Yegros
El apellido Yegros (registrado históricamente también bajo las formas arcaicas Iegros o Hiegros) es un linaje noble de origen toponímico de gran antigüedad, hidalguía y hondo arraigo en la historia de la Corona de Castilla. Sus raíces medievales se localizan con absoluta precisión en el tercio norte y centro de la península ibérica, desde donde sus caballeros se proyectaron hacia Andalucía y, posteriormente, hacia todo el continente americano, donde ha dejado una huella histórica y social de la máxima trascendencia, especialmente en el Cono Sur.
Proviene directamente del nombre de antiguos parajes medievales, dehesas o heredades denominados Yegros o Los Yegros. Morfológicamente, los especialistas asocian el término a evoluciones dialectales castellanas y leonesas de la palabra yegua (del latín equa), haciendo referencia histórica a parajes destinados a la cría caballar o dehesas de pasto para el ganado equino vinculadas a un solar o dominio señorial. Los caballeros infanzones que ostentaban el dominio jurisdiccional de estas tierras adoptaron el topónimo por apellido regular.
Durante los siglos XVI al XVIII, las líneas de la casa de Yegros probaron en repetidas ocasiones su nobleza, hidalguía y limpieza de sangre ante las salas de los Hijosdalgo de las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, con el fin de salvaguardar intactas sus prerrogativas estamentales exentas y sus fueros fiscales al fundar nuevos mayorazgos familiares fuera de sus solares de origen.
El relieve internacional y el rancio abolengo del apellido alcanzaron su punto álgido en América del Sur. Ramas de la hidalguía de los Yegros pasaron al Virreinato del Río de la Plata durante la época virreinal, integrándose de inmediato en el patriciado criollo y desempeñando los más altos cargos políticos, militares y terratenientes. El exponente más célebre del linaje fue el prócer Fulgencio Yegros, militar, héroe de la independencia y primer cónsul de la República del Paraguay, cuya relevancia histórica ha consolidado el apellido como un símbolo de la identidad nacional de dicho país.
Armas

Escudo cuartelado por una cruz de San Juan, de oro: 1º, en campo de sinople, dos castillos de piedra, y saliendo de cada homenaje, una bandera de plata, con una cruz de gules; 2º, en campo de azur, dos medias lunas de plata, con las puntas a la derecha; 3º, en campo de plata, un león rampante de gules, armado de oro, y 4º, en campo de plata, un roble de sinople, con un oso al natural, atado al tronco. Cimera: medio león de gules, armado de oro. Lema: "Ecce beatificamus eos qui sustinaerunt". Alrededor del escudo, trece banderas de azur, con un menguante de plata cada una.

Francisco Zazo y Rosillo perfila de sinople los cuarteles tercero y cuarto.

Los de Valdeosera, según Miguel de Salazar: Escudo cuartelado por una cruz de San Juan, de oro: 1º, en campo de sinople, dos castillos naturales, y sobre las torres del homenaje dos banderas de plata, cargada cada una de una cruz de gules; 2º, en campo de azur, dos medias lunas de plata, con las puntas a la derecha, y alrededor trece estrellas de oro; 3º, en campo de plata, con perfil de gules, un león rampante de gules, armado y linguado de oro, y 4º, en campo de plata, con perfil de sinople, un roble de sinople, con un oso al natural, atado al tronco. Bordura de oro, con trece banderas de azur. Alrededor del escudo, trece banderas de azur, con un menguante, con las puntas hacia abajo, de plata, cada una. Cimera: medio león de gules, armado y linguado de oro. Lema: "Beatificamus eos qui sustinuerunt".

Otros: En campo de plata, una cadena de sable, puesta en orla.

Los radicados en Chillón (Ciudad Real), según Vicente de Cadenas: En campo de oro, una cruz de azur, y en el cantón diestro, una lis, de lo mismo.


