Carrillo
El linaje de los Carrillo constituye una de las Casas solariegas más ilustres, influyentes y de mayor antigüedad de la Corona de Castilla. Su trayectoria documentada abarca desde los orígenes de la Reconquista hasta su proyección virreinal en América, habiendo desempeñado sus miembros un papel central en la alta política, la Iglesia, las Órdenes Militares y la administración de los Reinos de España.
El origen del linaje Carrillo se sitúa en los primeros siglos del medievo peninsular, vinculado a la Merindad de Castilla la Vieja (actual provincia de Burgos). La tradición nobiliaria medieval —recogida por tratadistas clásicos como Ferruy de Mexía o el Marqués de Avilés— atribuye la fundación de la Casa a dos hermanos caballeros de rancia estirpe, emparentados con la nobleza goda o con la casa condal de Barcelona, que se establecieron en tierras burgalesas durante el proceso de repoblación. Gracias a su arrojo bélico en el servicio a los primeros condes y reyes castellanos, estos caballeros recibieron por sobrenombre la denominación de los Carrillo, término que sus descendientes agnáticos perpetuaron como apellido hereditario para acreditar la pertenencia a un mismo solar hidalgo.
Desde el punto de vista etimológico y onomástico, Carrillo es un apellido de origen descriptivo o antroponímico que funciona como un apodo de características fisonómicas. Deriva directamente de la voz castellana carrillo, cuyo origen etimológico reside en el latín vulgar carriolus, diminutivo de carrus, que pasó por metonimia a designar la mejilla, el pómulo o la mandíbula. Surgió originariamente como un sobrenombre destinado a señalar a un personaje de relieve fisonómico característico, con mejillas abultadas, sonrosadas o de mandíbula prominente. Al igual que ocurrió con otros grandes patronímicos castellanos de origen descriptivo, la notoriedad social y militar del primer portador provocó que la denominación perdiera su sentido puramente coloquial y se institucionalizara como marca inalterable de linaje nobiliario.
La historia de los Carrillo está íntimamente ligada a las grandes decisiones políticas de la Monarquía Hispánica. A lo largo de los siglos XIV al XVI, la Casa experimentó un ascenso meteórico mediante la acumulación de señoríos y la articulación de alianzas matrimoniales con linajes como los Mendoza, Toledo, Velasco y Albornoz. Entre sus figuras más determinantes destaca Don Alfonso Carrillo de Acuña (1412–1482), arzobispo de Toledo, canciller mayor de Castilla y árbitro político de la guerra civil castellana, cuyo papel fue decisivo en el matrimonio de los Reyes Católicos y en la consolidación de la unidad dinástica. Asimismo, sobresale Don José Carrillo de Albornoz (1671–1747), I duque de Montemar, insigne militar que mandó las tropas españolas en la campaña de Italia durante el reinado de Felipe V, logrando la célebre victoria de Bitonto.
Al tratarse de uno de los linajes con mayor proyección señorial e hidalga, la huella documental de los Carrillo es inmensa y se encuentra custodiada en los principales repositorios del Estado. En las Salas de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada se conservan cientos de pleitos de hidalguía expedidos a favor de miembros de este linaje que litigaron para certificar su hidalguía de sangre, su exención tributaria y el derecho al uso de armas puras. En el Archivo Histórico Nacional, dentro de la sección de Órdenes Militares, constan los expedientes de pruebas de ingreso de caballeros del apellido Carrillo en las Órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara, Montesa, Carlos III y Malta, mientras que la Sección Nobleza de Toledo custodia los fondos archivísticos de los grandes mayorazgos y ejecutorias de sus distintas ramas tituladas.
El solar primitivo del linaje radicó en Burgos, expandiéndose en la Baja Edad Media mediante la fundación de fortalezas, palacios solariegos y mayorazgos. En Castilla la Vieja y la Alcarria destacó por sus feudos e inscripciones monumentales en Guadalajara, correspondiente al solar de los Carrillo de Mendoza, así como en Cuenca, feudo histórico de los Carrillo de Albornoz. Con las campañas de la Reconquista en el valle del Guadalquivir, los Carrillo fundaron solares mayores y palacios solariegos en Jaén, Córdoba, Sevilla y Granada, integrándose plenamente en las oligarquías municipales e institucionales del sur peninsular.
El linaje alcanzó las más elevadas cumbres de la pirámide estamental del Antiguo Régimen, logrando que diversas ramas de la familia obtuvieran títulos del Reino y distinciones de primer orden, incluidas Grandezas de España y dignidades como el Ducado de Montemar, el Condado de Priego, el Marquesado de Caracena y el Marquesado de la Guardia. En el ámbito estrictamente armero, aunque la diversificación del apellido generó diversas brisuras y armerías compuestas, el escudo primitivo y puro de la Casa solariega castellana se blasona canónicamente en campo de gules, con una estrella de ocho puntas de oro, timbrado con yelmo de hidalgo de acero bruñido de perfil a la diestra, burelete y lambrequines de gules y oro.
En la Península Ibérica, la presencia del apellido refleja de forma idéntica las rutas históricas de la repoblación medieval y los movimientos migratorios contemporáneos. Mantiene una altísima densidad tradicional en Andalucía, especialmente en las provincias de Jaén, Córdoba, Sevilla y Granada, así como en la Región de Murcia y en Castilla-La Mancha, con particular incidencia en Cuenca y Guadalajara. Asimismo, registra cifras muy elevadas en los grandes núcleos urbanos e industriales de Madrid y Barcelona, fruto directo de los flujos migratorios internos producidos durante el siglo XX.
El apellido Carrillo fue uno de los primeros patronímicos castellanos en pasar al Nuevo Mundo tras el Descubrimiento de América en 1492. Conquistadores, encomenderos, oidores de Audiencia y religiosos del linaje se asentaron en los puntos neurálgicos de los virreinatos, consolidando solares de la nobleza criolla en el Virreinato de la Nueva España y en el Virreinato del Perú, donde ocuparon puestos destacados en los cabildos y ejércitos virreinales. De igual modo, arraigaron con fuerza en la Nueva Granada y en Venezuela, mientras que en la actualidad mantienen una notable densidad en los estados del sur y del suroeste de los Estados
Armas

Las propias de este linaje son: En campo de gules, un castillo de oro, aclarado de azur.

Según Agustín de Loaysa traen: En campo de gules, un castillo de oro.

Los de Aragón, según el Conde de Doña Marina, usan: En azur, un castillo de oro.

Los de Murcia y Daimiel (Ciudad Real) traen: En campo de azur, un castillo de oro aclarado de gules.

Los de Cuenca, según Bernardo de Estrada y Nava, usan: En campo de gules, un castillo de plata, aclarado de azur.

Los de Toledo, según Bernardo de Estrada y Nava, traen: En campo de azur, un castillo de plata, aclarado de gules.

Otros: En campo de oro, un castillo de azur.

Los de Córdoba usan: Escudo partido: 1°, en campo de oro, tres varas de gules, y 2º, en campo de gules, un castillo formal de oro.

Los Carrillo de Orihuela y Valencia usan: En campo de gules, un castillo de plata, aclarado de sable, y un lebrel de plata atado a su puerta

Los de la Merindad de Trasmiera traen: En campo de sinople, un castillo de plata, aclarado de sable y dos lebreles blancos con manchas negras atados con cadenas a la aldaba de la puerta. En el jefe, una flor de lis de oro.

Los Carrillo del solar de Tordomar y sus casas y líneas en Villaescusa, Burgos, Navarra y La Rioja tienen: En campo de azur, un castillo de oro. Bordura de sable, con ocho sotueres de oro.
Estas armas constan en Corera (La Rioja) y Viana (Navarra).

Otros, en Castilla y Aragón: En campo de azur, un castillo de oro. Bordura de plata, con seis calderas de sable y ocho armiños del mismo color, alternando.

Los de Galizano (Cantabria) y su rama en Zamora traen: En campo de azur, un castillo de oro, adornado de gules. Bordura de sable con ocho sotueres de oro.

Otros, en Aragón, ostentan: De azur, con el castillo de oro aclarado de gules y en su torre del homenaje un brazo armado, de plata, con espada desnuda del mismo metal.

Otros de Aragón traen: En campo de gules, un castillo de oro. Bordura de plata con cinco escudetes de azur cargados de cinco roeles de plata dispuestos en sotuer.

Los Carrillo, de Arcos de la Frontera, según certificación de armas de Antonio Zazo y Ortega, el 8 de Enero de 1807, usan: Escudo partido: 1º, en oro, tres fajas de azur, y 2º, en gules, un castillo de oro. Bordura general jaquelada de azur y plata.

Otros Carrillo, según Agustín de Loaysa, traen: En campo de oro, tres fajas de gules. Bordura escacada de oro y azur de dos escaques en ancho.

Otros: En campo de oro, tres torres, de su color, puestas en faja, y saliendo de la de en medio, un busto de guerrero, de oro.


