Balanda
El linaje Balanda (con sus variantes históricas y documentales de Balanda, d'En Balanda, Bertran de Balanda o la forma latinizada de Balandano) constituye una noble, ilustre y calificada estirpe de probada condición de hijosdalgo de sangre, alta magistratura de justicia, servicios militares y señorío alodial en el Rosselló (Roussillon) y el Principado de Cataluña, con casal matriz solariego y señoríos territoriales radicados en la veguería de Perpignan (Perpinyà), desde donde sus miembros enlazaron con el patriciado de Barcelona y extendieron ramas de hidalguía hacia el Reino de Valencia a lo largo de la época feudal y durante la época de la Monarquía.
Filológicamente procede de la evolución romance bajolatina y occitano-catalana sobre el topónimo menor o heredad Balanda (del latín tardío o galorromance *valanda / *balanda, emparentado con «hondonada fértil», «vallejo abrigado» o «heredad bien situada junto a un declive fluvial»), utilizado en la demarcación de los condados de Rosselló y Cerdanya para designar posesiones francas libres de cargas serviles.
A partir del siglo XVII y XVIII, una de las ramas de mayor notoriedad unió por vía matrimonial y testamentaria el patronímico de la ilustre casa caballeresca Bertran (Bertrand) con el solar de Balanda, fijando en la nobleza ultrapirenaica y catalana la denominación linajuda Bertran de Balanda.
Quedó consignado en los registros del Consejo Soberano del Rosselló, libros de feudos de la veguería de Perpinyà y protocolos notariales catalanes desde los siglos XV y XVI como linaje hereditario de solar y condición de nobleza militar y de toga (nobiles viri de Balanda).
En la comarca del Rosselló, el linaje mantuvo casal solariego principal en la ciudad de Perpinyà, así como heredades solariegas, molinos y dominios en localidades circundantes del valle del río Tet y de la comarca del Vallespir.
Formaron parte activa del estamento noble y del patriciado de ciudadanos honrados de Perpinyà, participando en el gobierno municipal y en las asambleas del brazo militar en la época en que los condados del norte integraban plenamente el Principado de Cataluña bajo la Corona de Aragón.
Tras el Tratado de los Pirineos (1659), la rama principal permaneció en el territorio septentrional, manteniendo sus privilegios de nobleza de sangre y adaptándose a las nuevas instituciones forales creadas por la administración monárquica.
Varios miembros de la casa ingresaron como consejeros y presidentes en el prestigioso Consejo Soberano del Rosselló (Conseil Souverain de Roussillon), ejerciendo la más alta magistratura de justicia civil y criminal y alcanzando confirmación solemne de nobleza de armas.
Paralelamente a la magistratura togada, los varones de esta estirpe sirvieron como capitanes de caballería e infantería en los reales ejércitos, distinguiéndose en las campañas de Flandes y el Rosellón durante el siglo XVIII, y entroncando matrimonialmente con señaladas casas de la nobleza rousillonense como los Sicart, d'Oms, de Banyuls y de Llucià.
Ramas del tronco de Balanda mantuvieron estrechos vínculos con la capital del Principado, avecindándose en Barcelona e ingresando en el encumbrado estamento de Ciudadanos Honrados de Barcelona.
Desempeñaron vocalías en el Consell de Cent, cargos en la administración patrimonial de la Generalitat de Catalunya y plazas de letrados en la Real Audiencia de Cataluña.
En los censos y fogatges generales de Cataluña del siglo XVI, constan registrados hogares bajo la grafía Balanda en las veguerías de Perpinyà, Girona y Barcelona como propietarios alodiales y personas de condición generosa e hijosdalgo.
Caballeros de este linaje pasaron al Reino de Valencia, estableciendo casal solariego en la capital foral y en villas de la comarca de la Plana de Castellón (Castellón de la Plana, Nules y Vila-real) y el Camp de Morvedre.
Ocuparon oficios concejiles de jurados (jurats), receptores de rentas del Real Patrimonio y escribanos de cámara, concertando alianzas matrimoniales con ilustres familias de la hidalguía de l'Horta y el estamento militar foral.
Miembros de la estirpe tuvieron llamamiento, voz y voto inmemorial en el brazo militar en las Cortes del Principado de Cataluña y en el estamento militar en las Cortes del Reino de Valencia.
Justificaron su nobleza de sangre y sentencias amparatorias de hidalguía ante la Real Audiencia de Cataluña, el Consejo Soberano del Rosselló y las salas de justicia forales de Valencia.
Probaron legitimidad de cuna y nobleza limpia ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Barcelona y Valencia para el ejercicio de empleos de familiares y comisarios.
Vistieron hábitos de órdenes de caballería de la Monarquía (Montesa, San Juan de Jerusalén, Carlos III y la orden de San Luis) y alcanzaron prebendas canonicales en cabildos catedralicios de la Corona de Aragón y de la diócesis de Elna-Perpinyà.
Armas
Los del Rosellón, según Philippe Lazerme traen: De gules, dos carneros de plata, el uno sobre el otro, con los cuernos y collares de oro.


