Criado
El apellido Criado es un ilustre y antiguo linaje de origen antroponímico y social de notable antigüedad en el ámbito hispánico. Al igual que otros apellidos que nacieron de la estructura feudal e institucional de la Alta Edad Media, se trata de un apellido de naturaleza polifilética (con varios troncos independientes), cuyas casas solariegas más documentadas y de mayor relieve nobiliario surgieron en el Reino de Castilla y el Reino de León.
En las crónicas medievales, un criado era aquel hidalgo, infanzón o caballero que había sido "criado" (educado, alimentado y formado en las armas y las letras) en la casa de un rey, de un gran señor feudal o de un magnate de la Iglesia. Este término designaba una relación de máxima confianza, vasallaje de honor y parentesco espiritual. Ser "criado" de una gran casa solariega era un timbre de orgullo y distinción que denotaba que el individuo formaba parte del séquito militar o administrativo de confianza del señor. Con el tiempo, este apelativo de distinción se fosilizó como apellido hereditario.
Las crónicas de armas y las salas de hidalgos sitúan los focos más antiguos y preclaros de este apellido en la Meseta Norte.
Las casas solariegas e infanzonadas consideradas como las más antiguas por los genealogistas clásicos radicaron en la provincia de Palencia (en la comarca de la Tierra de Campos) y en las Montañas de Burgos. Desde estas tierras, caballeros de la casa Criado se integraron en las huestes reales para participar en las grandes campañas de la Reconquista.
Al avanzar las fronteras hacia el sur peninsular, miembros del linaje Criado fueron heredados por los monarcas castellanos con extensas propiedades de tierras en Andalucía. Fundaron nuevas casonas de notable opulencia en las provincias de Jaén (Andújar, Úbeda, Baeza) y Córdoba, donde se integraron plenamente en el patriciado urbano y ejercieron cargos de regidores, alcaides y veinticuatros por el estado noble.
Decenas de individuos de las diferentes ramas de este apellido acudieron ante las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada para pleitear y refrendar sus ejecutorias de nobleza de sangre. Estas probanzas eran indispensables para salvaguardar sus privilegios estamentales y para ingresar en las prestigiosas Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Carlos III.
Armas

Los de la Montaña de Santander y los de la ciudad de Andújar, según Francisco Zazo y Rosillo y Jorge de Montemayor, traen: En campo de azur, dos bandas de oro, y bordura de gules, con ocho sotueres de oro.
Estas armas traen los radicados en Irún (Guipúzcoa) y Madrid, según Vicente de Cadenas.

Los de La Rioja usan: Escudo cortado: la partición alta, en campo de azur, una corona real de oro, y la partición baja, en campo de plata, una banda de gules; medio partido del mismo metal, con otra banda de gules.

Otros ostentan: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de azur, una cruz floreteada de plata, y 2º y 3º, en campo de gules, un castillo de oro.

Otros: En azur, un león, rampante, de oro, atravesado por tres dardos, de plata.

Los de Andújar, según Juan de Mendoza traen: En campo de oro, dos bandas de azur. Bordura de gules con ocho aspas de oro.

Los de Baeza, según Francisco Zazo y Rosillo, traen: En plata, una bandera de azur.

Los radicados en Sevilla, según Vicente de Cadenas, usan: En campo de oro, tres luneles, de azur, puestos en jefe y en faja.

Los radicados en Aldeadávila, según Vicente de Cadenas, traen: En campo de oro, una faja, de gules, cargada de un águila, de plata.


