Melero, Meleiro
El apellido Melero es un linaje noble de origen profesional y antroponímico castellano, con una notable antigüedad e hidalguía documentada en las crónicas peninsulares desde la Baja Edad Media. Su historia y su nombre están profundamente ligados al desarrollo de la apicultura y el comercio de la miel, una de las actividades económicas y alimentarias más valoradas en la Europa medieval.
El apellido procede directamente del término castellano melero, derivado a su vez del latín mellarius (a través de mel, mellis, que significa miel). En los siglos XI, XII y XIII, el melero era la persona encargada de cuidar las colmenas, recolectar la miel y la cera, o comerciar con estos productos en los mercados medievales. Al igual que ocurrió con otros apellidos de oficio (como Herrero, Sastre o Moliner), diversas familias que ejercían el control de la producción apícola, o que ostentaban el monopolio del comercio de la miel en villas y señoríos, adoptaron el oficio como nombre familiar. Con el paso de las generaciones, este apodo profesional fosilizó y se transformó en un apellido hereditario e inmutable. Al surgir de forma independiente en varias regiones de Castilla y Aragón, no todos los Melero comparten un mismo árbol genealógico.
Las crónicas nobiliarias eclesiásticas ubican las casas solariegas más antiguas e influyentes en las provincias de Burgos, Soria y Segovia. Desde estos núcleos del norte y centro peninsular, caballeros de este linaje participaron activamente en las campañas militares de la Reconquista.
Ramas de este tronco se asentaron tempranamente en el Reino de Aragón, fundando casas de notable arraigo e infanzonía en las provincias de Zaragoza y Teruel. Asimismo, con el avance de las repoblaciones castellanas hacia el sur, el apellido consolidó importantes solares hidalgos en La Mancha (Ciudad Real y Toledo) y en Andalucía (Jaén, Córdoba y Sevilla).
Miembros de las distintas casas de este apellido probaron con éxito su condición de hidalgos de sangre ante los tribunales de la Real Chancillería de Valladolid y la Real Chancillería de Granada, lo que les otorgaba el derecho legítimo a portar armas y la exención total del pago de los tributos reservados al estado llano (pecheros).
Armas

En campo de azur, una mano de carnación moviente del flanco siniestro, en cuya palma tiene una colmena o panal de miel y varias abejas de sable volando alrededor.

Los de Aragón: De azur con mano natural con un panal de miel de oro en la palma.

Otros de Alqúezar: De azur con una faja de plata y sobre ella tres colmenas de oro con abejas que entran y salen en vuelo, en la punta del escudo es de sinople con flores de plata que liban unas abejas de oro; todo orlado en oro con cuatro crucetas en gules y cuatro veneras en azur, alternando.

Otros: En campo de gules, un copón de oro. Bordura de sinople, con cuatro torres de oro, puestas en los cantones.


