Aranibar, Aranivar
El linaje Aranibar (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y padrones de hidalguía bajo las variantes tradicionales Araníbar, d'Aranibar, de Aranibar, o en sus grafías forales arcaicas Aranybar, Aranivar y la normativizada Aranibar) constituye una ilustre, preclara y noble estirpe de matriz netamente toponímica, alodial y de inmemorial hidalguía de sangre en el ámbito vasconavarro, con solares matrices de secular solera en la provincia de Guipúzcoa, (Gipuzkoa), (con centro primordial en el valle y villa de Oiartzun) y en la merindad de Pamplona del Reino de Navarra (en la comarca de Cinco Villas / Bortziriak), desde donde sus caballeros proyectaron casales armeros, escribanías de cámara, regidurías forales y encumbradas ramas virreinales hacia Andalucía, la corte de Madrid y, de forma extraordinaria y duradera, la región andina del Virreinato del Perú y el Alto Perú (Bolivia) a lo largo de la Edad Moderna y la Contemporánea.
El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, territorial y de nobleza de sangre foral:
Procede de la adscripción señorial, posesión y vecindad foral a aquellos parajes y casales denominados Aranibar en el área geográfica vasconavarra; los cronistas de armas y repertorios nobiliarios sitúan sus casas solares más remotas y de calificada nobleza en la provincia de Guipúzcoa (Gipuzkoa), singularmente en la villa de Oiartzun (en la comarca de Oarsoaldea), así como en el extremo septentrional del Reino de Navarra, con solar hidalgo en la histórica comarca de Cinco Villas de la Montaña (Bortziriak, integrada por Bera, Lesaka, Etxalar, Arantza e Igantzi).
Los naturales y descendientes de la casa de Aranibar en Oiartzun gozaban de la consideración jurídica de hidalgos de sangre notorios («nobles por el solo hecho de nacer en dicha tierra e insertarse en el tronco de un solar legítimo»), amparados bajo el principio foral de la hidalguía universal de Guipúzcoa, (Gipuzkoa), y el estatuto de infanzonía de la montaña navarra.
Durante los siglos XVI y XVII, miembros de la familia Aranibar descollaron en el norte peninsular y en las cortes reales como acreditados escribanos reales y de número, corregidores territoriales, oficiales de las milicias forales y dignidades del alto clero diocesano y capitular.
En los siglos XVII y XVIII, una calificada corriente de caballeros e hidalgos de la estirpe se embarcó hacia el Virreinato del Perú, asentándose con notable poderío económico, militar y político en importantes urbes virreinales y centros mineros como Arequipa, Cusco, Lima y la Real Villa Imperial de Potosí (en el Alto Perú, actual Bolivia); allí fundaron poderosas dinastías de terratenientes, azogueros, magnates de la minería de la plata, alcaldes ordinarios de cabildo y magistrados que no solo hegemonizaron el patriciado colonial, sino que mantuvieron su preeminencia institucional, legislativa y diplomática tras la independencia de las repúblicas de Perú y Bolivia.
Etimológicamente procede de la lengua vasca (euskera), articulándose sobre la raíz protovasca haran / aran («valle») combinada con el término ibar («ribera fértil», «vega fluvial», «valle bajo bañado por un río»), con la presencia en ocasiones del formante locativo o genitivo -i- / -en-; filológicamente describe con exactitud «la vega del valle», «la ribera fluvial del valle» o «el paraje fecundo a orillas del río en el fondo del valle»; en la documentación notarial y escribanil de los siglos XVI al XVIII, la voz alternó entre la grafía regular llana Aranibar y la variante acentuada Araníbar (adoptada con frecuencia en los protocolos virreinales hispanoamericanos para reflejar la prosodia castellana), así como las formas fonéticas arcaicas Aranivar y Aranybar, manteniéndose como un cognomento patronímico y señorial hereditario inalterable de linaje, solar y armas conocido.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Gipuzkoa (con cuna señorial en Oiartzun, Errenteria, Donostia-San Sebastián e Irún), la comarca de Cinco Villas en Navarra (Lesaka, Bera, Etxalar e Igantzi), el Señorío de Vizcaya, la provincia y corte de Madrid, Andalucía (Sevilla y Cádiz, en conexión con la Carrera de Indias), y la totalidad del área andina sudamericana (Arequipa, Cusco, Lima y Trujillo en el Perú, y Potosí, La Paz y Sucre / Charcas en Bolivia); en las villas forales y en los cabildos metropolitanos de Indias, los Aranibar ostentaron la titularidad de caseríos solariegos de sillería con piedras armeras talladas, haciendas rústicas de viña y panllevar, ingenios de beneficio de plata en Potosí, capellanías colativas y enterramientos de patronato familiar en conventos y catedrales; en la actualidad es un apellido de dilatada solera histórica, nobleza de sangre y moderada frecuencia demográfica, reuniendo sus principales núcleos de portadores en el País Vasco, Navarra, la Comunidad de Madrid, la República del Perú y el Estado Plurinacional de Bolivia.
A lo largo de la Edad Moderna y la Contemporánea, los miembros de la casa de Aranibar mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la fe pública y el gobierno concejil:
Para salvaguardar su condición de hidalgos de sangre y ejercer los oficios de honor municipal, miembros del linaje acudieron ante las Justicias Ordinarias de Oiartzun y el Corregimiento de Gipuzkoa para sustanciar solemnes procesos de probanza de hidalguía, filiación y limpieza de sangre, siendo inscritos como vecinos concejantes y admitidos en las Juntas Generales de la provincia.
En el Reino de Navarra, los caballeros de Cinco Villas justificaron su calidad foral de infanzones de armas poner, obteniendo autos y sentencias ejecutorias ante la Corte Mayor de Navarra y la Real Audiencia de Pamplona, blindando su inmunidad ante repartimientos pecheros y cuarteles reales.
Ramas que pasaron a residir en Castilla, Andalucía y América justificaron su nobleza ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que certificaron formalmente su origen en solar vasconavarro conocido.
En el continente americano, caballeros del linaje probaron su legitimidad de cuna y nobleza de cuatro costados para ingresar en prestigiosas órdenes militares españolas (como Santiago y Carlos III) y para ejercer magistraturas virreinales como alcaldes ordinarios de primer y segundo voto en Arequipa y Potosí, justicias mayores, oidores de la Real Audiencia de Charcas y oficiales reales de las Cajas Matrices de Potosí.
Probaron rigurosamente su fe y ascendencia de cristianos viejos ante las autoridades eclesiásticas de las diócesis de Pamplona, Bayona, Lima, Cusco y Arequipa para fundar capellanías familiares, proveer canonjías y ejercer oficios de familiares y comisarios del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Logroño y Lima.
El linaje cuenta con una sólida y copiosa constancia documental en el Archivo General de Gipuzkoa (Tolosa), dentro de las series de Hidalguías y Procesos Civiles de Oiartzun; en el Archivo Municipal de Oiartzun; en el Archivo Real y General de Navarra (Pamplona), en las secciones de Procesos Judiciales y Mercedes Reales; en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (Salas de Hijosdalgo y Vizcaya); en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), en las secciones de Órdenes Militares e Inquisición; en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de Audiencia de Lima y Audiencia de Charcas; en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Sucre), con ricos protocolos de minas de Potosí; en los Archivos Arzobispales y Notariales de Arequipa y Cusco; y en los libros sacramentales de las parroquias históricas de San Esteban de Oiartzun y de Santa María de Lesaka desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron los señores y escribanos reales de la casa solar de Aranibar en Oiartzun durante los siglos XVI y XVII; alcaldes forales y jurados que gobernaron los concejos de Cinco Villas en Navarra; don Nicolás de Araníbar y Fernández Coronado, preclaro jurista, magistrado y prócer que ejerció como presidente de la Corte Suprema de Justicia del Perú en el siglo XIX; don José Nicolás de Araníbar, diplomático, ministro de Relaciones Exteriores y de Hacienda del Perú; hacendados y magnates de la plata en Potosí que dotaron colegiatas y templos barrocos con rentas de sus caudales; y distinguidas figuras eclesiásticas y letradas que en los siglos XIX y XX honraron el apellido en la judicatura, las letras y la vida política de Perú y Bolivia.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de hijosdalgos notorios de casa y solar conocido en Gipuzkoa y en la Corona de Castilla, infanzones de sangre en el Reino de Navarra, y miembros del patriciado de cabildo en el Virreinato del Perú, amparada en los Fueros de Gipuzkoa, los Fueros de Navarra y las Leyes de Indias. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a impuestos pecheros y gravámenes serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso exclusivo a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias y testimonios forales ratificaron secularmente su calidad de hidalgos de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.
Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en la casona solariega y torre de Oiartzun (Gipuzkoa); en los casales nobles de la comarca de Cinco Villas (Lesaka y Bera, Navarra); en las casas principales de la ciudad de Donostia-San Sebastián; en los palacetes urbanos y casonas coloniales de Arequipa y Cusco (Perú); en las casonas de mayorazgo de la Real Villa de Potosí y Charcas / Sucre (Bolivia); en las residencias avecindadas en la villa y corte de Madrid; y en las ramas establecidas en Lima y Sevilla.
Su difusión territorial se produjo de manera orgánica siguiendo los cursos fluviales del Oiartzun y del Bidasoa hacia el litoral cantábrico y los pasos pirenaicos, canalizándose paralelamente a lo largo de las calzadas que descienden hacia la meseta castellana y los puertos andaluces vinculados a la Flota de Indias, proyectándose finalmente hacia los centros neurálgicos mineros y comerciales de la cordillera de los Andes, sellando alianzas matrimoniales con esclarecidas familias de la hidalguía vasconavarra, de los caballeros regidores castellanos y de las élites criollas coloniales antes de su plena integración en las instituciones de las repúblicas independientes.
Armas

En la casa de Aranaz, junto a la Iglesia, constan: En campo de plata, una encina de sinople, frutada y arrancada, acostada de dos flores de lis, de azur.

Los de Fuenterrabía, traen: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de oro, un árbol de sinople, terrasado de lo mismo, con un lobo pardo atravesado al tronco, 2º, en campo de plata, un león rampante de su color, y 3º, en campo de oro, tres bandas, de gules.

Otros traen: En campo de oro, una encina de sinople, y dos flores de lis, de azur, una a cada lado del árbol; bordura dentellada, de gules.

Algunos Aranivar, traen: En campo de azur, una garra, de oso, puesta en palo.


