Iñiguez-Abarca, Iñiguez de Abarca
La unión de los apellidos Íñiguez y Abarca representa la confluencia de dos linajes de una inmensa antigüedad, nobleza e hidalguía, cuyos troncos originarios se hunden en las raíces medievales del Reino de Navarra y el Reino de Aragón.
Cuando ambos apellidos aparecen unidos —ya sea históricamente de forma compuesta o por alianza matrimonial de dos casas solariegas—, se fusionan dos de las tradiciones heráldicas y caballerescas más respetadas del norte de la península ibérica.
A partir de los siglos XV y XVI, con la consolidación de la hidalguía y el sistema de mayorazgos, las ramas de los Íñiguez radicadas en el sur de Navarra y las zonas fronterizas de Aragón y La Rioja contrajeron matrimonios estratégicos con las poderosas familias del tronco Abarca (muy extendidas por Huesca, Zaragoza y las comarcas de las Cinco Villas).
Los miembros de estas ramas unificadas ejercieron como jurados de las ciudades reales, capitanes de las milicias forales y caballeros de las Órdenes Militares, teniendo que justificar su limpieza de sangre y nobleza ante la Real Audiencia de Aragón y la Real Audiencia de Pamplona.
Armas
En campo de oro, dos abarcas de su color, de cuero, y puestas en situación de faja, que son armas del linaje Abarca.
Otros: En campo de gules con las dos abarcas de oro.
En el expediente de limpieza de sangre para ingresar en el Monasterio de Sigena (Huesca) de Josefa Antonia de Eraso y Eraso Iñiguez de Abarca, bautizada el 9 de agosto de 1732, año 1742, constan: En campo de plata, dos abarcas de oro, puestas en faja, con sus abarqueras de oro.


