Pacheco
El linaje Pacheco constituye una de las casas troncales de mayor gravitación política, militar, diplomática y nobiliaria en la península ibérica, habiendo desempeñado un papel central en la gobernación de los reinos de Portugal y de la Corona de Castilla a lo largo de la época medieval y la época de la Monarquía, con una profunda proyección en el Nuevo Mundo.
Durante el Renacimiento, cronistas como Gonzalo Argote de Molina y fray Francisco de Rades y Andrada intentaron vincular el linaje a la gens romana de los Vibii Pacieci, patricios activos en la Hispania Ulterior durante las guerras civiles de la República romana. No obstante, en la crítica histórica moderna, el apellido emerge documentalmente consolidado como patronímico y sobrenombre nobiliario en el occidente peninsular entre los siglos XI y XII.
Las primeras menciones feudales sitúan la casa solariega primitiva en la Beira Alta (Reino de Portugal), vinculada a Lucio Carricio y sus sucesores, señores de la torre y fortaleza de Ferreira de Aves.
La consolidación de la estirpe en Portugal se afianzó con figuras como Diego López Pacheco (fallecido hacia 1393), ricohombre y consejero de Alfonso IV y Pedro I de Portugal.
Tras apoyar la causa dinástica contraria al maestre de Avis, Diego López Pacheco y varios de sus deudos se exiliaron a la Corona de Castilla, poniéndose al servicio del rey Enrique II y su sucesor Juan I de Castilla. La corona castellana les otorgó extensos heredamientos y señoríos en tierras de Toledo, La Mancha y Cuenca para recompensar su lealtad militar.
En el siglo XV, la figura de Juan Pacheco (1419–1474) transformó la casa en el linaje más poderoso de Castilla. Valido absoluto de Enrique IV, maestre de la insigne Orden de Santiago y adelantado mayor de Castilla, fue creado primer Marqués de Villena (1445) y Duque de Escalona (1472), dominando una inmensa franja territorial que abarcaba desde Toledo hasta Murcia y Valencia.
Su hermano menor, Pedro Girón (1423–1466), maestre de la Orden de Calatrava, obtuvo el señorío de Osuna, Ureña y Morón de la Frontera, fundando la poderosa casa ducal de Osuna y entrelazando permanentemente los destinos de ambas ramas.
Otras ramas y títulos de la Casa: Del tronco común de los Pacheco surgieron numerosas casas tituladas con protagonismo militar y cortesano:
Ducado de Escalona y Marquesado de Villena: Concedidos con Grandeza de España de primera clase.
Marquesado de Cerralbo: Rama salmantina de gran peso en la corte y la diplomacia virreinal.
Condado de Medellín y Condado de Montalbán: Influyentes señoríos en Extremadura y Toledo.
Condado de la Puebla de Montalbán y Marquesado de Moya: Vinculados a destacadas alianzas con los Cabrera y Mendoza.
Difusión en América y Trascendencia Indiana A partir de las primeras décadas del siglo XVI, miembros de las distintas ramas de este linaje pasaron a los virreinatos de ultramar.
En el Virreinato de la Nueva España (México): Miembros de la familia desempeñaron cargos de corregidores, oidores y alcaldes mayores. Destaca en el siglo XVIII don Juan Manuel de Silva Manrique de Lara y Pacheco, y en el siglo XIX el mariscal Francisco Pacheco, vinculados a la administración provincial y la milicia virreinal.
En el Virreinato del Perú: Caballeros Pacheco formaron parte de las huestes iniciales de conquista y pacificación del territorio andino, obteniendo encomiendas y regidurías en Lima, Cuzco, Arequipa y La Plata (Charcas).
En el Nuevo Reino de Granada (Colombia y Venezuela): Se establecieron solares en Santafé de Bogotá, Tunja y Mérida, donde ejercieron funciones concejiles, notariales y militares.
Los segundones y miembros de las ramas colaterales radicadas en villas de Castilla, Extremadura, La Mancha y Andalucía litigaron y refrendaron su calidad de hijosdalgo de sangre ante la Real Chancillería de Valladolid y la Real Chancillería de Granada, obteniendo sus correspondientes ejecutorias de nobleza.
Consta una prolífica nómina de caballeros del apellido que vistieron los hábitos de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara, San Juan de Jerusalén (Orden de Malta), así como la Real y Distinguida Orden de Carlos III, acreditando la limpieza de sangre y la nobleza notoria de sus ascendientes.
Armas
Las primitivas del linaje en Portugal: En campo de oro, dos calderas de sable, puestas en palo, cargada cada una de tres fajas endentadas, o gironadas, de oro y gules y gringoladas de sinople, o sea, con cuatro cabezas de serpiente en el asa, dos a cada lado.
En España pintaron el campo de ese escudo, de plata, con las dos calderas endentadas, o gironadas, de oro y gules en dos órdenes y gringoladas de sinople, poniendo ocho cabezas de serpiente en el asa, cuatro a cada lado.
Los Marqueses de Cerralvo: En campo de plata, dos calderas jaqueladas de oro y sable y gringoladas de sinople. Bordura jaquelada de oro y sable.
Luego acrecentaron esas armas en esta forma: Escudo partido: 1º, el escudo anterior, y 2º, en campo de oro, dos lobos de gules, uno sobre otro, por su condado de Villalobos.
Los de Murcia y Málaga añadieron al mismo blasón una bordura jaquelada de oro y gules en dos órdenes.
Los de la Casa del lugar de Villasevil, en el valle de Toranzo (Cantabria), y su línea de Extremadura, usaron: En campo de plata, dos calderas jaqueladas de oro y sable, puestas en palo.
Otros de Villasevil traen: En campo de plata, dos calderas de oro, las asas con ocho cabezas de sierpes de sinople, linguadas de gules, cada una y enlazadas de tal modo que las cuatro cabezas a la parte de dentro y las otras cuatro a la puerta de fuera.
En el Arco del Castillo, de Arcos de la Frontera (Cádiz), consta una piedra armera: En campo de plata, dos calderas de oro, gringoladas de gules.
Otros: En campo de plata, dos calderas, de oro, jironadas, de gules, con dos cabezas de sierpe, de sinople, a cada lado. Bordura de plata, con ocho escudetes.
Los de Andalucía, según Julio de Atienza, usan: En campo de plata, dos calderas jaqueladas, de oro y sable, gringoladas de siete cuellos y cabezas de sierpe, en cada asa linguadas de gules, tres a la diestra, afrontadas con tres a la siniestra. Bordura jaquelada de oro y sable, en dos órdenes.
Los de Murcia, según Julio de Atienza, traen: En campo de plata, dos calderas jaqueladas, de oro y gules, en dos órdenes.
Los de Galicia, según Vicente de Cadenas, ostentan: En campo de plata, dos calderas en palo, de sable.
Otros: En campo de plata, dos calderas, de oro, jironadas de gules, con dos cabezas de sierpe, de sinople, a cada lado.
Otros: En campo de plata, dos calderas ajedrezadas de oro y sable. Bordura ajedrezada de dos órdenes de oro y sable.
Los radicados en Castellón, según Vicente de Cadenas, usan: En campo de plata, tres ondas, de azur, acompañada en jefe y en punta de una caldera, de oro, jironada de gules.
Los de Valencia, según Vicente de Cadenas, usan: En campo de azur, dos estrellas, de plata, en palo, acostadas de seis bezantes, de oro, puestos a sus flancos.
Los radicados en Salvatierra (Tuy-Pontevedra) y extendidos a La Coruña, según Vicente de Cadenas, usan: En campo de oro, un castaño, arrancado, de sinople, frutado de plata.
Los de Cataluña, según Vicente de Cadenas, traen: En campo de azur, una cruz de gules, fileteada, de oro.


