Barradas
El linaje Barradas (con sus variantes históricas, dialectales y notariales de Barradas, Barrada, d'En Barradas o latinizada de Barradas) constituye una noble, preclara y titulada estirpe de probada condición de hijosdalgo de sangre, alta magistratura foral, servicios de caballería militar y hábitos de órdenes de la Monarquía en el Reino de Valencia, la Corona de Castilla y el Principado de Cataluña, con primitivos casales de hidalguía en la Península y una encumbrada rama patricia en la ciudad de Valencia, a la que perteneció don Antonio Barradas y Baeza, caballero de las reales órdenes de Montesa y Carlos III a finales del siglo XVIII, a lo largo de la época feudal y durante la época de la Monarquía.
Filológicamente procede de la evolución romance sobre la base orográfica prerromana *barr- / *barro- («barro, cárcava, terreno arcilloso, empalizada o vallado defensivo de estacas y barro»), derivada en la voz romance barrada o barradas («defensa de barreras, lugar cerrado por empalizadas o foso»), utilizada para designar heredades solariegas fortificadas o parajes de relieve escarpado.
En los protocolos de cancillería, censos de órdenes militares y ejecutorias nobiliarias alternó la forma patrimonial pluralizada Barradas con la forma singular Barrada, así como fórmulas nobiliarias de pertenencia (de Barradas), tratando las escribanías de una misma estirpe de reconocida nobleza de sangre.
Quedó consignado en los expedientes de las órdenes de caballería, libros de acuerdos municipales y registros de la Real Cancillería como linaje de personas de condición generosa e hijosdalgo notorios (de Barradas).
En la capital del Reino de Valencia, los Barradas mantuvieron palacio señorial de sillería, derecho de enterramiento privativo y vínculos alodiales francos de pechas, emparentando con linajes de la más alta nobleza foral y del patriciado cívico, como los Baeza.
La figura más descollante de esta rama valenciana en el siglo XVIII fue don Antonio Barradas y Baeza, natural de la ciudad de Valencia, insigne caballero de acreditada ejecutoria nobiliaria.
Realizó plenas probanzas de nobleza, legitimidad de cuna y limpieza de sangre de sus cuatro costados para ingresar en la Orden Militar de Nuestra Señora de Montesa, en la que fue solemnemente armado caballero el 7 de agosto de 1790.
Pocos años después, en premio a sus méritos y calificada estirpe, ingresó como caballero en la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III el 12 de octubre de 1795, alcanzando las dos veneras más distinguidas del servicio a la Corona en territorio valenciano y de la Monarquía.
Miembros de la estirpe mantuvieron posesiones alodiales, casas de campo y vínculos de parentesco en las veguerías de Girona, el campo de Tarragona y tierras de Lleida, acudiendo a las llamadas de hueste y cabalgada del Principado.
Ramas de esta casa fijaron residencia en la capital condal a partir de los siglos XVI y XVII, ingresando en el encumbrado estamento de Ciudadanos Honrados de Barcelona.
Desempeñaron oficios concejiles en el Consell de Cent, cargos en la administración patrimonial de la Generalitat de Catalunya y plazas de letrados en la Real Audiencia de Cataluña.
En los censos y fogatges generales de Cataluña constan inscripciones de individuos del apellido gozando de exención de pechas pecheras por fuero de nobleza de sangre.
Además de su matriz patricia en la ciudad de Valencia, caballeros del apellido establecieron casal solariego en villas de la comarca de la Plana de Castellón (Castellón de la Plana, Nules y Vila-real) y el Camp de Morvedre.
Ocuparon oficios concejiles de jurados (jurats), receptores de rentas del Real Patrimonio y escribanos de cámara, concertando alianzas matrimoniales con ilustres familias de la hidalguía de l'Horta y el estamento militar foral.
Miembros de la estirpe tuvieron llamamiento, voz y voto inmemorial en el estamento militar en las Cortes del Reino de Valencia y en el brazo militar en las Cortes del Principado de Cataluña.
Justificaron su nobleza de sangre y sentencias amparatorias de hidalguía ante la Real Audiencia de Valencia, la Real Audiencia de Cataluña y la Chancillería.
Probaron legitimidad de cuna y nobleza limpia ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en los distritos de Valencia y Barcelona para el ejercicio de empleos de familiares y comisarios.
Vistieron hábitos de órdenes de caballería de la Monarquía, con señalada presencia en la Orden de Montesa y Carlos III, así como en San Juan de Jerusalén.
Armas
Según A. y A. García Carraffa: En campo de plata, una cruz de gules con aspas cruzadas y en el extremo de ellas, cuatro caracolas (no indican esmalte).


