Terreros
El apellido Terreros, en su vertiente vizcaína, constituye una de las variantes toponímicas de mayor arraigo y prestigio dentro de la antroponimia hidárquica de las Encartaciones (Enkarterri), en el Señorío de Vizcaya. En el marco metodológico de tu catálogo, clasifica formalmente como un toponímico mayor de origen edáfico y residencial, fijado de forma inmemorial en el norte peninsular durante los siglos altomedievales y consolidado a través de una casa solariega de notorios hijosdalgo de sangre dotados de preeminencia foral.
Los registros genealógicos e inventarios de mayorazgos sitúan el solar de la casa troncal de los Terreros en el valle y concejo de Zalla (Encartaciones). Allí, sus miembros erigieron caseríos armeros y fortificaciones rurales que constituían el centro jurisdiccional de sus heredades.
Desde Zalla, el linaje extendió sus ramas hacia la vecina e ilustre villa de Balmaseda, integrándose plenamente en las instituciones de su concejo. Asimismo, debido a la proximidad geográfica, estrecharon vínculos con los linajes hijosdalgo del norte de Burgos (Valle de Mena), actuando como vectores de nobleza a ambos lados de la frontera señorial.
Al amparo de los fueros del Señorío, que otorgaban la condición de nobleza a los naturales del territorio, los Terreros acudieron de forma regular ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid para incoar pleitos de vizcainía. Estas probanzas eran obligatorias cuando un miembro del linaje deseaba asentarse fuera de Vizcaya (en tierras de Castilla o Andalucía) para certificar que, por su sangre encartada, era hijosdalgo notorio de sangre y fuero, quedando exento de pechos comunes y habilitado para portar armas.
Como miembros de la nobleza encartada, los Terreros participaron activamente en las asambleas de la Junta de Avellaneda, el órgano de gobierno foral de las Encartaciones, donde desempeñaron oficios de regidores y procuradores en representación de sus valles.
Armas
Los de Trucíos, según Juan Carlos de Guerra, traen: En campo de plata, cinco panelas de gules, acompañadas en jefe de una cruz tau.
Las de la casa de Terreros en el valle de Trucíos, de las Encartaciones de Vizcaya, que estaban esculpidas en piedra sobre la puerta de entrada a dicha casa, las describen en los siguientes términos: "Se componen dichas armas de un sauce y un lebrel atado a él, y una cadena por orla interior de dicho escudo". Se omiten los esmaltes.
Otros Terreros, en el valle de Carranza, y que se extendieron por las Encartaciones de Vizcaya, usaron: En campo de plata, un león rampante de gules.
Los de Aragón usan: En campo de gules, un lienzo de muralla, entre dos torres de plata, y en punta un lebrel de plata, acollarado de sinople.
Otros de Aragón traen: Escudo partido: 1º, en campo de sinople, cinco panelas de oro, puestas en aspa, y 2º, en campo de plata, un sauce de sinople y a su pie dos lobos andantes de sable.
Otros: En campo de gules, dos torres unidas por una muralla todo de plata, y en lo bajo un galgo de plata, acollarado de sinople.
En el lugar de Rozas, del valle de Soba (Cantabria), constan en una piedra armera: Escudo partido: 1º en campo de plata, un árbol arrancado al natural y dos lobos de sable, puestos en palo, y 2º, en campo de sinople, cinco panelas de oro. Bordura de gules con ocho sotueres de oro.


