Araez

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El linaje Aráez (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y padrones de hidalguía bajo las variantes tradicionales Araez, d'Aráez, de Aráez, o en sus formas romances y forales arcaicas Araes, Arayez, Arayes y Araiz) constituye una preclara, noble y singular estirpe en la península ibérica, cuya trayectoria histórica presenta una relevante y documentada vertiente radicada en la provincia de Guipúzcoa (País Vasco), articulada al amparo del régimen foral de hidalguía universal y proyectada desde sus casales solariegos hacia los circuitos mercantiles, navieros y metalúrgicos que comunicaban las villas guipuzcoanas con el Reino de Navarra, el Señorío de Vizcaya, la corte de Madrid y los virreinatos del Nuevo Mundo a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.

El origen de este linaje en su rama guipuzcoana se inserta plenamente en el marco del derecho público foral vasco:

De acuerdo con los Fueros de Guipúzcoa, la totalidad de los naturales y originarios de la provincia que acreditaran descender por línea recta agnaticia de un solar legítimo, con limpieza de sangre sin mezcla de moros, judíos, conversos ni penitenciados por el Tribunal del Santo Oficio, gozaban de pleno derecho de la condición foral de hidalgos de sangre notorios.

Para acceder al ejercicio de cargos públicos y magistraturas preeminentes en los concejos y repúblicas urbanas guipuzcoanas, ser insaculados como vecinos concejantes (kontzejante), asistir con voz y voto a las Juntas Generales de la Provincia (celebradas en villas como Tolosa, Azpeitia, San Sebastián o Bergara) o trasladar su vecindad a otras demarcaciones de la Monarquía Hispánica salvaguardando sus privilegios estamentales (singularmente la inmunidad ante tormento corporal y la exención absoluta del pago de pechos ordinarios, cuarteles reales, alcabalas y monedas foreras), los miembros de este linaje litigaron y justificaron formalmente sus expedientes de hidalguía, filiación y limpieza de sangre ante las Justicias Ordinarias de sus respectivas villas y ante el Corregimiento de Guipúzcoa.

La dinámica socioeconómica del norte peninsular propició un fluido tránsito de linajes entre Guipúzcoa, Vizcaya y la vecina Navarra, impulsado por la titularidad y explotación de ferrerías de monte, la navegación y el comercio marítimo cantábrico, el régimen de arriería y el pastoreo trashumante entre los valles pirenaicos y la costa; este dinamismo facilitó que la estirpe de Aráez fijara casales y ramas estables en diversas villas y anteiglesias guipuzcoanas desde finales de la Baja Edad Media, entroncando con familias de la nobleza solariega local.

Etimológicamente procede de la onomástica vasconavarra sobre una base toponímica éuscara (emparentada estrechamente con variantes como Araitz / Araiz, del valle navarro homónimo colindante con Guipúzcoa, o bien con la raíz protovasca ara- / aran- [«valle»] combinada con el sufijo locativo o abundancial -etz / -itz, significando «el paraje del valle» o «los del valle pedregoso»); en la documentación escribanil castellana, el sonido palatal o africado final vasco derivó con frecuencia en la terminación romance oxítona Aráez (o Araes), conviviendo en los protocolos con la grafía sin tilde Araez, fijándose como cognomento patronímico y de linaje hereditario inalterable de solar, condición y armas conocido.

Históricamente se distribuyó en Guipúzcoa por las comarcas del Goierri, el valle del Oria (Tolosa, Ordizia), el valle del Urola (Azpeitia) y la costa cantábrica (San Sebastián y Pasaia), en estrecha conexión geográfica con el valle navarro de Araitz y la comarca de Sakana, así como con villas encartadas y mineras de Vizcaya; posteriormente, caballeros de esta estirpe pasaron a la villa y corte de Madrid, a ciudades comerciales de Andalucía (Sevilla y Cádiz) vinculadas al Consulado de Cargadores a Indias, y a diversos virreinatos del Nuevo Mundo (Virreinato de Nueva España, Virreinato del Perú y el Río de la Plata); en las villas guipuzcoanas, los Aráez ostentaron la condición de propietarios de caseríos alodiales, cuotas de ferrerías, vínculos de mayorazgo menor y sepulturas preeminentes de patronato en templos parroquiales; en la actualidad es un apellido de notable singularidad onomástica, rancio prestigio foral y moderada frecuencia censal, con presencia en el País Vasco, Navarra, la Comunidad Valenciana, Cataluña y la Comunidad de Madrid.

A lo largo de la Edad Moderna, los miembros de la casa de Aráez en Guipúzcoa mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la fe pública y el gobierno concejil:

Para consolidar su fuero de nobleza y ejercer oficios de justicia, miembros del linaje acudieron ante las autoridades concejiles y las Justicias Ordinarias de Guipúzcoa para promover solemnes procesos de hidalguía, nobleza de sangre e hidalguía universal, obteniendo autos y testimonios de vecindad foral que blindaron su inmunidad frente a tributos pecheros del estado llano.

Ramas que pasaron a residir en la meseta castellana y en Andalucía litigaron ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que ampararon su condición de hidalgos de sangre de solar guipuzcoano conocido.

En los concejos guipuzcoanos desempeñaron secularmente oficios reservados en exclusiva a los hijosdalgo limpios de sangre, tales como alcaldes ordinarios, regidores, procuradores síndicos, jurados y escribanos reales y de número.

En el plano militar, caballeros del linaje integraron las compañías forales y tercios de infantería de la provincia, participando en la custodia de las defensas fronterizas del Bidasoa frente a las invasiones francesas y en la dotación de bajeles de la Real Armada del Mar Océano.

Probaron rigurosamente su legitimidad de cuna y ascendencia de cristianos viejos ante las autoridades eclesiásticas de la diócesis de Pamplona (a cuya jurisdicción perteneció históricamente gran parte de Guipúzcoa) y de Calahorra para fundar capellanías familiares y ejercer cargos de familiares del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en el distrito de Logroño.

El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo General de Guipúzcoa (Tolosa), dentro de las series de Hidalguías, Procesos Civiles y Fondos de Juntas Generales; en los Archivos Históricos Municipales de Tolosa, San Sebastián, Azpeitia y Bergara (libros de acuerdos concejiles y padrones de vecinos); en el Archivo Real y General de Navarra (Pamplona); en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (Sala de Hijosdalgo y Sala de Vizcaya); en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), en las secciones de Órdenes Militares e Inquisición; en el Archivo General de Indias (Sevilla); y en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de las parroquias históricas de Santa María de San Sebastián, Santa María de Tolosa y San Sebastián de Soreasu de Azpeitia desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron los maestros de ferrerías y señores alodiales que impulsaron el comercio metalúrgico y marítimo guipuzcoano en los siglos XV y XVI; regidores y alcaldes ordinarios que rigieron las villas del Oria y del Urola durante los siglos XVII y XVIII; oficiales de las milicias forales guipuzcoanas que acudieron a la defensa de Fuenterrabía y San Sebastián; letrados y escribanos que dieron fe pública ante las audiencias regias; eclesiásticos capitulares que dotaron memorias pías con rentas alodiales de sus caseríos; y comerciantes y oficiales de marina que pasaron a las Indias Occidentales para integrarse en la administración virreinal.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de hijosdalgos notorios de sangre, casa y solar conocido en la provincia de Guipúzcoa y la Corona de Castilla, amparada en los Fueros generales de Guipúzcoa y en las leyes nobiliarias de la Monarquía. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a impuestos pecheros y gravámenes serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso reservado a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias y testimonios forales de hidalguía ratificaron secularmente su calidad nobiliaria y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.

Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en los caseríos y solares hidalgos del interior de Guipúzcoa (Tolosa, Azpeitia y cuenca del Oria); en las casas principales de la ciudad de San Sebastián y puerto de Pasaia; en los casales entroncados de la muga navarra (valle de Araitz); en las casonas hidalgas de la villa y corte de Madrid; en las casas avecindadas en Sevilla y Cádiz; y en las ramas establecidas con posterioridad en ultramar (México y Lima).

Su difusión territorial se articuló a lo largo de los valles del Oria, del Urola y del Bidasoa hacia la costa cantábrica, canalizándose paralelamente a través de los pasos tradicionales hacia el Reino de Navarra y la llanada alavesa hacia la meseta castellana y los puertos atlánticos andaluces, sellando alianzas matrimoniales con distinguidas estirpes de la hidalguía solariega guipuzcoana y navarra antes de su plena integración en las instituciones modernas de la Corona.


Armas

Escudo de armas

En campo de azur, dos arcabuces de sable, puestos en faja.