Atheca, Ateca, Atequa
El linaje de Ateca es una estirpe de origen toponímico, rancia solera nobiliaria y profundo arraigo histórico en el noreste de la península ibérica. Como apellido de solar conocido, cuenta con una trayectoria documentada que abarca desde la epopeya de la Reconquista aragonesa y el ciclo épico medieval hasta su consolidación en las instituciones nobiliarias de la Corona de Aragón y su posterior expansión ultramarina.
La cuna geográfica absoluta del linaje se sitúa en la histórica villa y municipio de Ateca, enclave estratégico situado en la comarca de la Comunidad de Calatayud, en la provincia de Zaragoza (Aragón). La adopción del nombre de esta villa como patronímico hereditario («de Ateca») se remonta a los siglos XI y XII, durante las campañas de reconquista y repoblación de los valles del Jalón y el Jiloca. Los caballeros, tenentes de fortalezas y colonos infanzones que recibieron heredades o mandos militares en la plaza tomaron el topónimo de su feudo como denominación familiar para certificar su origen y filiación agnática.
Desde la perspectiva onomástica y etimológica, Ateca es un toponímico de hondo arraigo histórico cuya raíz se relaciona con su pasado defensivo y fronterizo. En las crónicas medievales y en los anales de la épica castellana, la villa figura con un papel preeminente; de hecho, el Cantar de mio Cid (siglo XII) inmortaliza el enclave al relatar la toma, asedio y operaciones militares desarrolladas por las huestes del Cid Campeador en torno al castillo y término de Ateca.
La trayectoria de los miembros de esta Casa se halla íntimamente ligada a la alta infanzonía aragonesa, al ejercicio de las armas y al gobierno concejil. Durante la Edad Media y el Antiguo Régimen, los portadores del apellido destacaron en la defensa de los señoríos de la frontera aragonesa-castellana, ocupando regidurías, mandos militares y patronatos eclesiásticos en la comarca bilbilitana.
El solar primitivo radicó en la propia villa y fortaleza de Ateca, desde donde el linaje erigió casas solariegas secundarias en la ciudad de Calatayud, Zaragoza, Huesca, y extendió tempranamente sus ramas hacia el País Vasco, Cantabria, Navarra y La Rioja, adaptando sus casales a los distintos fueros territoriales.
Las distintas ramas de la Casa de Ateca ostentaron formalmente la condición de infanzones de sangre del Reino de Aragón (nobles de linaje). Este estatus jurídico garantizaba a sus portadores la exención fiscal absoluta, la protección de sus bienes frente a embargos y el derecho exclusivo a ocupar los oficios del estado noble en los ayuntamientos y en las Cortes del Reino.
La huella documental de esta estirpe se custodia en los principales archivos del patrimonio aragonés e hispano. En el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona), en los fogajes históricos medievales y en los registros de la Real Audiencia de Aragón constan los expedientes de firmitas de infanzonía, los procesos de insaculación y las probanzas de nobleza tramitadas por los miembros del linaje para defender sus privilegios frente al brazo real.
Armas
En campo de plata, un águila de sable y encima de ella una cruz de gules.
Según Agustín de Loaysa: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de plata, un águila de sable, surmontada de una cruz llana de gules, y 2º y 3º, en campo de gules, cinco castillos de plata, puestos en sotuer.


