Taranco
El apellido Taranco es un linaje noble de una antigüedad inmemorial, hidalguía y relevancia patrimonial excepcionales dentro de la onomástica del norte de España. Se trata de un toponímico puro cuya cuna histórica y solar de origen se localizan en el límite geográfico entre el norte de la provincia de Burgos (Castilla y León) y el Señorío de Vizcaya (País Vasco), un área de vital trascendencia para el nacimiento de la Corona de Castilla.
Procede directamente del pueblo de Taranco, una pequeña localidad histórica situada en el Valle de Mena (provincia de Burgos), lindando directamente con las Encartaciones de Vizcaya. Este rincón es considerado uno de los "berces" o cunas de Castilla, pues allí se encuentra el monasterio de Taranco, donde se firmó en el año 800 el documento fundacional en el que aparece por primera vez escrito el nombre de Castella.
Los caballeros e infanzones que ostentaron el dominio señorial y la vecindad de la casa solar de Taranco en el Valle de Mena adoptaron el nombre de su heredad como apellido hereditario de varonía a partir de los siglos XII y XIII.
Los portadores de este apellido aparecen inscritos de forma continuada en los padrones de hijosdalgo del Valle de Mena y de las Encartaciones de Vizcaya, gozando de hidalguía universal y exención absoluta de pechos comunes. Probaron su nobleza en repetidas ocasiones ante la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y para el ingreso en las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Carlos III.
El relieve político del linaje alcanzó su cota más alta cuando el rey Fernando VI concedió el título de Conde de Taranco (1753) a don Benito de Taranco y Rivera, destacado militar y gobernador que vio reconocida la solera y servicios de su casa con esta dignidad nobiliaria.
El apellido ha dado figuras de gran relieve eclesial, como el célebre cardenal Vicente Enrique y Taranco (1907-1994), arzobispo de Madrid-Alcalá y figura clave en la historia contemporánea de España durante la Transición, cuyo apellido paterno entroncaba directamente con estas ramas de la hidalguía norteña.
Armas
Los Taranco de la casa de Castro Urdiales traían: Escudo cortado: 1º, en campo de azur, un castillo de oro surmontado de tres estrellas del mismo metal, puestas en situación de faja, y 2º, en campo de sinople, un toro de sable.
Otros de Taranco de la casa de Castro Urdiales traían: Escudo cortado: 1º, en campo de azur, un castillo de oro surmontado de tres estrellas del mismo metal, puestas en situación de faja, y 2º, en campo de sinople, un toro de pardo.
Los de Villar, del concejo de Onís (Asturias), traen: Escudo cortado: 1º, en campo de azur, un castillo, de oro, superado de tres estrellas del mismo metal, y 2º, en campo de sinople, un buey al natural, perfilado de oro.
En Santullán, del municipio de Castro Urdiales, constan en una piedra armera: Un castillo y en jefe dos estrellas y una flor de lis.
En la iglesia parroquial de Santa María de Llovera, del lugar de Otañes, constan en una piedra armera: Una torre surmontada de una estrella de cinco rayos y acompañada de otras dos, una a cada lado, de seis rayos.
En la casa de la familia Botín, del lugar de Puente de San Miguel, del valle de Reocín (Cantabria), constan en una piedra armera: Un castillo con dos animales empinantes a los lados. Bordura cargada de sotueres.
Otros: En campo de gules, tres bezantes, de oro, puestos dos y uno.
Los del País Vasco usan: Escudo cortado: 1º, en campo de azur, un castillo de plata, aclarado de sable, terrasado de sinople y surmontado de tres estrellas de oro, puestas en situación de faja, y 2º, en campo de oro, un lobo de sable, andante, sobre una terrasa de sinople. Bordura general de plata, con ocho armiños de sable.


