Arco, Del Arco
El linaje Arco (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y padrones de hidalguía bajo las variantes tradicionales Arcos, del Arco, de los Arcos, d'Arco, o en sus formas arcaicas medievales Arcos de la Frontera, de Arcu y de Arcos) constituye una ilustre, preclara y noble estirpe de matriz toponímica, alodial y de inmemorial hidalguía de sangre en la península ibérica, surgida de forma polifilética e independiente al compás de la arquitectura militar y de los hitos monumentales de la geografía hispánica, con solares matrices de acreditada solera en el Reino de Galicia, las montañas de Burgos (Corona de Castilla), el Reino de Navarra y el Reino de Aragón, experimentando una colosal expansión alodial y militar en Andalucía a partir del siglo XIII ligada a la conquista de Arcos de la Frontera y proyectando ramas patricias de regidores, corregidores, oidores y oficiales de la Corona hacia Extremadura, la corte de Madrid y los virreinatos del Nuevo Mundo a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna.
El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, territorial y de caballería de frontera:
Al existir múltiples villas, términos y parajes denominados Arco o Arcos en la península debido a la pervivencia de acueductos, puentes o puertas fortificadas de origen romano y medieval, el apellido emergió de manera autónoma en diversos solares de probada nobleza:
En el Reino de Galicia, caballeros e hidalgos de sangre levantaron casales solariegos vinculados a demarcaciones parroquiales y cotos forales homónimos en las provincias de Pontevedra y Ourense, ejerciendo como hombres de armas y justicias locales.
En la Corona de Castilla, radicaron antiquísimos solares en las montañas de Burgos (Merindades y Sedano) y en la Montaña de Santander, donde sus señores figuraron como hijosdalgos notorios de solar conocido con torre y peñas defensivas.
En el Reino de Navarra y en el Reino de Aragón, florecieron casas de infanzonía de inmemorial antigüedad que custodiaron pasos de montaña y desfiladeros fortificados.
Durante el siglo XIII, el apellido experimentó una extraordinaria difusión y prestigio en Andalucía: tras la reconquista definitiva de la inexpugnable y estratégica plaza de Arcos de la Frontera (Cádiz) por Alfonso X el Sabio, esforzados caballeros de mesnada adoptaron el nombre de la villa como apellido de distinción y naturaleza foral.
El topónimo alcanzó la más alta cúspide de la grandeza de España cuando los Reyes Católicos elevaron en 1493 el histórico condado de Arcos a Ducado de Arcos con Grandeza Inmemorial de España en favor de don Rodrigo Ponce de León, uniendo indisolublemente el nombre de la plaza gaditana a la primera nobleza peninsular y propiciando que caballeros de armas, alcaides y deudos de esta casa extendieran el cognomento por toda la baja Andalucía.
A partir de los siglos XVI y XVII, distinguidos miembros de las ramas de Arco y Arcos se embarcaron hacia el continente americano, afianzando poderosas líneas familiares en el Virreinato de Nueva España (México), el Nuevo Reino de Granada (Colombia), la Capitanía General de Chile y el Virreinato del Perú, donde desempeñaron encumbradas responsabilidades de corregidores de indios, oidores togados de Real Audiencia, oficiales reales y maestres de campo de los ejércitos virreinales.
Etimológicamente procede del latín clásico arcus, arcūs («arco», «bóveda», «arcada de acueducto o puente», o bien «arco de flecha»); en la toponimia medieval hispánica, el término se aplicó primordialmente para identificar emplazamientos amurallados dotados de puertas monumentales de sillería con vanos en arco, pasos abovedados de muralla o restos monumentales de acueductos romanos; en la práctica escribanil y notarial de los siglos XIII al XVIII, el vocablo alternó entre la forma singular regular Arco, la variante plural señorial Arcos y las formas con artículo nobiliario incorporado del Arco y de los Arcos, precedidas habitualmente de la preposición (de Arcos / del Arco), manteniéndose todas ellas en cancillerías y armoriales como expresiones legítimas de sus respectivos troncos forales.
Históricamente se distribuyó por la provincia de Burgos, la Montaña de Santander, las provincias gallegas de Ourense y Pontevedra, la Comunidad Foral de Navarra, el Reino de Aragón (Zaragoza y Teruel), Extremadura (Badajoz y Cáceres), el Reino de Sevilla, el Reino de Córdoba, la provincia de Cádiz (con epicentro señorial en Arcos de la Frontera, Jerez de la Frontera y Cádiz capital), la villa y corte de Madrid, y los principales virreinatos de ultramar (Ciudad de México, Puebla, Bogotá, Santiago de Chile, Lima y Cuzco); en Andalucía y Castilla, los Arco y Arcos ostentaron la posesión de casas-palacio con portaladas blasonadas, vínculos de mayorazgo de estricta agnación, encomiendas de órdenes militares y capillas de enterramiento preeminentes; en la actualidad es un apellido de notable interés onomástico, hidalguía inmemorial y amplia implantación demográfica en España e Iberoamérica.
A lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna, los miembros de la casa de Arco mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental y la justicia concejil:
Para salvaguardar su condición foral de hidalgos de sangre y su absoluta incompatibilidad con los repartimientos pecheros, miembros de las ramas castellanas, gallegas y andaluzas acudieron ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que certificaron formalmente su condición de hidalgos de sangre «de boca y de espada» de linaje y solar conocido, blindando su exención de pechos ordinarios, alcabalas, cuarteles reales y monedas foreras.
En el Reino de Aragón y Navarra, miembros del linaje probaron procesos de salva de infanzonía ante la Real Audiencia de Zaragoza y la Corte Mayor de Navarra, gozando de asiento en Cortes en el brazo de infanzones y caballeros.
Decenas de caballeros de este apellido acreditaron nobleza de cuatro costados y limpieza de sangre sin mezcla de moros, judíos ni penitenciados por el Santo Oficio para ingresar como caballeros de hábito en las prestigiosas órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y en la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.
En los concejos y villas de realengo y señorío, desempeñaron secularmente oficios reservados en exclusiva al estamento noble, tales como alcaldes ordinarios por el estado de hijosdalgo, regidores perpetuos, alféreces mayores, alcaldes de la santa hermandad y procuradores síndicos.
Probaron rigurosamente su legitimidad de cuna y ascendencia de cristianos viejos ante las autoridades eclesiásticas para proveer canonjías capitulares, fundar capellanías familiares y ejercer cargos de familiares, comisarios y alguaciles mayores del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Valladolid, Toledo, Sevilla, Granada, Córdoba, México y Lima.
El linaje cuenta con una sólida y copiosa constancia documental en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y en el Archivo de la Real Chancillería de Granada (secciones de Hidalguía, Ejecutorias y Pleitos Civiles); en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), en las secciones de Órdenes Militares (Santiago, Calatrava y Alcántara), Inquisición y Consejos Suprimidos; en el Archivo General de Simancas; en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional (Toledo), con los fondos del Ducado de Arcos (fondo Osuna); en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de Audiencia de México, Lima y Santa Fe; y en los libros sacramentales de las parroquias históricas de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera, San Salvador de Sevilla y catedrales castellanas desde el siglo XVI.
Entre sus personajes más destacados figuraron los alcaides y caballeros que tomaron parte en la conquista y repoblación de Arcos de la Frontera en el siglo XIII; los capitanes y regidores que gobernaron los concejos de Sevilla, Jerez y Burgos en los siglos XV y XVI; don Alonso del Arco (1635–1704), célebre pintor barroco madrileño (apodado «el Sordillo de Pereda»); oidores de Real Audiencia y corregidores que administraron la justicia regia en Indias; canónigos capitulares y prelados que dotaron obras pías con rentas alodiales de sus fincas de cereal y olivar; y oficiales de la Real Armada y de los tercios de infantería que combatieron en las guerras de Italia y Flandes.
En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de solar de hidalguía de sangre notoria inmemorial, hijosdalgos de casa y solar conocido en la Corona de Castilla e infanzones de armas poner en el Reino de Aragón y Navarra, amparada en las Leyes de Castilla y en los fueros generales peninsulares. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a tributos comunes y gravámenes serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso exclusivo a las magistraturas concejiles de honor; las Reales Sentencias dictadas por las Reales Chancillerías ratificaron secularmente su calidad nobiliaria y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.
Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en los solares hidalgos de las montañas de Burgos y la comarca de Sedano; en los casales nobles del Reino de Galicia (Ourense y Pontevedra); en los casales de infanzones de Navarra y Aragón; en las casas principales y casonas de mayorazgo de Arcos de la Frontera, Jerez de la Frontera y Sevilla; en las casonas de Córdoba, Granada y Cáceres; en las residencias nobles levantadas en la villa y corte de Madrid; y en las mansiones señoriales y haciendas de ultramar (Ciudad de México, Puebla, Bogotá, Lima y Santiago de Chile).
Su difusión territorial se produjo de manera orgánica siguiendo los ejes naturales de avance reconquistador desde el norte cantábrico y gallego hacia la cuenca del Duero y el Tajo, canalizándose seguidamente por las cañadas reales y vías militares hacia la campiña andaluza y el litoral gaditano, proyectándose finalmente a través de la Carrera de Indias hacia los virreinatos del Nuevo Mundo, sellando alianzas matrimoniales con esclarecidas familias de la hidalguía castellana y norteña, del patriciado concejil andaluz y de las oligarquías criollas antes de su plena integración en las instituciones modernas de la Corona.
Armas

Los Arco de la casa de Borja (Zaragoza) traen: En campo de plata, un arco o ballesta de sable.
Estas mismas armas usan los originarios de Navarra, según Vicente de Cadenas.

Otros Arco de la casa de Borja, así como los de Castilla y Extremadura varían los esmaltes de ese escudo y ponen: En campo de gules, el arco de oro, con las cuerdas de plata.

Otros usan: En campo de oro, tres escudetes de gules, bien ordenados y cargados cada uno de un pino al natural, y un león, coronado de oro, empinado al tronco.


