Toledo, Alvarez de Toledo

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El linaje Toledo (registrado en las fuentes históricas, protocolos notariales y armoriales bajo las variantes tradicionales d'Toledo, de Toledo, o en sus formas latinizadas medievales de Toleto y Toletanus) constituye una de las más ilustres, encumbradas y universales estirpes de origen toponímico e inmemorial nobleza de sangre en la Corona de Castilla, que llegó a encabezar una de las casas aristocráticas más poderosas e influyentes de la Monarquía Hispánica y de Europa: la Casa Ducal de Alba de Tormes, proyectando desde la ciudad imperial de Toledo y la villa de Alba de Tormes magnates de pendón y caldera, virreyes, capitanes generales, títulos con Grandeza de España inmemorial y ramas de alta hidalguía hacia Castilla, Extremadura, Andalucía, las cortes europeas y los virreinatos del Nuevo Mundo a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna.

El origen de este linaje es rigurosamente toponímico, territorial y militar, tomando su nombre directamente de la monumental y emblemática ciudad de Toledo (Castilla-La Mancha), milenaria urbe imperial erigida sobre el meandro del río Tajo; aunque con el paso de los siglos personas de muy diversa condición adoptaron el gentilicio o toponímico al migrar de la urbe, la esclarecida casa noble que dio renombre universal y perpetuo al apellido fue fundada en el siglo XI por el célebre magnate y alguacil mayor Esteban Illán (fallecido en 1208), descendiente directo de los linajes mozárabes de la nobleza toledana que conservaron su fe, linaje y fueros durante la dominación sarracena hasta la reconquista de la ciudad en 1085 por el rey Alfonso VI de León y Castilla; a lo largo de la Baja Edad Media, los caballeros de la casa de Toledo destacaron de forma descollante en el servicio a los monarcas castellanos en las campañas de la Reconquista, acumulando señoríos estratégicos, alcaidías de castillos y ricas heredades alodiales:

La línea principal del linaje quedó indisolublemente vinculada al Ducado de Alba de Tormes: en el siglo XIV, el rey Juan II concedió el señorío de la villa de Alba de Tormes (Salamanca) a la familia Toledo en la persona de don Gutierre Álvarez de Toledo (arzobispo de Toledo) y su sobrino don Fernando Álvarez de Toledo, siendo elevada la merced a Condado de Alba de Tormes en 1438 y, posteriormente, en 1472, el rey Enrique IV de Castilla convirtió el estado señorial en Ducado de Alba de Tormes, otorgándole la condición de título de la primera nobleza del reino.

En el siglo XVI brilló con esplendor universal Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1507–1582), III duque de Alba de Tormes, célebre en los anales mundiales como el «Gran Duque de Alba», generalísimo de los ejércitos del emperador Carlos V y del rey Felipe II, gobernador general de los Países Bajos, virrey de Nápoles y conquistador y condestable del Reino de Portugal, considerado una de las cumbres del arte militar y de la diplomacia imperial hispánica.

La Casa de Toledo acumuló numerosos títulos con Grandeza de España, tales como el Marquesado de Villafranca del Bierzo, el Condado de Oropesa, el Ducado de Fernandina, el Condado de Peña-Ramiro y gobernaciones señoriales; asimismo, miembros de este linaje rigieron los destinos de las más altas posesiones de la Monarquía Hispánica, ostentando los virreinatos de Nápoles, de Sicilia, de la Nueva España y del Perú.

Además del tronco ducal, el apellido se extendió con profunda fuerza demográfica e institucional por Andalucía y Extremadura a través de caballeros repobladores, comendadores de órdenes militares y ramas secundarias; paralelamente, numerosas familias judías toledanas mantuvieron el apellido Toledo tras el Edicto de Granada de 1492, dispersándolo por el Mediterráneo oriental, el Norte de África, Italia y los Países Bajos; en el continente americano, el apellido contó con una trascendencia institucional insuperable desde el siglo XVI, personificada en don Francisco de Toledo (1515–1582), conde de Oropesa y virrey del Perú, artífice de la estructuración jurídica, administrativa y económica del virreinato andino.

Etimológicamente procede del topónimo latino clásico Tolētum, atestiguado en las fuentes hispanorromanas desde Tito Livio (Toletum parva urbs erat, sed loco munita); su raíz prerromana remonta con probabilidad a una base indoeuropea o paleohispánica (T-L / toll- / tol-), vinculada a «altozano», «colina», «elevación rocosa» o «lugar fortificado sobre peñas», aludiendo a la posición escarpada y naturalmente defendida del cerro granítico abrazado por el río Tajo; en la práctica escribanil, notarial y nobiliaria de los siglos XII al XVIII, la fórmula original de Toledo alternó con la forma regular Toledo, consolidándose como cognomento patronímico y señorial hereditario inalterable de linaje, solar y armas conocido.

Históricamente se distribuyó por la provincia de Toledo (Toledo capital, Talavera de la Reina, Torrijos y Oropesa), la provincia de Salamanca (Alba de Tormes y Salamanca capital), la provincia de León (Villafranca del Bierzo y comarca berciana), Castilla la Vieja (Valladolid, Palencia y Burgos), Extremadura (Cáceres, Plasencia, Trujillo y Badajoz), Andalucía (con dilatado asiento en Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada, Jerez de la Frontera y Cádiz), la villa y corte de Madrid, los reinos de Nápoles y Sicilia, y la totalidad de los virreinatos del continente americano (Virreinato del Perú, Virreinato de Nueva España, Nueva Granada y el Río de la Plata); en las principales cancillerías y cabildos, los Toledo ocuparon la cúspide de la Grandeza de España, de los consejos de la Corona y de las magistraturas concejiles; en la actualidad es un apellido de dilatada solera histórica, preclara nobleza y universal frecuencia demográfica en todo el mundo hispánico y en la diáspora sefardí.

A lo largo de la Baja Edad Media, la Edad Moderna y la Contemporánea, los miembros de la casa de Toledo mantuvieron una continuada y calificada ejecutoria en el servicio de las armas, la alta diplomacia y el gobierno de la Monarquía:

Los duques de Alba y marqueses de Villafranca del Bierzo encabezaron los ejércitos imperiales en las campañas de Pavía, Mühlberg, San Quintín, las guerras de Flandes y la incorporación de Portugal, ostentando la dignidad de capitanes generales de la mar y de la tierra.

Cientos de caballeros de las ramas de este apellido justificaron su legitimidad de cuna, nobleza de sangre inmemorial y limpieza de cuatro costados para ingresar como caballeros profesos en las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, así como en el Toisón de Oro, la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III y las Reales Maestranzas de Caballería.

Para salvaguardar su fuero de nobleza frente a las pretensiones de los recaudadores de tributos del común, ramas segundas e hidalgos del apellido litigaron y ganaron solemnes pleitos ante las Salas de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid y de la Real Chancillería de Granada, obteniendo Reales Provisiones Ejecutorias que blindaron su total exención de pechos ordinarios, alcabalas, monedas foreras y pedidos pecheros.

En América, el virrey don Francisco de Toledo sentó las bases de la administración virreinal del Perú mediante sus célebres Ordenanzas, fundando colegios, organizando la Real Audiencia y promoviendo la explotación de las minas de Potosí y Huancavelica; asimismo, otros miembros del linaje ejercieron como capitanes generales, oidores y arzobispos virreinales.

Probaron rigurosamente su nobleza y cristiandad vieja ante las autoridades eclesiásticas para ejercer oficios de familiares y comisarios del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, y para acceder a canonjías, abadías y sedes primadas, destacando arzobispos de Toledo, Sevilla y Santiago de Compostela.

El linaje cuenta con una formidable y monumental constancia documental en el Archivo Histórico de la Nobleza (Toledo), en el fastuoso archivo de la Casa de Alba (Palacio de Liria, Madrid), y en los fondos de Frías y Osuna; en el Archivo General de Simancas (series de Estado, Guerra Antigua, Patronato Real y Cámara de Castilla); en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y de Granada; en el Archivo General de Indias (Sevilla), en las series de Audiencia de Lima, México y Charcas; en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), en las secciones de Órdenes Militares, Estado e Inquisición; en el Archivo Municipal de Toledo; y en los libros sacramentales de las parroquias y catedrales de todo el ámbito hispánico desde el siglo XVI.

Entre sus personajes más destacados figuraron el conde mozárabe Esteban Illán; don Gutierre Álvarez de Toledo, primer señor de Alba de Tormes y arzobispo de Toledo; don García Álvarez de Toledo, primer duque de Alba de Tormes; don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque de Alba; don Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez de Guzmán; don Pedro de Toledo y Zúñiga, célebre virrey de Nápoles; don Francisco de Toledo, conde de Oropesa y virrey del Perú; doña Leonor de Toledo, gran duquesa consorte de Toscana; prelados, cardenales y almirantes generales; y ministros de estado que gobernaron los destinos de la Monarquía en sus periodos de mayor poderío universal.

En su estatus nobiliario, la casa gozó de la consideración jurídica de Grandes de España inmemoriales, ricoshombres de Castilla, títulos del reino, señores de horca y cuchillo e hijosdalgos notorios de casa y solar conocido en la Corona de Castilla, amparada en las Leyes de Partida, las Leyes de Toro y las ordenanzas forales de nobleza. Sus miembros ostentaron total exención tributaria frente a tributos pecheros y cargas serviles, disfrutando de fuero privativo civil y militar, del derecho al uso de armas y espada noble, y del acceso reservado a las más altas dignidades de la Corona; las Reales Cartas de Sucesión, privilegios rodados y ejecutorias ratificaron secularmente su preclara nobleza y el legítimo uso de sus insignias heráldicas.

Sus casas solares, casales y caserones armeros principales radicaron originariamente en las casonas nobles y palacios mudéjares de la ciudad imperial de Toledo; en el castillo y palacio ducal de Alba de Tormes (Salamanca); en el castillo de Oropesa (Toledo); en el castillo-palacio de Villafranca del Bierzo (León); en los palacios ducales de la villa y corte de Madrid (Palacio de Buenavista y Palacio de Liria); en las casonas de mayorazgo de Sevilla, Córdoba, Granada, Trujillo y Cáceres; y en los palacios virreinales de Lima, Nápoles y la Ciudad de México.

Su difusión territorial se produjo de manera orgánica a través de las rutas de reconquista y repoblación que unieron la meseta toledana con las cuencas del Duero, Guadiana y Guadalquivir, proyectándose paralelamente por las vías atlánticas y mediterráneas hacia las cancillerías imperiales de Europa e Indias, sellando alianzas matrimoniales con las más ilustres dinastías de la nobleza europea (como los Enríquez, Pimentel, Mendoza, Guzmán, Borja y los Médici) antes de su plena continuidad histórica en la nobleza contemporánea.


Armas

Escudo de armas

Las más antiguas y puras del linaje de Toledo y también las más usadas por sus diversas ramas, son éstas: Escudo jaquelado de quince piezas de azur y plata, ocho de azur y siete de plata.

Cimera: Un ángel con la túnica jaquelada de azur y plata, con alas de plata, y en su mano derecha, una espada de plata con empuñadura de oro, y en la izquierda, un mundo de azur superado de una cruz de oro. Lema: "Tu in ea et ego pro ea".

Escudo de armas

Con frecuencia aparecen invertidos los esmaltes de los quince jaqueles, poniendo ocho de plata y siete de azur.

Escudo de armas

Las mismas armas fueron también acrecentadas con una bordura jaquelada con las armas de Castilla y León; o sea: Un jaquel de gules con un castillo de oro, armas de Castilla, alternando con otro jaquel de plata con un león rampante de gules, armas de León.

Escudo de armas

Fernán Pérez de Toledo, usó por armas un castillo al natural en campo de gules.

Escudo de armas

Los de Toledo, según Francisco Fernández de Béthencourt, usan: En campo de gules, un castillo de plata.

Escudo de armas

Los de este apellido descendientes de la casa de la villa de Amézqueta, en Guipúzcoa, traían: Escudo partido: 1º, en campo de oro, una imagen de Nuestra Señora, teniendo al Niño Jesús en los brazos, y arrodillada a sus pies una persona, con un rosario en la mano, y 2º, en campo de sinople, un castillo de oro, surmontado de una estrella y acostado de dos flores de lis, todo de oro.

Escudo de armas

Los de Amezqueta, Guipúzcoa y Vizcaya, según Juan Carlos de Guerra, usan: En campo de sinople, un castillo de plata.

Escudo de armas

Otros: En campo de sinople, un castillo de oro.

Escudo de armas

Otros: En campo de gules, una torre, de oro y asomado a su puerta un guerrero, de plata, con una lanza en su diestra.

Escudo de armas

Los Álvarez de Toledo, de Asturias, usan: En campo de oro, un castillo de plata.

Escudo de armas

Los Alvarez de Toledo, radicados en Asturias, según Vicente de Cadenas, usan: En campo de oro, un castillo, al natural, aclarado de sable.