Torrubiano
El apellido Torrubiano constituye una pieza onomástica de enorme interés por su morfología. A diferencia de las formas toponímicas directas (Torrubia), nos encontramos ante un gentilicio fosilizado como apellido. Este fenómeno nos indica con absoluta precisión el mecanismo social y geográfico que dio origen al linaje durante los siglos de la repoblación medieval.
El apellido nació por un vector de migración local. Cuando un individuo abandonaba su villa natal (en este caso, alguna de las localidades llamadas Torrubia) y se establecía en una ciudad o comarca vecina, sus nuevos convecinos no le conocían por su linaje familiar anterior, sino por su procedencia. Al asentarse e inscribirse en los padrones concejiles o eclesiásticos, la designación "el torrubiano" se acabó fijando como apellido hereditario para sus descendientes.
Dado que existen varios núcleos con el nombre base, las fuentes históricas y demográficas sitúan los focos originales de este gentilicio en las zonas de expansión de la Meseta y el valle del Ebro:
El Foco Soriano-Aragonés: Uno de los puntos de origen más probables es el entorno de Torrubia de Soria (en la comarca de Campo de Gómara). Los movimientos de población hacia la cuenca del Jalón, Calatayud o las tierras del interior de Zaragoza propiciaron el uso de este gentilicio para los repobladores sorianos en suelo aragonés.
El Foco Manchego (Cuenca y Guadalajara): Las localidades de Torrubia del Campo y Torrubia del Castillo en la provincia de Cuenca, bajo la órbita de las órdenes militares (especialmente la de Santiago), sirvieron también como foco emisor. Los campesinos y soldados que se desplazaban hacia el sur de la submeseta o hacia el reino de Jaén eran identificados con este apellido.
Los portadores del apellido Torrubiano quedaron integrados en las clases de repobladores y pecheros de las grandes villas medievales, aunque algunas ramas locales consiguieron acceder a los estamentos de la pequeña nobleza rural.
En los archivos parroquiales y notariales de los siglos XVI y XVII de la provincia de Cuenca, Guadalajara y zonas de Aragón, constan individuos de este apellido ejerciendo como oficiales de ayuntamiento, labradores acomodados y miembros de las milicias concejiles encargadas de la seguridad de los términos.
Para consolidar su estatus social y acceder a cargos reservados a la nobleza local, algunas ramas del apellido iniciaron expedientes de limpieza de sangre y pleitos de hidalguía, argumentando descender de cristianos viejos procedentes de los solares del norte peninsular.
Armas
En campo de gules, tres flores de lis, de oro, bien ordenadas


