Ateorta, Atehortúa, Ateortúa, Atergotua, Atehortua
El linaje de Ateorta (registrado en la documentación histórica y en sus ramas americanas con las grafías Atehortúa, Ateortúa o Atehortua) es una estirpe toponímica de rancia solera, hidalguía solariega y profunda proyección transatlántica, con su cuna geográfica absoluta en el territorio histórico de Vizcaya.
La cuna toponímica primaria del linaje se localiza de forma inequívoca en las tierras de Vizcaya (Bizkaia), donde el apellido surgió en plena Edad Media a partir de la denominación de antiguos caseríos solariegos, torres y heredades vinculadas a la orografía vasca. Los caballeros e hidalgos titulares de estos solares adoptaron el topónimo como denominación familiar hereditaria para certificar su procedencia y su filiación agnática.
Desde la perspectiva onomástica y etimológica, el compuesto responde a una nítida raíz euskérica altomedieval. El vocablo se compone de la voz ate ("puerta, portillo, paso o garganta de montaña") y el sufijo locativo o descriptivo relacionado con huertas, campos o terrenos cultivados (-ortua o -hortua, variante dialectal de ortu, "huerta o heredad"), haciendo referencia directa al "caserío o huerta situada junto al paso o desfiladero". Con el paso de los siglos y el asentamiento de las ramas familiares en Castilla y en América, la grafía sufrió adaptaciones fonéticas y transcripciones notariales que oscilaron entre la conservación de la "h" aspirada (Atehortúa) y su simplificación moderna (Ateorta o Ateortua).
La historia de los miembros de esta Casa se halla íntimamente ligada a la hidalguía rural vizcaína, al régimen concejil de las anteiglesias, a la administración local y a la milicia. Durante la Época Moderna, los portadores de este apellido ejercieron como regidores, alcaldes de hermandad y procuradores, participando activamente en la vida municipal y en los llamamientos defensivos de los valles vizcaínos.
Los solares primitivos radicaron en casonas y caseríos solariegos de Vizcaya, los cuales ostentaban tradicionalmente labras heráldicas esculpidas en piedra sobre sus muros para atestiguar ante la anteiglesia la nobleza de sangre y el fuero de exención de sus moradores.
Los miembros de la Casa de Ateorta / Atehortúa gozaron prescriptivamente del principio de hidalguía universal inherente a los naturales de las Provincias Vascongadas. Este fuero legal garantizaba a la familia el estatus de hidalgos de sangre de solar conocido, eximiéndoles de todo pago de pechos y tributos ordinarios pecheros, y otorgándoles el derecho exclusivo al desempeño de los oficios del estado noble en los ayuntamientos.
La presencia documental del linaje se custodia en los principales archivos del norte peninsular, destacando el Archivo Histórico de Vizcaya y los fondos notariales de Bilbao y Durango. Asimismo, ramas de la estirpe comparecieron ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid para sustanciar ejecutorias de hidalguía y probanzas de nobleza. Su huella documental en América es excepcional, especialmente en los archivos históricos de Colombia (con particular arraigo en la región antioqueña y el Eje Cafetero), donde consta la hidalguía y limpieza de sangre de los primeros colonizadores peninsulares.
Armas
Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de gules, una torre de plata, y 2º y 3º, en campo de plata, una encina de sinople, frutada de gules, y un jabalí de sable, empinado al tronco.
Juan Carlos de Guerra señala que los cuarteles segundo y tercero son de oro.
Los Atergotua, de la Merindad de Durango (Vizcaya), según Juan José Vilar y Psayla, traen: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de gules, una torre de plata, y 2º y 3º, en campo de gules, una encina de sinople, frutada de oro, y un jabalí de sable, empinado al tronco.


