Antillón, Antillo

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El linaje Antillón (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y armoriales aragoneses bajo las fórmulas tradicionales Antillo, d'Antillón, de Antillón, o en sus variantes latinizadas medievales de Antillone y Antilione) constituye una de las más preclaras, ilustres y encumbradas estirpes de matriz toponímica, feudal e inmemorial nobleza de sangre en el Reino de Aragón dentro de la Corona de Aragón, con cuna solariega e histórica en la Hoya de Huesca, íntimamente vinculada a los inicios de la reconquista aragonesa y a la corte de los reyes de Aragón, alcanzando el supremo estamento de los ricos hombres de natura (la más alta nobleza feudal aragonesa con voz y voto en las Cortes), la titularidad de la histórica Baronía de Antillón y proyectando ramas señoriales, eclesiásticas y letradas hacia Zaragoza, Teruel, el Reino de Valencia, el Principado de Cataluña y la corte de Madrid a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna.

El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, territorial y militar, tomando su nombre directamente de la monumental villa y municipio de Antillón, emplazada sobre un cerro amurallado que domina la llanura de la Hoya de Huesca (provincia de Huesca); enclave estratégico fortificado durante la dominación andalusí, la plaza fue reconquistada por las armas cristianas a finales del siglo XI bajo el reinado de Pedro I de Aragón, quedando incorporada a la vanguardia defensiva del reino; caballeros de mesnada e infanzones de alto linaje que participaron activamente en la célebre batalla de Alcoraz (1096) y en la consiguiente toma de la ciudad de Huesca recibieron la tenencia militar del castillo de Antillón y extensos heredamientos en su alfoz, adoptando el topónimo como apellido patronímico hereditario de solar y condición conocido (de Antillón / Antillón); la importancia política y feudal de la familia fue tal que sus señores constituyeron la Baronía de Antillón, integrándose en el selecto estamento de los ricos hombres de natura de Aragón, con potestad para alzar pendón y caldera, convocar mesnadas feudales y asesorar de forma directa a los monarcas aragoneses (como Alfonso I el Batallador y Jaime I el Conquistador); con el avance de la Reconquista hacia el valle del Ebro y el mediodía peninsular, ramas secundarias del linaje se establecieron en Zaragoza, Daroca, Teruel y pasaron a la repoblación del Reino de Valencia, ocupando prebendas, magistraturas forales y cargos de gobierno; en las postrimerías del Antiguo Régimen descolló de manera universal el insigne jurista, político liberal, geógrafo e historiador aragonés Isidoro de Antillón y Marzo (1778–1814), catedrático del Real Colegio de Guardiamarinas, diputado en las Cortes de Cádiz de 1812 y pionero precursor del abolicionismo de la esclavitud en España.

Etimológicamente procede de la toponimia romance aragonesa sobre una base antroponímica hispanorromana: deriva del nombre de un poseedor o fundador romano de villa rústica (fundus o villa), articulado sobre el antropónimo latino Antonius o Antilius / Antidianus combinado con el sufijo locativo o de pertenencia -one (Antilionis > Antillón), aludiendo al dominio rústico de Antilio; en la fonética medieval aragonesa, el vocablo alternó de forma natural entre la variante oxítona regular Antillón y la forma apocopada o variante dialectal Antillo, documentadas ambas en los protocolos y nobiliarios de la Corona de Aragón como expresiones legítimas de un mismo tronco, filiación y derecho de armas.

Históricamente se distribuyó por la provincia de Huesca (con solar primordial en la villa y castillo de Antillón, Huesca capital, Barbastro, Monzón y Pertusa), la provincia de Zaragoza (Zaragoza capital, Daroca, Borja y comarcas del Jalón), la provincia de Teruel (Teruel capital y Santa Eulalia del Campo, cuna de Isidoro de Antillón), el Reino de Valencia (Valencia capital, comarca de la Plana y Castellón), el Principado de Cataluña (Lleida y Barcelona), la villa y corte de Madrid, y diversos virreinatos del Nuevo Mundo; en las villas aragonesas y valencianas, los Antillón ostentaron la titularidad de castillos señoriales, baronías feudales, vínculos de mayorazgo de estricta agnación, censales alodiales y capillas de enterramiento en las catedrales de Huesca y Zaragoza; en la actualidad es un apellido de notable interés histórico, aristocracia inmemorial y moderada frecuencia demográfica, conservando sus mayores núcleos censales en Aragón, Cataluña, la Comunidad Valenciana y la Comunidad de Madrid.

A lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna, los miembros de la casa de Antillón mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental foral y las magistraturas de la Monarquía:

En el Reino de Aragón, los barones de Antillón concurrieron con asiento preeminente en las Cortes del Reino de Aragón en el brazo de ricos hombres, ejerciendo el derecho foral de aconsejar a los reyes y participar en las decisiones militares y legislativas del reino.

Los miembros de las ramas secundarias ostentaron secularmente la condición de infanzones de sangre y de armas poner, justificando solemnes procesos de salva de infanzonía y limpieza de cuatro costados ante la Real Audiencia de Zaragoza y el tribunal del Justicia de Aragón, blindando su inmunidad territorial y su exención absoluta del pago de pechos ordinarios, cuarteles reales, tallas comunales y tributos pecheros.

En el plano militar, caballeros del linaje mandaron huestes feudales en la toma de Huesca (1096), en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) y en las expediciones de conquista de Valencia y Mallorca acaudilladas por Jaime I el Conquistador.

En el siglo XVIII y principios del XIX, la figura de Isidoro de Antillón y Marzo encarnó la nobleza ilustrada y patriótica: como jurisconsulto y geógrafo redactó obras cartográficas y jurídicas de primer orden, pronunció en 1802 su célebre discurso contra la servidumbre y el tráfico de esclavos africanos, y como diputado en las Cortes de Cádiz defendió con vehemencia las libertades constitucionales frente al absolutismo.

Probaron rigurosamente su nobleza y cristiandad vieja ante las autoridades eclesiásticas de las diócesis de Huesca, Zaragoza y Teruel para fundar capellanías familiares, dotar memorias de misas y ejercer oficios de familiares y alguaciles mayores del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en el distrito de Aragón.

El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona), dentro de las series de Real Cancillería, Procesos de Cortes y Maestre Racional; en los fondos de Procesos de Infanzonía del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza y de la Real Audiencia de Aragón; en el Archivo Histórico Provincial de Huesca (protocolos notariales de la Hoya de Huesca desde el siglo XIV); en el Archivo Capitular de la Catedral de Huesca; en el Archivo del Reino de Valencia; en la Sección de Órdenes Militares e Inquisición del Archivo Histórico Nacional (Madrid); en el Congreso de los Diputados (actas de las Cortes de Cádiz); y en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de las parroquias históricas de la Natividad de Antillón y de Santa Eulalia del Campo desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron los primeros barones de Antillón y ricoshombres de Pedro I y Alfonso I el Batallador en los siglos XI y XII; caballeros que asistieron a las Cortes de Monzón y Zaragoza defendiendo los fueros tradicionales del reino; dignidades eclesiásticas y canónigos capitulares de la Catedral de Huesca y del Pilar de Zaragoza que dotaron obras pías con rentas de sus señoríos; oidores y magistrados de la Real Audiencia de Aragón; y don Isidoro de Antillón y Marzo, cuya labor intelectual, política y humana dejó una huella imborrable en el pensamiento jurídico hispánico y en la abolición universal de la esclavitud.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de ricos hombres de natura, barones territoriales e infanzones de sangre y de armas poner en el Reino de Aragón, y de miembros del estamento militar foral en el Reino de Valencia, amparada en los Fueros generales de Aragón y las costumbres de la Corona. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a impuestos comunales y cargas pecheras, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso reservado a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias y confirmaciones de baronía ratificaron secularmente su preclara nobleza y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.

Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en la fortaleza y villa señorial de Antillón (Huesca); en los casales de infanzones de la ciudad de Huesca; en los palacetes de sillería de la ciudad de Zaragoza; en las casonas hidalgas de Santa Eulalia del Campo y Teruel capital; en las casas principales avecindadas en la ciudad de Valencia; en las residencias nobles de la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar.

Su difusión territorial se produjo de manera orgánica siguiendo el corredor natural de la Hoya de Huesca hacia las vegas del río Gállego y del Ebro en Zaragoza, vertebrándose seguidamente a lo largo del Sistema Ibérico hacia Teruel y los pasos del Maestrazgo hacia el Reino de Valencia y Cataluña, enlazando matrimonialmente con las más distinguidas estirpes de la baronía e infanzonía aragonesa (como los Luna, Urrea, Cornel, Foces y Gurrea) antes de su plena integración en las instituciones modernas y constitucionales de la Monarquía.


Armas

Escudo de armas

Las primitivas del linaje y las que traían en Aragón eran: En campo de azur, cinco estrellas, de oro, puestas en sotuer.

Escudo de armas

Los Antillón de la villa de Torla (Huesca) y los de Tudela y Navarra ostentaban: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de plata, cinco armiños de sable, y 2º y 3º, en campo de gules, un creciente de plata.

Escudo de armas

Los de Rioja tienen: Escudo cortado: 1º, en campo de azur, una cruz de Calatrava de plata, y 2º, en campo de oro, dos cabezas de moro chorreando sangre.

Escudo de armas

Los Antillón de Teruel, usan: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de plata, un tau de azur, y 2º y 3º, en campo de azur, cinco estrellas de plata, puestas en sotuer.

Escudo de armas

Los de Antillón (Huesca), Cascante y Tudela (Navarra) usan: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de azur, cinco estrellas de ocho rayos de plata, y 2º y 3º, en campo de gules, una media luna ranversada de plata.

Escudo de armas

Otros, según Gregorio García Ciprés, usan: En campo de plata, cinco estrellas de azur, puestas en sotuer.

Escudo de armas

Los Antillo: En campo de plata, dos árboles de sinople, arrancados.

Escudo de armas

Otros Antillo: En campo de sable, un león de oro, uñado y linguado de oro.

Escudo de armas

Otros Antillo. En campo de oro, una torre almenada, de piedra, con el capitel de azur.