de este apellido justificaron solemnes procesos de salva de infanzonía ante la Real Audiencia de Zaragoza y la Cámara de Comptos de Navarra, gozando de asiento en Cortes y de exención tributaria foral.

En el Reino de Portugal, miembros del linaje André integraron la nobleza fidalga (fidalgos de cota de armas y cavaleiros), ocupando alcaidías de fortalezas y sirviendo en las armadas de Ultramar y en las órdenes militares de Cristo, Avis y Santiago de la Espada.

Desempeñaron de forma secular oficios reservados en exclusiva al estamento de hijosdalgo, tales como regidores perpetuos por el estado noble, alcaldes ordinarios de la hermandad, alféreces mayores de pendón conceil y procuradores síndicos en los cabildos peninsulares e indianos.

Probaron rigurosamente su legitimidad de cuna y ascendencia de cristianos viejos limpia de toda mácula servil ante las autoridades eclesiásticas para fundar capellanías familiares y ejercer cargos de familiares, notarios y alguaciles mayores del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Valladolid, Toledo, Córdoba, Zaragoza y Lima.

El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y en el Archivo de la Real Chancillería de Granada (secciones de Hidalguía, Ejecutorias y Pleitos Civiles); en el Archivo Nacional da Torre do Tombo (Lisboa), con registros de mercês, órdenes de caballería y hidalguías de la Casa Real portuguesa; en el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona); en el Archivo Real y General de Navarra (Pamplona); en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), en las secciones de Órdenes Militares e Inquisición; en el Archivo General de Indias (Sevilla); y en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de las parroquias y colegiatas de todo el ámbito peninsular e hispanoamericano desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron caballeros francos y navarros que participaron en las batallas de la reconquista aragonesa y castellana en los siglos XII y XIII; regidores y alcaldes del estado noble que gobernaron los concejos de Burgos, Soria, Pamplona y Jaén durante los siglos XVI y XVII; capitanes de infantería y maestres de campo que sirvieron a la Monarquía Hispánica en las guerras de Italia y Flandes; navegantes y fidalgos portugueses que se distinguieron en las rutas del Atlántico y del Brasil; dignidades eclesiásticas y canónigos capitulares que instituyeron obras pías dotadas con rentas alodiales; y letrados y hacendados que en los siglos XIX y XX destacaron en la judicatura, las letras y la industria en Europa y América.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre notoria inmemorial, hijosdalgos de casa y solar conocido en Castilla, infanzones de armas poner en Aragón y Navarra, y fidalgos de solar en Portugal, amparada en los fueros generales de hijosdalgo y las leyes nobiliarias de la península. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a cargas comunes y serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al porte de espada y armas nobles, y del acceso exclusivo a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias dictadas por las Reales Chancillerías y cancillerías regias ratificaron secularmente su calidad nobiliaria y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.

Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en los casales de infanzones de Navarra (Pamplona y Estella) y del Reino de Aragón (Huesca y Zaragoza); en los solares hidalgos de la montaña de Burgos, Soria y La Rioja; en las casonas de mayorazgo de Portugal (Viana do Castelo, Braga y Lisboa); en los casales hidalgos de Galicia (Pontevedra y Ourense); en las casas principales levantadas en Toledo, Madrid, Jaén, Córdoba y Sevilla; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar (Buenos Aires, Ciudad de México, La Habana y Río de Janeiro).

Su difusión territorial se produjo de manera orgánica siguiendo los trazados del Camino Francés y las rutas pirenaicas hacia el valle del Ebro y la meseta castellana, articulándose paralelamente a lo largo de los corredores luso-galaicos hacia el Atlántico y canalizándose hacia el sur andaluz y las flotas de Indias, sellando alianzas matrimoniales con esclarecidas familias de la hidalguía solariega, del patriciado concejil y de los caballeros de las órdenes militares antes de su plena integración en las instituciones modernas y contemporáneas.


Armas

Escudo de armas

Los originarios de Orense y radicados en La Coruña y Cuba usan: En campo de azur, tres víboras mordiéndose la cola y puestas dos y una.

Escudo de armas

Otros: En campo de gules, una rueda de molino, de oro.