Asturias, Alvarez de Asturias

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El linaje Asturias (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y crónicas bajomedievales bajo las fórmulas tradicionales d'Asturias, de Asturias, o en su designación colectiva y de señorío de las Asturias) constituye una preclara, excelsa y monumental estirpe de origen toponímico, regia raigambre e inmemorial nobleza de sangre en la Corona de Castilla, con cuna indiscutible en el Principado de Asturias (el originario Reino de Asturias), cuna nutricia de la Reconquista en la península ibérica, íntimamente entroncada con la alta nobleza de ricoshombres de pendón y caldera, magnates de la corte de León y Castilla, señores de dilatadas mandaciones feudales y alféreces mayores del rey, proyectando desde los valles cantábricos casales señoriales y ramas patricias hacia Castilla la Vieja, el Reino de León, Andalucía, la corte de Madrid y el Nuevo Mundo, donde arraigó en la Capitanía General de Guatemala fundando una de las más ilustres casas de hombres de leyes, gobernadores y magnates criollos de la historia virreinal e hispanoamericana.

El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, institucional y de la más encumbrada nobleza de sangre, nacido en la Alta Edad Media (entre los siglos X y XI) en el seno de la dinastía regia asturleonesa y de los grandes magnates que gobernaban los condados y tenencias del territorio astur; los próceres que ejercieron el gobierno condal y poseyeron señoríos de jurisdicción en dicha demarcación adoptaron la denominación territorial como apellido hereditario de cuna y linaje conocido (de Asturias / de las Asturias):

Entre sus figuras más determinantes descolló en el siglo XIV el magnate don Rodrigo Álvarez de las Asturias (fallecido en 1334), ricohombre de Castilla, señor de Noreña, Gijón y Allande, merino mayor de Asturias y adelantado mayor de León y de la frontera de Andalucía; figura de máxima privanza regia, fue tutor y albacea testamentario del infante don Enrique de Trastámara (futuro rey Enrique II de Castilla), a quien, al carecer de hijos legítimos, instituyó heredero universal de su inmenso señorío y estados feudales de Noreña, donación patrimonial e institucional decisiva que propició que, en las Cortes de Guadalajara de 1388, el rey Juan I de Castilla creara el título de Príncipe de Asturias para designar de forma secular y perpetua al heredero de la Corona.

A medida que avanzaban las campañas militares de la Reconquista, ramas de esta estirpe pasaron a establecerse en las ciudades del Duero y del Tajo, así como en las demarcaciones reconquistadas de Andalucía, ocupando regidurías y prebendas de realengo.

En el siglo XVII, miembros de la familia pasaron a las Indias Occidentales; una de sus ramas más célebres y aristocráticas se radicó en la Capitanía General de Guatemala, donde los Asturias enlazaron con la élite criolla, ocupando magistraturas de oidores de la Real Audiencia, alcaldes mayores y regidores perpetuos; de este fecundo e influyente tronco guatemalteco descendió el insigne escritor, diplomático y periodista Miguel Ángel Asturias (1899–1974), galardonado con el Premio Lenin de la Paz (1966) y el Premio Nobel de Literatura en 1967, inmortalizando el nombre del linaje en las letras universales.

Etimológicamente procede del orónimo e hidrónimo prerromano e indoeuropeo de la tribu de los ástures (astures, documentado por cronistas clásicos como Plinio, Estrabón y Floro); el étimo se articula sobre la raíz paleoeuropea o hidronímica Ast- / Stur- (presente en el río Ástura, actual río Esla), compuesta de la base céltica o indoeuropea ast- («peña», «montaña», «roca escarpada») y ura («corriente de agua», «río»), con el significado primordial de «los habitantes del río de las montañas» o «los hombres del país de las peñas»; en la práctica notarial y escribanil medieval, el apelativo alternó entre el plural de Asturias y la forma señorial medieval de las Asturias (con referencia a las históricas Asturias de Oviedo y Asturias de Santillana), manteniéndose inalterable como cognomento patronímico hereditario de linaje, solar y armas conocido.

Históricamente se distribuyó por el Principado de Asturias (con señorío secular en Noreña, Gijón, Oviedo, Allande, Cangas del Narcea y Avilés), el Reino de León (León capital, Astorga y Sahagún), Castilla la Vieja (Valladolid, Palencia y Burgos), Castilla la Nueva (Toledo y Madrid), Andalucía (Sevilla, Jaén y Córdoba), y, a partir del siglo XVII, en el Reino de Guatemala (Santiago de los Caballeros de Guatemala y la Nueva Guatemala de la Asunción), así como en el Virreinato de Nueva España y el Virreinato del Perú; en Asturias y León, los señores del linaje ostentaron el rango de condes y comendadores mayores, y en Indias integraron la nobleza de terratenientes y altos funcionarios de la Corona; en la actualidad es un apellido de dilatada solera histórica, extraordinario prestigio literario y cultural, y moderada frecuencia demográfica, con presencia en España, Guatemala, México y los Estados Unidos.

A lo largo de la Edad Media, Moderna y Contemporánea, los miembros de la casa de Asturias mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la representación estamental y la alta gobernación:

En la Edad Media, los caballeros de las Asturias gozaron del estatuto supremo de ricoshombres de pendón y caldera en la corte de los reyes de León y de Castilla, mandando mesnadas señoriales, asistiendo al consejo real y actuando como jueces de concordia en los pactos regios.

Don Rodrigo Álvarez de las Asturias desempeñó los cargos de adelantado mayor del reino de León, merino mayor y tutor regio, interviniendo en las campañas de la batalla de Tarifa y en la pacificación del norte peninsular.

Para salvaguardar su fuero noble en los siglos XVI, XVII y XVIII, ramas de este apellido promovieron y obtuvieron confirmaciones de nobleza de sangre e hidalguía de solar conocido ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada, blindando su exención de tributos pecheros del común.

En la Capitanía General de Guatemala, los Asturias ejercieron varas de alcaldes ordinarios del cabildo metropolitano, oidores de la Real Audiencia, oficiales reales de la Real Hacienda y oficiales de las milicias de infantería y caballería del reino.

Acreditaron rigurosa legitimidad de cuna y limpieza de cuatro costados para ingresar en órdenes militares de caballería y para acceder a canonjías en las catedrales de Oviedo, León y Santiago de Guatemala, así como para ejercer cargos de familiares del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.

El linaje cuenta con una sólida y continuada constancia documental en el Archivo General de Simancas (series de Patronato Real, Mercedes y Cámara de Castilla); en el Archivo Histórico de la Nobleza (Toledo); en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid; en el Archivo General de Indias (Sevilla), con abundantes expedientes en las audiencias de Guatemala y México; en el Archivo General de Centroamérica (Ciudad de Guatemala); en el Archivo de la Catedral de San Salvador de Oviedo; y en los libros sacramentales de las parroquias históricas de Asturias, León y Guatemala desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron los condes y señores feudales asturianos de los siglos XI y XII; don Rodrigo Álvarez de las Asturias, señor de Noreña y tutor de Enrique II; regidores y procuradores en Cortes que representaron al brazo de hijosdalgo; el letrado y oidor don Juan de Asturias en el siglo XVII; los ilustres terratenientes y regidores de Santiago de Guatemala en los siglos XVIII y XIX; y el egregio novelista, poeta y diplomático don Miguel Ángel Asturias, autor de obras universales como El Señor Presidente y Hombres de maíz, cumbre de la narrativa hispánica del siglo XX.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de ricoshombres de Castilla y León, señores de horca y cuchillo, hijosdalgos notorios de casa y solar conocido y miembros de la nobleza virreinal de capa y espada, amparada en las Leyes de Partida y las ordenanzas nobiliarias de Castilla. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a pechos, pedidos y cargas serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso exclusivo a los oficios concejiles de honor; las Reales Cédulas y ejecutorias ratificaron secularmente su calidad de solar conocido y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.

Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en la fortaleza y solar de Noreña y castillos de Gijón y Allande (Asturias); en los palacios de sillería y casonas de mayorazgo de la ciudad de León y Oviedo; en las casas principales avecindadas en Valladolid, Burgos y Toledo; en las casonas hidalgas de Sevilla; en las residencias nobles levantadas en la villa y corte de Madrid; y en las mansiones palaciegas y haciendas solariegas de Santiago de los Caballeros de Guatemala y la Ciudad de Guatemala.

Su difusión territorial se produjo de manera orgánica siguiendo los pasos naturales de la cordillera Cantábrica hacia los valles leoneses, articulándose paralelamente por las vías del interior castellano hacia el sur y canalizándose a través de la Carrera de Indias hacia los nudos de gobierno de la Capitanía General de Guatemala, sellando alianzas matrimoniales con distinguidas casas de la nobleza titulada castellana, de los magistrados togados y del patriciado criollo antes de su plena integración en las instituciones modernas y contemporáneas.


Armas

Escudo de armas

Las armas propias de la casa de Asturias son: Escudo jaquelado de ocho piezas de gules y siete veros de azur y plata.

Estas mismas armas usan los radicados en Guatemala, según Vicente de Cadenas.

Escudo de armas

Otros de Asturias, según Diego de Soto y Aguilar, traen: Escudo partido: 1º, jaquelado de ocho piezas de gules y siete de veros de azur y plata, y 2º, en campo de oro, tres suelas de sable, mal ordenadas.

Escudo de armas

Otros, según José Pellicer, usan: En campo de oro, siete jaqueles de veros de plata y azur.

Escudo de armas

Otros, según Juan José Vilar y Psayla, traen: Escudo ajedrezado de plata y azur, con veros de este color.

Escudo de armas

Los Asturias, de Asturias, según Bernardo de Estrada y Nava y Miguel de Salazar, usan: En campo de oro, tres suelas de zapato, de sable, bien ordenadas.

Escudo de armas

Los Álvarez de las Asturias-Bohorques usan: En campo de gules, una banda de oro. engolada en cabezas de dragones del mismo metal y lampasados de gules. Bordura de azur, con dos flores de lis de oro, una en el centro del jefe y otra en el centro de la punta, con dos columnas de plata, una a cada lado.